Cuando abre la puerta, todo se oye aun con mayor claridad.

Alma sale al frio del exterior y cruza el patio, con la nieve recien retirada, hacia el establo, sin mirar la playa.

Alli no hay nadie, pero al abrir la pesada puerta y entrar, las vacas y los caballos se remueven en la penumbra. La tormenta los pone nerviosos.

Sube despacio la escalera hasta el altillo, tambien desierto.

El heno llega casi hasta el techo, pero hay un estrecho pasillo a lo largo de la pared por el que se puede avanzar por el suelo de madera.

Alma se dirige a la pared del fondo y se detiene. Ha estado alli varias veces durante el ultimo ano, pero ahora lee de nuevo los nombres.

A continuacion, coge las tijeras de esquilar, apoya la punta contra la viga de madera y empieza a grabar la fecha del dia: 7 de diciembre de 1916. Y un nombre.

Los gritos de la playa se callan.

Y arriba, en el altillo del establo, Alma deja caer las tijeras. Junta las manos y reza al Senor.

ludden permanece silencioso.

Despues llega la explosion.

Es como si el aire de alrededor de la casa se comprimiera al mismo tiempo que el estruendo se extiende desde la playa hacia el interior de la isla. La onda expansiva llega un segundo despues; rompe varios cristales del establo y le tapona a Alma los oidos. La mujer cierra los ojos y cae de espaldas sobre el heno.

La mina ha explotado antes de tiempo. Ella lo sabe.

Tras unos segundos en suspenso, las vacas comienzan a mugir en el piso de abajo. Luego se oyen voces altas en la pradera de la playa. Se acercan a la casa a toda prisa.

Alma corre escaleras abajo.

Ve que los dos faros siguen en pie, imperturbables. La mina en cambio ha desaparecido, y en su lugar solo queda una agua gris y turbia. No se ve la barca por ninguna parte.

Alma ve a dos mujeres entrar en la casa. Se trata de Ragnhild y Eivor, esposas de los fareros, con la vista aturdida fija en ella.

– ?El farero jefe? -pregunta.

Ragnhild sacude la cabeza con rigidez, y en ese momento Alma ve que tiene el delantal empapado de sangre.

– Mi Albert… estaba delante.

Se le doblan las rodillas. Alma se apresura hacia ella y la sujeta antes de que se desplome.

14

Livia descanso tranquila la noche del domingo. Joakim se desperto al amanecer, despues de tres horas sin suenos. Ultimamente, no podia dormir mas tiempo seguido, y cada dia se despertaba cansado y con dolor de cabeza.

A la manana siguiente, llevo a los ninos a Marnas, como de costumbre, y luego regreso a la casa vacia y silenciosa. Siguio empapelando el dormitorio del lado sur del edificio.

Alrededor de la una, oyo el sonido de un motor acercandose. Miro fuera.

Un inmenso Mercedes rojo se aproximaba a gran velocidad por el camino de grava. Joakim lo reconocio; era uno de los primeros que abandonaron la iglesia de Marnas despues del entierro.

La madre de Katrine venia de visita.

Aunque el coche era imponente, en cierto modo la mujer que lo conducia parecia aun mas grande que el. Hizo un gran esfuerzo para salir del vehiculo, como si estuviera aprisionada entre el volante y el asiento. Pero al fin la vio de pie en el jardin. Vestia vaqueros ajustados, botas puntiagudas y una chaqueta de cuero con muchas hebillas. Una mujer de cincuenta anos con los labios pintados de rojo y los ojos perfilados en negro.

Se arreglo el panuelo asimismo rojo y observo la casa con mirada severa. Luego encendio un cigarrillo.

Mirja Rambe, su suegra de Kalmar. No habia llamado ni una sola vez desde el entierro.

Joakim inspiro, solto lentamente el aire y luego cruzo la casa para ir a abrir la puerta de la cocina.

– Hola, Joakim -saludo ella, y expulso el humo por la comisura de los labios.

– Hola, Mirja.

– Como me alegro de encontrarte en casa. ?Que tal estas?

– Regular.

– Comprendo… Ante una cosa asi, uno se siente como una mierda.

Ese fue todo el consuelo que recibio por su parte. Mirja dejo caer el cigarrillo en la grava y se acerco a la puerta, el se aparto y ella entro, dejando una estela de tabaco y perfume.

Se detuvo en la cocina y echo un vistazo. Joakim sabia que todo habia cambiado mucho desde que la mujer vivio en la casa, hacia mas de treinta anos; pero al no comentar nada de todo el trabajo que habian hecho, no pudo evitar preguntar:

– ?Que te parece? Fue Katrine la que hizo la mayor parte de la reforma durante el verano pasado.

– Bien -respondio ella-. Cuando Torun y yo alquilamos una habitacion en la cabana, aqui en la casa vivian unos hombres solteros. Entonces todo estaba hecho una pena. Con hollin por todas partes.

– ?Eran fareros? -pregunto Joakim.

– En aquel tiempo ya no habia fareros -contesto Mirja laconica-. Los que vivian aqui eran unos vagos.

Se sacudio como si quisiera cambiar de tema, y pregunto:

– ?Donde estan mis nietos?

– Livia y Gabriel estan en el colegio. En Marnas.

– ?Ya?

– Si, van a una guarderia. Livia hace actividades preescolares.

Mirja asintio, aunque no sonrio.

– Nombres nuevos… -comento-, pero el mismo criadero de perros.

– La guarderia no es un criadero -dijo Joakim-. A ellos les gusta ir.

– Si, claro -respondio ella-. En mi epoca, se llamaba parvulario. La misma mierda…, dia tras dia.

De pronto se dio la vuelta.

– Hablando de animales…

Salio al jardin.

Joakim permanecio en la cocina y se pregunto cuanto tiempo pensaria quedarse Mirja en la casa. Esta parecia mucho mas pequena desde que su suegra estaba alli, como si le faltara aire.

Oyo cerrarse la puerta del coche y luego la vio regresar a la cocina, llevando bolsas en ambas manos. Levanto una de ellas, en la que habia una caja gris con asa.

– Me salio gratis, me la regalo un vecino -explico-. Los accesorios tuve que comprarlos yo.

Joakim vio que la caja era una jaula para gatos, y que no estaba vacia.

– Sera una broma -dijo.

Mirja nego con la cabeza y abrio la jaula. Un gato adulto gris con manchas estriadas negras salio y se estiro sobre el suelo de madera. Contemplo a Joakim con desconfianza.

– Este es Rasputin -anadio ella-. Aqui vivira como un monje ruso, ?no es asi?

Abrio una gran bolsa y empezo a sacar un monton de latas de comida, un comedero y una bandeja sanitaria con arena para gatos.

– No podemos tenerlo aqui -dijo Joakim.

– Claro que podeis -replico su suegra-. Os dara vida.

Rasputin se froto contra la pierna de Joakim y luego se fue al recibidor. Cuando Mirja abrio la puerta de la calle, el animal aprovecho para salir de la casa.

– Ahora ira a cazar ratones -anuncio ella.

– No he visto un solo raton por aqui -replico Joakim.

– Eso es porque son mas listos que tu. -Cogio una manzana del cuenco que habia sobre la mesa y prosiguio-:

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