– ?Te ha gustado? -pregunto.
Martin estaba sentado en el borde de la cama y le daba la espalda.
– Si…, ha estado bien -contesto el.
Ese domingo por la manana, Tilda debia haberse dado cuenta de lo que se avecinaba, cuando lo vio ponerse los calzoncillos y los vaqueros nada mas salir de la cama, pero no lo penso.
Martin miraba por la ventana.
– Creo que esto no funciona -dijo al cabo de un rato.
– ?Que no funciona? -pregunto ella, aun desnuda bajo el edredon.
– Esto…, todo. No funciona. -Siguio mirando por la ventana y dijo-: Karin hace muchas preguntas.
– ?Sobre que?
Tilda aun no habia comprendido que la iban a dejar. La tipica historia de usar y tirar.
Martin habia llegado el viernes por la noche, y todo parecia como de costumbre. Tilda no le pregunto que le habia dicho a su mujer: nunca lo hacia. Esa noche se quedaron en su pequeno apartamento y cocino sopa de pescado. Martin parecia relajado y le hablo de la nueva promocion de alumnos de policia que habia comenzado en la escuela ese curso, algunos eran buenos y otros menos.
– Pero los meteremos en cintura -concluyo.
Tilda recordo con todo detalle sus primeros meses en la Escuela de Policia: ella era una mas entre una veintena de alumnos. Casi todos hombres, muy pocas chicas. Enseguida dividieron a sus nuevos profesores en tres categorias: profesores policias viejos y amables pero un poco anticuados, profesores civiles que ensenaban derecho y no tenian ni idea de en que consistia el autentico trabajo policial; y los profesores policias jovenes que eran responsables de los ejercicios practicos. Estos seguian en activo y tenian emocionantes historias que contar, eran los ejemplos de la clase. Martin Ahlquist era uno de ellos.
El sabado cogieron el coche de Martin y condujeron hacia el norte, hasta el cabo mas septentrional de la isla. Tilda no habia estado alli desde que era pequena, pero recordo aquella sensacion de llegar al fin del mundo. Ahora, en noviembre, desde el mar soplaba un viento gelido, y el faro estaba completamente desierto. La torre blanca que se elevaba sobre el cabo, Eric el largo la llamaban, le recordo los dos faros de ludden. Deseaba comentar el accidente con Martin, pero no lo hizo: ese dia libraba.
Almorzaron en el unico restaurante abierto durante el invierno, en Byxelkrok, luego regresaron a Marnas y pasaron el resto de la tarde en casa.
Fue entonces cuando Martin se torno mas reservado, penso Tilda, a pesar de que ella intentaba conversar con el.
Se acostaron en silencio, y por la manana Martin se sento al borde de la cama y empezo a hablar. Sin dirigirle una sola mirada, le explico que habia estado reflexionando mucho tras su marcha a Oland. Habia pensado que tenia que elegir. Por fin lo habia hecho y le parecia que era lo mejor.
– Tambien sera bueno para ti -dijo-. Es lo mejor para todos.
– ?Quieres decir… que me abandonas? -pregunto ella en voz baja.
– No. Nos dejamos el uno al otro.
– Yo me mude aqui por ti. -Tilda miraba la espalda peluda de Martin-. A mi no me apetecia irme de Vaxjo, pero lo hice por ti. Quiero que lo sepas.
– ?A que te refieres?
– La gente murmuraba sobre nosotros. Tenia que acabar con eso.
El asintio.
– A todo el mundo le gusta cotillear -dijo Martin-. Pero ahora ya no tendran de que hablar.
En realidad no habia mucho mas que anadir. Cinco minutos despues, estaba completamente vestido y recogia su bolsa del suelo sin mirar a Tilda.
– Bueno -dijo el.
– ?Asi que no ha valido la pena? -pregunto ella.
– Si -respondio Martin, y salio al recibidor-. Si durante mucho tiempo. Pero ya no.
– Te asustan los conflictos -dijo Tilda.
El no contesto. Abrio la puerta de la calle.
Tilda contuvo el impulso de decirle que saludara a su mujer.
Oyo la puerta al cerrarse y pasos que se alejaban en la escalera. Ahora, Martin se meteria en su coche, aparcado en la plaza, y volveria a casa, con su familia, como si nada hubiera ocurrido.
Permanecio sentada, desnuda en la cama.
Todo estaba en silencio. Habia un condon usado en el suelo.
– ?Vales la pena? -le pregunto a su reflejo borroso en la ventana.
Despues de pasar mas de media hora compadeciendose y controlando el impulso de afeitarse la cabeza y hacer desaparecer su cabellera rubia, se levanto de la cama. Se ducho, se vistio y planeo acercarse a la residencia a visitar a Gerlof. Lo que mas necesitaba en aquel momento era estar con ancianos sin problemas amorosos.
Pero antes de salir sono el telefono. Era el oficial de guardia de Borgholm, que llamaba por un asunto de trabajo. Durante el fin de semana, unos ladrones habian entrado en una casa parroquial, al norte de Marnas. La pareja de jubilados que vivia alli los habia sorprendido, y ahora el hombre se encontraba hospitalizado, con heridas en la cabeza y diversas fracturas.
Trabajo, eso aplacaria el dolor de Tilda.
Llego a la casa a las dos, cuando el sol empezaba a ponerse en la isla.
La primera persona que encontro en el lugar de los hechos fue Hans Majner. Vestia de uniforme, a diferencia de ella, y se paseaba por el terreno con un rollo de cinta azul y blanca en la mano en la que se leia: «POLICIA. NO PASAR».
– ?Donde te metiste ayer? -le pregunto el.
– Libraba -respondio ella-. No recibi ningun aviso.
– Es uno mismo quien tiene que estar alerta.
Tilda cerro la puerta del coche y le espeto:
– Cierra el pico.
Majner se dio la vuelta.
– ?Que has dicho?
– He dicho que cierres el pico -replico-. No hace falta que me des lecciones todo el rato.
Ahora habia estropeado definitivamente cualquier oportunidad de amistad con su companero, pero no le importaba.
El se quedo inmovil y la observo durante algunos segundos, como si no hubiera comprendido del todo sus palabras.
– Yo no doy lecciones -replico finalmente.
– Vale. Pasame la cinta.
En silencio, comenzo a acordonar la parte trasera de la casa parroquial y a buscar huellas de zapatos en el jardin, para sacar moldes. Los tecnicos de la cientifica no llegarian de Kalmar hasta el lunes.
Encontro varias pisadas en el barro que rodeaba la vivienda. Parecian ser de zapatos de suelas estriadas o botas de hombre: y entre la maleza, al pie de los arboles, habia tambien indicios de que alguien se habia caido de bruces y se habia arrastrado a gatas por el bosque.
Tilda observo y conto las huellas. Segun sus calculos, habian visitado el lugar tres personas.
Una mujer salio del porche. Resulto ser la vecina, que tenia la llave de la casa y la cuidaba mientras la pareja de ancianos permanecia en el hospital de Kalmar. La mujer les pregunto si querian acompanarla a su casa y tomar un cafe.
?Un cafe con Majner?
– Mientras tanto le echare un vistazo a la casa -contesto Tilda.
