?Cuando vendreis a visitarme a Kalmar?
– No sabia que estuvieramos invitados.
– Por supuesto que lo estais. -Mordio la manzana-. Venid cuando querais.
– Por lo que se, nunca invitaste a Katrine -dijo Joakim.
– Katrine nunca hubiera venido -contesto Mirja-. Pero nos llamabamos de vez en cuando.
– Una vez al ano -la corrigio el-. Ella te llamaba en Navidad, pero siempre cerraba la puerta mientras hablabais.
La mujer nego con la cabeza.
– Hable con Katrine hace apenas un mes.
– ?Sobre que?
– Nada en particular…, sobre mi ultima exposicion en Kalmar. Y sobre mi nuevo novio, Ulf.
– En otras palabras, hablasteis de ti.
– Tambien de ella.
– ?Que dijo?
– Que se sentia sola aqui -replico-. Dijo que no echaba de menos Estocolmo…, pero que a ti si te echaba de menos.
– No tuve mas remedio que seguir trabajando un tiempo -replico el.
En realidad, podria haber dejado antes su empleo como profesor. Podria haber hecho muchas cosas de manera distinta, pero eso era algo que no deseaba discutir con Mirja.
Esta continuo andando hacia el interior de la casa, pero se detuvo frente al cuadro de Rambe, colgado junto al dormitorio de Joakim.
– Se lo regale a Katrine cuando cumplio veinte anos -explico-. Un recuerdo de su abuela.
– Le gustaba mucho.
– No deberia estar colgado aqui -dijo Mirja-. Lo ultimo que se vendio de Torun salio a subasta por trescientas mil coronas.
– ?En serio? Bueno, nadie sabe que lo tenemos.
Mirja miro el cuadro con intensidad, y siguio con la vista las oscuras pinceladas grises del oleo.
– No hay ni una sola linea horizontal, por eso resulta dificil mirarlo -comento-. Asi pinta alguien que ha estado fuera durante la tormenta de nieve.
– ?Y Torun salio?
– Si. Fue en el primer invierno que pasamos aqui. Habian anunciado una nevasca, pero el igualmente se fue a la cienaga. Le gustaba caminar por la isla y sentarse a pintar.
– Ayer estuvimos alli -comento Joakim-. El lugar es muy bonito.
– No cuando hay tormenta -dijo Mirja-. El caballete de Torun salio volando antes de que ella consiguiera colocarlo, y de repente apenas podia ver a un metro de distancia. El sol desaparecio. Habia nieve por todas partes.
– Pero se salvo.
– Cuando salia de la cienaga, sin darse cuenta metio los pies en el agua, pero entonces la tormenta amaino un momento y pudo ver las luces parpadeantes del faro. -Mirja miro el cuadro y continuo en voz baja-: Se salvo in extremis. Dijo que, mientras deambulaba por la cienaga, vio a los muertos…, aquellos que habian sido sacrificados en la Edad de Hierro. Salian del agua y se estiraban detras de ella.
Joakim escuchaba tenso. Empezo a comprender de donde procedia el ambiente de los cuadros de Torun.
– Despues de eso, empezo a tener problemas con la vista -siguio diciendo Mirja-. Al final acabo ciega.
– ?A causa de la tormenta de nieve?
– Quiza… Durante varios dias no pudo abrir los parpados. La tormenta levantaba arena de los campos que se mezclaba con la nieve. Era como si te clavaran agujas en los ojos.
Mirja retrocedio un paso.
– A la gente no le gustan los cuadros tan oscuros -dijo-. Aqui en Oland solo quieren altos cielos, mares azules y extensos campos de flores amarillas. Pinturas luminosas con marcos blancos.
– Como los tuyos -senalo Joakim.
– En efecto. -Mirja asintio con energia, y no parecia irritada en absoluto-. Soleados cuadros de estio para veraneantes. -Miro alrededor-. Pero no creo que haya cuadros de Mirja Rambe por aqui, ?verdad?
– No. Katrine guarda unas postales en alguna parte.
– Eso esta bien. Las postales tambien proporcionan ingresos.
Joakim deseaba abandonar la zona de los dormitorios: los consideraba demasiado intimos. Se dirigio de nuevo hacia la cocina.
– ?Cuantos cuadros de Torun habia en un principio? -pregunto.
– Muchos. Seguro, unos cincuenta.
– Pero ahora solo quedan seis, ?verdad?
– Seis, si. -Se puso seria-. Los seis que se salvaron.
– Y la gente dice…
Ella lo interrumpio irritada:
– Ya se lo que dice la gente…, que su hija los destruyo. Una coleccion que valdria millones… Dicen que los meti en la estufa una fria noche de invierno y los queme para que no nos congelaramos.
– Lo que Katrine me conto era distinto -contesto Joakim.
– ?Ah, si?
– Dijo que envidiabas a tu madre…, y que tiraste los cuadros al mar.
– Katrine nacio al ano siguiente de eso, asi que no pudo verlo. -Suspiro-. He oido muchas habladurias aqui, en la isla: Mirja Rambe es una vieja insoportable…, tiene novios demasiado jovenes, es una alcoholica… Seguro que Katrine tambien decia algo asi, ?no?
Joakim nego con la cabeza, aunque recordo como su suegra se tambaleaba el dia de su boda en Borgholm, y que intento ligarse a su primo pequeno.
Ahora se hallaban en el porche. Mirja se abrocho la chaqueta de cuero.
– Ven -dijo-. Voy a ensenarte algo.
Joakim la siguio al patio. Vio a Rasputin escaparse sigilosamente por la verja, hacia el mar.
– Esto no ha cambiado nada -comento ella, y camino sobre las losas irregulares-. La misma cantidad de hierbajos.
Se detuvo, encendio un cigarrillo y luego miro a traves de las ventanas llenas de polvo de la cabana.
– No hay nadie en casa -dijo.
– El agente inmobiliario la llamaba la casa de invitados -explico Joakim-. La reformaremos en primavera… Bueno, eso era lo que habiamos planeado.
Desde fuera, la cabana encalada parecia una simple edificacion alargada con cubierta de tejas. En el interior habia una lenera, un trastero, un lavadero con manchas de humedad en el suelo, una sauna construida en 1970 y dos habitaciones de invitados con ducha. En el pasado, algunas familias se trasladaban a las habitaciones de invitados cuando la casa principal se volvia demasiado calurosa en verano.
Mirja miro la cabana y nego con la cabeza.
– Torun y yo vivimos aqui tres anos. Entre ratones y ratas de rio. Durante el invierno, era como vivir en una nevera.
Le dio la espalda a la pequena casa.
– Te queria ensenar una cosa…, alli.
Mirja se dirigio hacia el establo y abrio la puerta.
Luego apago el cigarrillo y encendio la lampara del techo. Joakim la siguio. Ella senalo el altillo del heno.
– Es ahi arriba -dijo.
Joakim dudo unos instantes, pero despues la siguio por la empinada escalera de madera. El lugar estaba igual de descuidado que la ultima vez que el anduvo por alli.
– Por aqui no se va a ninguna parte -dijo.
– Si -contesto Mirja.
Paso decidida entre bolsas, cajas, viejos muebles y piezas de maquinas oxidadas. Encontro estrechos caminos entre la basura y continuo hasta el extremo opuesto. Alli se detuvo y senalo los tablones.
