– Mira… Esto lo descubri hace treinta y cinco anos.

Joakim se acerco. A la debil luz de la ventana, vio que alguien habia grabado unas letras en las tablas sin pintar de la pared. Hileras de nombres y fechas, a veces con una cruz y una cita de la Biblia.

En una viga justo tocando al techo, vio grabado «QUERIDA CAROLINA 1868». Debajo, «NUESTRO ANORADO JAN PARTIO HACIA EL SENOR 1883», y un poco mas abajo: «EN RECUERDO DE ARTHUR CARLSSON, AHOGADO 3 DE JUNIO DE 1911, JUAN 3,16».

Habia muchos mas nombres en la pared, pero Joakim dejo de leer y volvio la cabeza hacia Mirja.

– ?Que es esto?

– Son los muertos de la casa -respondio ella. Su voz, antes tan estridente, sonaba ahora mucho mas apagada, casi reverencial-. Los familiares grabaron los nombres. Ya estaban aqui cuando yo era joven. Estos en cambio son nuevos.

Senalo un par de nombres cerca del suelo: en un lugar ponia «CIKI» con estrechas letras, y «SLAVKO» en otro.

– Puede tratarse de refugiados -apunto Joakim-. ludden fue un centro de acogida para refugiados hace unos anos. -Miro a Mirja-. Pero ?por que los han grabado aqui?

– Bueno -dijo su suegra-. ?Por que se levantan lapidas?

El penso en el bloque de granito que habia elegido para Katrine la semana anterior. El cantero habia prometido que entregaria la lapida antes de Navidad. Miro a Mirja.

– Para… no olvidar -respondio.

– En efecto -dijo ella.

– ?Hablaste con Katrine de esta pared?

– Si, este verano. Le intereso mucho…, pero no se si estuvo aqui arriba.

– Creo que si -contesto Joakim.

Mirja paso los dedos por las letras grabadas en la madera.

– Cuando encontre estos nombres, tenia quince anos; los leia una y otra vez -dijo-. Y luego empece a pensar en quienes serian. ?Por que vivieron aqui, en la casa, y por que murieron? Es dificil dejar de pensar en los muertos, ?no crees?

El miro la pared y asintio en silencio.

– Y, ademas, yo los oia -continuo Mirja.

– ?A quienes?

– A los muertos. -La mujer se inclino hacia las tablas-. Si se escucha… se los oye susurrar.

Joakim guardo silencio, pero no oyo nada.

– El verano pasado escribi un libro sobre ludden -le conto Mirja antes de salir del altillo.

– Vaya -dijo Joakim.

– Se lo di a Katrine cuando se mudo aqui.

– ?Si? Nunca me dijo nada.

De repente, la mujer se detuvo y parecio buscar algo en el suelo. Aparto una caja de madera rota y miro debajo.

Habia dos nombres grabados, muy juntos, y tambien una fecha: «MIRJA & MAKUS 1961».

– Mirja -leyo Joakim, y la miro-. Tu grabaste esto?

Ella asintio.

– No queriamos grabar nuestros nombres en la pared, asi que lo hicimos en el suelo.

– ?Quien es Markus?

– Era mi chico. Markus Landkvist.

Ya no dijo nada mas. Solo suspiro y salto por encima de ambos nombres, de vuelta a la escalera.

Se separaron en el jardin. Ahora la energia de Mirja casi habia desaparecido. Echo un ultimo vistazo a la casa.

– Quiza vuelva por aqui -anuncio.

– Hazlo -contesto Joakim.

– Y, como ya te he dicho, puedes venir a Kalmar con los ninos. Os puedo invitar a un zumo.

– Bien. Si el gato no se encuentra a gusto, te lo devolvere.

Mirja sonrio burlona.

– Ni se te ocurra.

A continuacion, entro en el Mercedes y arranco.

Una vez que hubo desaparecido por la carretera de la costa, Joakim regreso despacio al patio. Miro el mar; ?adonde habria ido el gato?

La gran puerta del establo estaba entreabierta, no la habian cerrado del todo.

Joakim se dirigio hacia alli y entro de nuevo. La penumbra y el silencio le conferian un cierto aire de catedral.

Volvio a subir la escalera y continuo hasta la pared opuesta. Una vez alli, leyo todos los nombres, uno por uno.

A continuacion, escucho pegado a la pared, pero no oyo ningun susurro.

Luego cogio un clavo que encontro en el suelo y grabo concienzudamente el nombre «KATRINE WESTIN» y la fecha en una de las vigas mas bajas.

Cuando hubo acabado, dio un paso atras para observar toda la pared.

Ahora el recuerdo de su mujer estaba grabado tambien en la casa. Se sintio bien.

Como era de esperar, a los ninos les encanto Rasputin. Gabriel lo acariciaba y Livia le daba leche en un plato. No querian separarse ni un minuto de el, pero aquella tarde estaban invitados, sin gato, a la granja de sus vecinos. Los hijos mayores no estaban alli, pero Andreas, el de siete anos, los acompano a la mesa y luego se fue con Livia y Gabriel a comer un helado a la cocina.

Joakim se quedo en el comedor, sentado con Roger y Maria Carlsson, bebiendo cafe. El tema de conversacion era inevitable: cuidar y reformar casas expuestas a las inclemencias del clima de la costa. Pero el tenia una pregunta pendiente, y al fin la hizo:

– Me gustaria saber si conocen alguna historia sobre ludden.

– ?Historia?

– Si, historias de fantasmas u otras leyendas -aclaro Joakim-. Katrine me dijo que el verano pasado os conto que… habia fantasmas en la casa.

Era la primera vez que pronunciaba su nombre desde que habia llegado: procuraba no hablar demasiado de su mujer fallecida. No queria parecer obsesionado. No estaba obsesionado.

– A mi no me conto nada de fantasmas -dijo Roger.

– Katrine y yo hablamos de eso cuando estuvo aqui tomando cafe -apunto Maria-. Solo queria saber si ludden tenia mala fama. -Miro a su marido-. Cuando eramos pequenos los mayores decian que en la casa habia un cuartito secreto con fantasmas. ?Te acuerdas, Roger?

Su marido nego con la cabeza. Estaba claro que el tema no le interesaba lo mas minimo. Pero Joakim se inclino hacia delante.

– ?Donde estaba ese cuarto? ?Lo sabeis?

– Ni idea -contesto Roger, y tomo un sorbo de cafe.

– No, yo tampoco lo se -dijo Maria-. Mi abuelo contaba que los fantasmas se encontraban alli por Navidad. Los muertos regresaban a la casa y se reunian en una habitacion especial. Y luego tomaban…

– Eso son solo supersticiones -la interrumpio Roger, y alzo la cafetera hacia Joakim-. ?Quieres otra taza?

15

Tilda yacia desnuda y sudorosa sobre su delgado colchon.

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