– Veo una escalera -dijo.

– Si, es la que lleva a lo alto de la torre.

– Esta doblada -comento la nina-. Da la vuelta… y sube.

– Hasta arriba del todo -asintio Joakim, y anadio-: Espera aqui.

Abajo, junto al agua, habia visto un bloque de piedra alargado, y fue a buscarlo. La coloco en la abertura de la puerta, con lo que logro forzarla un poco mas y abrir un espacio por el que colarse.

– ?Puedes retroceder un poco, Livia? -dijo-. Voy a intentar entrar y tirar de la puerta desde dentro.

– ?Yo tambien quiero entrar!

– Dejame a mi primero -contesto el.

Se situo sobre la piedra alargada, apreto la puerta todo lo que pudo y se escurrio por la abertura. Lo consiguio. En ese momento, se alegro de no tener una barriga cervecera.

Dentro del faro estaba oscuro, y no soplaba el viento del mar. Joakim vio un suelo de cemento plano y palpo unas solidas paredes de piedra.

Poco a poco se acostumbro a la penumbra y miro a su alrededor. ?Cuanto tiempo haria que nadie entraba en el faro? Quiza diez o veinte anos. El aire era seco, como en todos los edificios de piedra caliza, y las superficies estaban recubiertas de una capa de polvo ceniciento.

La escalera de piedra que Livia habia visto comenzaba casi a sus pies y ascendia en espiral entre la pared exterior y el grueso pilar central de la torre. Desaparecia en la penumbra, pero alli arriba, en alguna parte, se adivinaba una debil luz que con seguridad debia de proceder de las pequenas ventanas de la torre.

Alguien habia dejado algunos objetos en el suelo. Un par de botellas de cerveza vacias, una pila de periodicos, un bidon rojo y blanco en que se leia «CALTEX».

Junto a la escalera, habia una pequena puerta. Al entreabrirla, Joakim vio aun mas chatarra: viejas cajas de madera apiladas, botellas vacias y redes de pescar verde oscuro colgadas en las paredes. Incluso habia una especie de viejo rodillo.

Alguien habia utilizado el faro como trastero.

– ?Papa?

Livia lo llamaba.

– ?Si? -contesto el, y el eco de su voz reverbero en la escalera de caracol.

El rostro de la nina aparecio por la rendija de la puerta.

– ?Puedo entrar yo tambien?

– Podemos intentarlo… Si te subes a la piedra, tirare de ti.

Pero tan pronto como su hija empezo a empujar para introducirse por la rendija, Joakim comprendio que no podria tirar de la puerta y de ella al mismo tiempo. Corria el riesgo de que la nina se quedara atascada.

– No creo que sea posible, Livia.

– Pero ?yo quiero!

– Tendremos que ir al faro sur -dijo-, y quiza podamos…

De repente, oyo un ruido procedente de lo alto de la torre. Volvio la cabeza y aguzo el oido.

Pasos. Sonaba como el eco de unos pasos en la parte superior de la escalera de caracol.

El sonido procedia de la torre. Serian imaginaciones suyas, pero sonaban como pasos pesados, y parecia que descendieran despacio pero sin parar por la escalera.

No se trataba de Katrine, eran de alguien diferente.

Pasos pesados…, como de hombre.

– ?Livia? -llamo.

– ?Si?

Ella seguia alli fuera, Joakim penso lo cerca que estaba del agua. Si daba un paso atras y se caia… Y Gabriel, Gabriel estaba solo en la casa. ?Como habia podido dejarlo solo?

– ?Livia! -llamo de nuevo-. Quedate ahi, ahora mismo salgo.

Se subio a la piedra y apreto con ambas manos. Parecia que la puerta de acero quisiera retenerlo, pero el se esforzo por pasar a traves de la abertura. La escena recordaba una comedia, la parodia de un parto, pero el corazon de Joakim latia con fuerza y Livia, desde fuera, lo miraba con el miedo reflejado en los ojos.

Lo logro al fin, y respiro la fresca y fria brisa marina.

– Bueno -dijo, cerrando rapidamente la puerta de la torre-. Ahora tenemos que volver con Gabriel. Ya iremos al faro otro dia.

Espero protestas mientras colocaba el candado a toda prisa y cerraba, pero Livia no dijo nada. Le cogio la mano en silencio y regresaron a tierra. Casi habia anochecido.

Joakim penso en los sonidos del faro.

Seguramente se trataba del viento del mar, que soplaba alrededor de la torre, o del pico de una gaviota que golpeteaba el cristal del faro. No eran pasos.

Invierno de 1916

Los muertos intentan ponerse en contacto con nosotros, Katrine. Quieren hablarnos, quieren que los escuchemos.

?Que desean contarnos? Quiza que no deberiamos buscar la muerte demasiado pronto.

En el desvan del establo hay una fecha de la Primera Guerra Mundial grabada en la pared: 7 de diciembre de 1916. Despues, hay una cruz y el comienzo de un nombre: † GEOR.

MIRJA RAMBE

Alma Ljunggren, la esposa del farero jefe, esta sentada al telar en una habitacion de la parte trasera del edificio. Detras de ella, se oye el tictac del reloj de pared. Alma no puede ver el mar desde alli, pero no le importa. No desea ver lo que hacen su marido Georg y el resto de los fareros en la playa.

No se oyen voces en la casa; las demas mujeres estan asimismo en la playa. Alma sabe que ella deberia estar tambien alentando a los hombres, pero no se atreve. No tiene fuerzas para darles ningun apoyo, apenas se atreve a respirar.

El reloj de pared sigue con su tictac.

Esa manana de invierno, un monstruo marino ha sido arrastrado a la orilla en ludden, estan en el tercer ano de la Gran Guerra. El monstruo aparecio tras una noche de fuerte tormenta de nieve: es negro, con afilados pinchos de acero por todo su cuerpo redondo.

Suecia es neutral en la guerra que asola el continente, pero aun asi se ve afectada por ella.

El monstruo de la playa es una mina. Rusa, con toda seguridad, colocada el ano anterior para detener el trafico de minerales por el Baltico. Por supuesto, el pais de procedencia no importa; sigue siendo igual de peligrosa.

El tictac de la sala se detiene de pronto.

Alma vuelve la cabeza.

El reloj de pared se ha parado, y el pendulo cuelga inmovil.

Alma coge unas tijeras de esquilar que hay en un cesto junto al telar, se levanta y sale de la habitacion. Se coloca un chal sobre los hombros y se dirige al porche, en la parte delantera del edificio. Aun se niega a mirar hacia la playa.

Las olas levantadas por la tormenta nocturna han debido de soltar la mina de su sujecion en alta mar y la han empujado despacio a tierra. Ahora ha quedado encallada entre la arena del fondo y la nieve enfangada, a solo una decena de metros del faro sur.

El ano anterior llego tambien a tierra un torpedo aleman, en una playa al norte de Marnas. Lo explosionaron, y las autoridades maritimas exigen que se haga lo mismo con las minas. Hay que destruir la mina rusa, pero no puede explotar tan cerca del faro. Es necesario remolcarla. Los fareros tendran que pasarle una amarra alrededor y despues retirarla de alli con cuidado.

Georg Ljunggren, el farero jefe, dirige el trabajo en el mar. Se ha colocado a proa de una motora y, desde el porche cubierto, Alma, su mujer, lo oye dar ordenes en la playa; su voz llega hasta la casa.

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