No hubo respuesta. Espero unos minutos en la oscuridad, pero en vista de que el silencio del altillo seguia igual, dio la vuelta y bajo la escalera.
Al regresar a la casa, encontro a los ninos donde deberia haber ido a buscarlos primero: en su habitacion.
Livia estaba sentada en el suelo y dibujaba como si nada. Al parecer, Gabriel tenia permiso de su hermana para estar alli, pues se habia llevado unos cochecitos de su habitacion y jugaba con ellos sentado a su lado.
– ?Donde estabais? -le pregunto, con una voz mas aguda de lo que habia previsto.
Livia alzo la vista de su bloc de dibujo. A pesar de ser profesora de dibujo, Katrine nunca dibujaba por iniciativa propia, pero a la nina le gustaba hacerlo.
– Aqui -contesto sin vacilar.
– Pero antes… ?Andreas, Gabriel y tu habeis salido al patio?
– Un ratito.
– No podeis entrar en el establo -dijo Joakim-. ?Os habeis escondido alli dentro?
– No. Alli no hay nada que hacer.
– ?Donde esta Andreas?
– Se ha ido a casa. Tenia que comer.
– Vale. Nosotros tambien comeremos dentro de un rato. Pero no salgas al patio sin decirmelo, Livia.
– No.
La noche del dia en que Joakim estuvo en el granero, Livia comenzo de nuevo a hablar en suenos.
No habia sido dificil acostarla. A las siete, Gabriel se habia dormido, y Joakim ayudaba a Livia a lavarse los dientes en el cuarto de bano. La nina le miro la cabeza con curiosidad.
– Tienes unas orejas extranas, papa -dijo al cabo de un rato.
El dejo el vaso y el cepillo de su hija y pregunto:
– ?Que quieres decir?
– Tus orejas parecen tan… viejas.
– Vaya. Pues no son mas viejas que yo. ?Tienen pelos?
– No muchos.
– Menos mal -contesto Joakim-. No es muy bonito tener pelos en la nariz y las orejas…, en la boca tampoco.
Livia queria quedarse un rato mas frente al espejo, haciendo muecas, pero el la saco del cuarto de bano tirando con cuidado de ella. La acosto, le leyo dos veces la historia de un nino al que la cabeza se le queda metida en la sopera y luego apago la luz de la mesilla. Al salir de la habitacion, oyo como la nina se arrebujaba bajo la manta y hundia la cabeza en la almohada.
El jersey de lana de Katrine aun seguia a su lado, en la cama.
Joakim fue a la cocina, se tomo un par de sandwiches y puso el lavaplatos. A continuacion, apago todas las luces.
Anduvo a tientas en la oscuridad hasta su dormitorio y encendio la lampara del techo.
La vacia y fria cama de matrimonio seguia alli, y la ropa colgando de las paredes. La ropa de Katrine, que ya habia perdido todo su olor. Penso que deberia descolgarla, pero esa noche no.
Apago la luz, se metio en la cama y yacio inmovil, a oscuras.
– ?Mama?
La voz de Livia hizo que Joakim alzara la cabeza, completamente despierto.
Aguzo el oido. El lavaplatos habia acabado en la cocina y el visor del radiodespertador marcaba las 23.52. Habia dormido algo mas de una hora.
– ?Mama?
Se oyo de nuevo, y Joakim se levanto de la cama. Se dirigio a la habitacion de Livia. Se detuvo en el umbral hasta que la oyo de nuevo.
– ?Mama?
Entro en el cuarto y se acerco a la cama. Livia estaba tumbada y tapada con la manta, con los ojos cerrados, pero a la luz de la lampara del pasillo Joakim vio como agitaba la cabeza sobre la almohada. Tenia el jersey de lana de Katrine enrollado en la mano. Se acerco con cuidado y se lo desenrollo.
– Mama no esta aqui -dijo en voz baja, y doblo el jersey.
Se hizo el silencio durante unos segundos.
– Si esta.
– Livia, duermete.
Entonces abrio los ojos y lo reconocio.
– No puedo dormir, papa -dijo.
– Claro que si.
– No -insistio ella-. Tienes que dormir aqui.
Joakim suspiro, pero ahora Livia estaba completamente despierta y no habia nada que hacer. Esa siempre habia sido labor de Katrine.
Se tumbo en el borde de la cama con cuidado. Era demasiado corta, no conseguiria dormirse.
Tardo un par de minutos en conciliar el sueno.
Habia alguien fuera de la casa.
Joakim abrio los ojos en la oscuridad. No oyo nada, pero sentia que tenian visitas.
Estaba otra vez completamente desvelado.
?Que hora era? No tenia ni idea. Podia llevar horas durmiendo.
Levanto la cabeza de la cama de Livia y escucho. La casa estaba en silencio y tranquila. No se oia mas que el ligero tictac de un reloj y la respiracion apenas audible a su lado, en la oscuridad.
Se levanto en silencio y, con cuidado, empezo a alejarse. Pero tras dar apenas tres pasos, oyo la voz clara a su espalda:
– Papa, no te vayas.
Se detuvo y se dio la vuelta.
– ?Por que no?
– No te vayas.
Livia yacia intranquila, vuelta hacia la pared. Pero ?estaba despierta?
Joakim no podia verle la cara, solo el cabello rubio. Volvio a la cama y se sento a su lado con cuidado.
– Livia, ?duermes? -pregunto en voz baja.
La respuesta llego tras unos segundos.
– No.
Parecia despierta, aunque relajada.
– ?Duermes?
– No…, veo cosas.
– ?Donde?
– En la pared.
Hablaba con voz monotona y su respiracion era regular y tranquila. Joakim se inclino aun mas sobre su cabeza.
– ?Que ves? -pregunto.
– Luz, agua…, sombras.
– ?Y que mas?
– Hay luz.
– ?Ves a otras personas?
Guardo silencio de nuevo antes de responder:
– A mama.
El se quedo de piedra. Contuvo la respiracion, de pronto asustado de que pudiera ser cierto: que Livia viese
