Ethel hizo una rapida visita a Petros, llevando con ella al bebe metido en una cesta para ropa, forrada con una manta. Petros le mostro la «sorpresa», el apartamento con vistas al golfo. Ethel nunca lo habia visto tan ansioso por nada.

El lugar habia sido amueblado enteramente por un decorador de interiores griego, un recien llegado de la madre patria. Los muebles no eran griegos; se trataba del mobiliario internacional de la clase media, respetable e incomodo.

Petros observaba el rostro de Ethel, mientras ella recorria el apartamento.

– Muy bien, muy bien – dijo-, tampoco a mi me gusta. No va contigo. Lo cambiare todo.

Cuando Ethel entro en el dormitorio, miro por la ventana directamente a la ventana de otro dormitorio del predio vecino. Una dama vieja y arrugada, de cabello dorado, estaba mirandola. El efecto fue espectral, como un espejo del tiempo.

Petros hizo bajar la persiana de un tiron. Rompio el mecanismo.

Cerro tambien las cortinas de brocado.

La cama crujio, y Ethel rio nerviosamente. Petros tuvo que reir tambien. Les fue imposible hacer el amor con unos muelles de acero quejandose debajo de ellos.

– La proxima vez -dijo Ethel-. De todos modos, ahora no deberia, por lo menos durante dos semanas.

Pero Petros la tumbo en el suelo y la tomo.

Ethel se enfado, pero no dijo una palabra. Pronto se marcharia.

Costa se puso furioso. Aunque no en su manera acostumbrada, perdiendo el control. No, se sentia abandonado, traicionado. Y de igual modo lo sentia, declaro una y otra vez, el pequeno Costa. ?Como podia Ethel haber hecho eso a su nieto? ?Llevarlo a visitar a ese cochino?

– Dime la verdad, ?tu le habias pedido que viniera aqui, la otra vez?

– Si -dijo Ethel-, yo se lo sugeri.

– No quiero que ese hombre venga aqui nunca.

– Muy bien, padre.

Ethel estaba asegurandose de que antes de que ella se marchara, Costa hubiese aprendido los misterios del cuidado infantil.

– ?Que es tan dificil? -se jacto Costa mientras empolvaba al bebe despues de su bano-. Vosotras las mujeres haceis de todo eso un asunto importante, pero yo aprendo perfectamente en dos semanas. ?Lavar! ?Empolvar! ?Vestir! ?Todo limpio! ?Eso es todo! -Bajo la cabeza, abriendo su bocaza cerca de la blanca barriguita del joven Costa, regodeandose alli.- Guwhaguwhaguwhaguwha -exclamaba-. ?Voy a comerte!

– Si yo tuviera tetas -Costa dijo a Ethel-, lo haria mejor que tu. Para el proximo a lo mejor me crecen tetas a mi. ?Que dices a eso?

La miro entonces, timidamente; estaba coqueteando con ella.

Pero, principalmente, su trato estaba revestido de la veneracion con que se trata a una virgen; le hacia regalos, de poco precio, chucherias escogidas amorosamente. Bajaba la voz cuando hablaba con Ethel. Nunca pasaba por alto la proximidad de Ethel y cuando ella amamantaba al bebe, el volvia la cara al otro lado.

Ethel recibio una carta de su padre, que habia regresado a Tucson. Ernie habia matado a su amiguita… o asi lo creia la Policia por lo menos. El cuerpo desnudo de la muchacha habia sido hallado con veintiocho punaladas.

Los vecinos informaron de sus peleas violentas. Sabian que la chica estaba dando mala vida a Ernie. Pero, ?veintiocho punaladas! ?Que cosa podia justificar eso?

Tales horribles noticias deprimieron a Ethel. Ella sabia que su hijo era de Ernie; tenia sus mismos ojos sonolientos, demasiado pesados, aparentemente, para las cuencas. No podia ser de Teddy, y cuando empezo sus relaciones intimas con Petros ella ya estaba encinta.

?Oh, no habia por que preocuparse! El pequeno Costa era lo que ella deseara que fuese. ?Solo suyo!

Ethel penso que siempre tendria el recurso de volver junto a su padre. Podria resultar humillante, pero se sentia contenta deque existiera un ultimo recurso.

Habia llegado el momento de preparar el primer paso que la alejara… en la direccion que fuese.

Una manana le dijo a Costa que el nino deberia ser destetado, que se le estaba secando la leche. No era verdad, pero Costa no tenia ningun medio para descubrir si lo era.

De modo que prepararon una formula… los ingredientes, como se preparaba, la alimentacion y el proceso de esterilizacion.

Costa estuvo contento de hacerse tambien cargo de este trabajo.

Ethel le dijo entonces que ella pensaba volver a su empleo y que los finales de semana vendria a casa. Espero la respuesta explosiva de Costa.

– No quiero que trabajes para ese hombre -declaro el.

– Cuando tu consigas un trabajo, padre, yo dejare el mio -respondio Ethel.

Costa se ofendio mucho. Porque no tenia respuesta.

– Ahora tengo que cuidarme del chico, de modo adecuado -dijo-, comprobar que todo este bien, no se ponga enfermo, etcetera. ?No? ?Que?

– Seguro. Y estas haciendo un buen trabajo. Pero, entretanto, alguien tiene que pagar lo que comemos. Tu no quieres dinero de Noola. Mis ahorros estan acabandose rapidamente. Teddy esta esperando que yo le envie cada semana treinta dolares.

– El chico no deberia pedirte eso.

– No me importa. Pero por ese motivo debo seguir con el empleo.

– Entonces, ?por que has de mirarlo todo el tiempo? Ya es bastante malo que tomes su dinero… ?Por que has de mirarlo de la manera en que lo haces?

– ?De que manera?

– De la manera en que lo hiciste cuando estuvo aqui. De esa manera solo se mira a un ser humano. Ese individuo… ?no ves su cara? ?Es un animal!

– Bueno, ?y que puedo hacer yo?

– Te lo dije. Mira al suelo cuando esta cerca.

– No puedo trabajar para ese hombre y mirar al suelo.

– De acuerdo. Pero te digo que un dia ese hombre va a tener ideas erroneas sobre ti y yo tendre que matarlo.

En la oficina de la darsena, Ethel encontro otra carta de su padre. Primero leyo el anexo, un fragmento del periodico de Tuc son que informaba a la comunidad de que Ernie se habia rendido, admitido su crimen y que iba a ser juzgado por asesinato. El periodista recordaba a sus lectores que el castigo que el Estado de Arizona aplicaba por un crimen tan grave era la camara de gas.

Ed Laffey no comentaba al respecto. Tenia otras noticias.

Despues de haber visto el resto del mundo, Tucson nos parece mezquino y estrecho. De modo que hemos decidido hacer un gran cambio. Pasado manana nos iremos para buscar un nuevo hogar. Va a ser en una isla -Mallorca, Ischia, Capri, Ceilan (que ahora se llama de un modo que no se deletrear), las Celebes, ?quien sabe? De modo que, Kit, querida mia, me temo que estamos abandonandote…

Al parecer, Margaret le habia quitado la pluma de los dedos y escribio:

?Y un cuerno te abandonamos! Cuando encontremos nuestra isla magica tu vas a ser nuestro primer invitado.

Proseguia entonces su padre:

Segun habras podido adivinar por esa decidida correccion, Margaret y yo nos hemos

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