– No me lo preguntes. No puedo decirlo. En cuanto al viejo, pregunta numero uno: ?Sabe como cuidar del chico?

– ?Espera a verlo!

Cualquiera que fuese el significado de la ceremonia para el viejo Costa, para Ethel constituyo el rito de despedida de su hijo.

La vieja iglesia se desmoronaba por carecer de bingo. El viejo sacerdote peludo tambien se habia deteriorado. Hubo un momento en que todos advirtieron que la vista le habia fallado completamente. Se habian dirigido en grupos por el pasillo central de la iglesia hasta una fuente de cobre martillado instalada sobre un tripode. Una mujer vieja la habia llenado con agua caliente, arremangando despues el habito del sacerdote. Dispuesto, el religioso alargo las manos hacia Ethel.

– ?Que es lo que quiere? -susurro ella a Costa.

– Quiere el pequeno -respondio Costa. Costa era quien tenia el nino.

– No le dejes caer, hijo viejo de una zorra -murmuro al ministro de Dios cuando le entrego el nino desnudo.

– Y que puebles la tierra con griegos -dijo el viejo sacerdote concluyendo. Mas tarde, mientras los acompanaba hasta el auto, hablo del porcentaje de nacimientos de los turcos-. Se reproducen como ratas - comento.

Ethel condujo a los hombres de regreso. En Tarpon Springs, Costa la mando detenerse al lado de la plaza, diciendo que queria ir a la tienda de licores. Pero lo que realmente deseaba era caminar, lenta y gravemente, llevando a su nieto, cruzando el kentron, en donde los ancianos de la ciudad se reunian cada tarde. Ethel y el oficial que el habia dado a la Marina de los Estados Unidos caminaban detras de el.

Compro vino de Oporto, es decir, lo escogio, y Teddy lo pago con el dinero que Ethel deslizo en su mano. En casa, Costa lo saboreo a placer, sosteniendo al pequeno dormido en su regazo.

– Que viva para sus padres -fue su brindis.

Ethel vio que Teddy iba a portarse debidamente con el chico. Habia traido un paquete entero de «Polaroids».

Se excusaron pronto. Costa abrazo a Ethel como un amante al darle las buenas noches.

– Me has hecho hombre feliz -le dijo, acariciandole el rostro.

Teddy vio que Noola miraba a otro lado.

– Lo se -le dijo Ethel cuando estuvieron solos-. Noola me odia.

– ?Crees realmente eso?

– Lo se. Actua de la manera en que se la ha ensenado a comportarse, discretamente, no importa lo que suceda. Pero nunca me perdonara.

– Entonces lo que estas planeando hacer es la unica solucion. Desaparece. ?Vete!

Ethel quedo sorprendida al oirselo decir tan sencillamente.

En su habitacion solo habia una cama, la del capitan Theo. Teddy la sostuvo en sus brazos, pero no se excito. Ahora tenia una chica, le conto.

– La viste aquella vez que viniste, y te gusto. ?Te acuerdas de aquella chica que penso que tu eras muy bonita? Tambien es aspirante a oficial y tan ambiciosa como yo mismo.

?Finalmente! Para progresar en la Marina, quiero decir. Creo que ahora tengo lo que necesito. Finalmente.

Planearon su divorcio.

– No, no me toco -Ethel le dijo a Petros cuando lo llamo por telefono desde una cabina a la manana siguiente. Iba de camino al aeropuerto con Teddy.

– ?Dormisteis en la misma habitacion? -inquirio Petros.

– Si -y mintio entonces-, pero hay dos camas y… oh, al diablo con todo eso, Peetie. Nunca te he dado el derecho de hablarme de ese modo. No estamos casados.

Y colgo.

– No estare aqui la proxima vez que vengas -le dijo a Teddy al volver al auto.

Antes de separarse, Ethel entrego a Teddy doscientos dolares de sus ahorros.

– ?No los necesitaras? -pregunto el.

– Te podria dar mas -dijo Ethel-, pero tu padre ahora no tiene ingresos, ya lo sabes. De modo, sea adonde sea que yo vaya, tendre que enviarle dinero todas las semanas. Es decir, tan pronto como encuentre un empleo.

Teddy la beso.

– Algun dia te lo devolvere, por el y por mi -dijo.

Ethel le acompano hasta la puerta.

– La noche pasada tome una decision -dijo Ethel-. Voy a decirles, a los dos, que voy a irme.

– Eso va a resultar explosivo. ?Quieres que yo y un par de marineros vengamos ese dia? No estoy bromeando.

– No quiero recibir ayuda de nadie para salir de este trance -dijo ella-. O de ninguno mas. Especialmente eso es lo que no quiero.

– Bueno… ?he de decirlo? Buena suerte. Realmente te quiero – dijo Teddy.

– Episis -dijo Ethel, vocablo griego que significa «igualmente», una de las pocas palabras griegas que ella habia aprendido.

Mientras le contemplaba cruzar la puerta y perderse de vista, Ethel presintio que estaba perdiendo su ultimo refugio.

Aquella noche Ethel durmio en su cama. Sola. Desperto con un plan. Aquella misma manana daria aviso a la propietaria. Eso le daria un plazo de dos semanas para deshacerse de todo lo que poseia, guardando unicamente lo que pudiera meter en la gran maleta que su madre le habia dejado. Todo lo demas, lo dejaria fuera de su vida.

– He avisado que dejo el apartamento -le dijo a Petros. El habia estado esperandola, dispuesto a dar la gran batalla-. Saldre de alli dentro de dos semanas.

Petros habia estado tenso; ahora estaba apaciguado.

– Dentro de dos semanas -Ethel prolongaba el engano-, celebraremos una fiesta en tu apartamento. Estaremos alli juntos. Y todos lo sabran.

– Todos lo saben ya. Solo tu no lo sabes.

– Lo se. Se lo dije a Teddy ayer mismo.

– ?Entre folladas? -Teddy tiene otra chica.

– Eso nunca detuvo a ningun griego.

– El unico que no lo sabe es Costa.

– Yo se lo dire.

– Por favor, Peetie, deja que yo lo haga a mi manera. Yo voy a decirselo a Costa. Por favor.

Mirandole ahora, con sus labios apretados como un corte de cuchillo a medio cicatrizar, bajo el gran hueso de la nariz, Ethel se convencio de que cuanto antes se fuese, mucho mejor. Petros era una persona peligrosa.

A pesar de ello, habia decidido decirselo e iba a hacerlo. Y tambien a Costa. No se avergonzaria nuevamente de si misma.

No obstante, continuo fingiendo con Petros, haciendole creer en su mentira, hablandole de Mexico, del guacamole y de las margaritas, y de cuan feliz ella lo haria en las noches tibias y suaves, en los vestidos que ella se compraria, amarillos, rosados y blancos, y nada triste, decia, nada azul.

Hasta que, finalmente, Petros se dejo envolver en la fantasia.

– ?De acuerdo! -dijo-. Asi se hara. Tal como dices. Primero una fiesta y entonces ?Mexico! Tranquilos y felices. Te dare alli todo lo que se te antoje.

– Gracias -dijo ella-. Oh, Peetie, muchas gracias.

Вы читаете Actos De Amor
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату