Ethel no creia en milagros, pero empezo a desear que ocurriera uno. Sus fantasias sobre desastres se hicieron mas frecuentes y mas intensas. Hacia su vida, sin pensar en «nada», cuando, de repente, imaginaba una escena sangrienta con Costa: Costa estaba acuchillandola por todas partes, tal como Ernie hizo con su chica. O -y esto se le ocurrio el mismo dia- ella estaba encerrada en una habitacion, con Petros, que acababa de descubrir los planes de Ethel para marcharse. O, lo mas horrible, que el nino habia sido destruido por Noola, que habia descubierto de quien era.

Estos intensos pensamientos lugubres que le llenaban de pronto la mente, golpes psicologicos instantaneos, llego un momento en que se amontonaban uno encima de otro.

– Miss Laffey, ?quiere usted acercarse un momento, por favor?

Una voz, medio recordada. Robin Bolt estaba en la cubierta posterior del Sara, rodeado por su personal. Queria cambiar un cheque y mientras escribia las cifras pregunto a Ethel:

– ?Has pensado alguna vez en mis sugerencias?

– Mister Bolt, se lo agradezco mucho, pero realmente no podria.

– Empezaria en seguida, inmediatamente, digamos a trescientos cincuenta la semana. Si resultara ser buena en el trabajo, pronto ganaria una cifra considerable.

– ?Como podria ser buena en el trabajo? Mis pechos no varian.

– No estoy precisamente interesado en sus glandulas. La mayoria de tetas jovenes pueden tener inmejorable aspecto dentro de uno de nuestros productos. Es el contraste lo que me interesa.

– ?Que contraste?

– Usted tiene… Emil, escucha. -Hablo con un ayudante que estaba dibujando.- Yo iba a decir que ella tiene poitrine de una concubina real del siglo dieciocho. ?Que te parece eso para dar nombre a una nueva linea? ?Concubina Real! ?No? De acuerdo. -Se volvio de nuevo hacia Ethel. – Y la cara de un angel de Tintoretto. Ese contraste, entre tu busto, que es voluptuoso, y tu rostro, que es un cebo seguro de pureza, puede resultar, creo yo, altamente comercial. Dariamos enfasis a tu cara, y cubririamos tus pechos con uno de nuestros mejores modelos. A proposito, ?son mas o menos como eran antes del acontecimiento?

– No los he mirado. -Ethel se echo a reir. – Profesionalmente, quiero decir.

– Ven a mi camarote.

– Oh, no, gracias. Gracias, mister Bolt, pero realmente no.

Aquel mismo dia, mas tarde, Ethel estuvo fantaseando sobre una vida de trescientos cincuenta dolares a la semana.

Al dia siguiente se decidio. Primero se lo diria a Costa. Costa era el menos peligroso.

– Me marcho de aqui -le diria-. ?No es hijo de tu hijo! -le confesaria finalmente. A continuacion se lo contaria todo, cerraria los ojos y se lo confesaria. Cuando el dijera: «No lo entiendo», ella empezaria a contarselo de nuevo. Y cuando el dijera: «No te creo», ella lo repetiria. Y cuando el comenzara a palidecer y temblar y dar bufidos, ella se lo diria una y otra vez, y de nuevo, y despues le pediria perdon.?No! ?A la mierda! Ella no habia hecho nada malo; ?no pediria perdon a nadie!

Despues de Costa, Petros. Ese si era peligroso.

Entonces ella contaria los hechos a todo el mundo, a cualquiera que deseara escucharla, a cualquiera que se lo pidiera. ?Que gran descanso, quitarse ese peso de encima!

Las causas que la habian inducido a obrar como lo hizo, habian sido honorables. Incluso generosas.

Sus actos eran merecedores de agradecimiento. Y no todo lo contrario.

?Finalmente! Estaba ansiosa para que la verdad saliera a la luz.

Alguien la gano por mano.

22

A quien Costa nunca perdonaria en la vida, era su mujer.

Solo el hecho de verla, en su nueva independencia, lo ponia furioso. Cuando Noola regresaba a casa, del trabajo, Costa le volvia la espalda. Si Costa estaba en su cuarto cuando ella regresaba a casa, el daba un puntapie a la puerta para que ella oyese el portazo.

Ethel habia adivinado los sentimientos actuales de Noola. Pero, ya que Noola habia sido influida por la independencia de Ethel, esta confiaba que ella pudiera sentir finalmente un poco de admiracion, hasta un poco de gratitud.

Pero no era asi. Noola pensaba que Ethel habia destruido a su familia.

Ultimamente habia hallado un nuevo motivo para odiar a la joven.

Una de las mujeres companeras de trabajo tenia una prima que cada dia dedicaba media jornada para limpiar el apartamento de Petros frente al golfo. Ella fue quien conto a Noola lo que estaba sucediendo.

Noola penso que ello era un castigo para su esposo. Acepto la invitacion para cenar y pasar la noche con la mujer cuya prima trabajaba para Petros, y llamo a Costa por telefono para decirle que aquella noche no iria a casa.

– Si te quedas fuera esta noche -dijo Costa-, no vuelvas a casa manana.

– Lo que tu digas -respondio Noola.

Pero al dia siguiente… ?adonde podia ir? Nadie deseaba tenerla como huesped. Estuvo pensando en buscarse un apartamento para ella sola, o una habitacion amueblada cerca de la fabrica, pero no estaba preparada todavia para eso. De modo que no tenia humor al llegar a casa para oir a Costa diciendo que la unica mujer que habia hecho algo por el en toda su vida era Ethel: Ethel le habia dado un nieto.

– Anda, ve a escuchar lo que estan contando de ella -respondio Noola.

– ?No hables mas de la cuenta! -rugio Costa-. No insultes lo que ha quedado aqui, ?puta!

– Es tu querida hija politica la puta -dijo Noola. Costa la abofeteo.

– Limpiare el nombre de ella de tus sucias companeras de trabajo -dijo, dispuesto a abofetearla de nuevo.

– Es mejor que primero lo limpies de ella misma -replico Noola.

Cuando Costa la golpeo nuevamente, Noola cayo en una silla y se quedo alli, dispuesta a defenderse del ataque que sabia estaba proximo.

– Yo no vivo contigo -grito Costa-. ?Vete!

– Vete tu. ?Yo hice esta casa tanto como tu! Si no quieres vivir conmigo, vete a vivir a otra parte.

Entonces Noola le conto simplemente lo que habia oido decir. Costa dijo que no creia ni una palabra de todo ello; era la malicia femenina la que hablaba, anadio.

– ?Por que no esta viviendo con Teddy? -pregunto Noola-. Tu sabes que ella deberia estar con el; he oido que se lo decias a ella muchas veces. ?Por que crees que ella esta viviendo aqui?

Costa no respondio. Durante un largo rato estuvo mirandola como si Noola estuviera traicionandolo. Dejo vagar entonces la mirada y salio de la habitacion.

Una hora y media mas tarde, Noola le oyo hablar por telefono, ordenando a Aleko que viniera en su auto a la plaza de la villa.

Diez minutos despues salia de la casa, llevandose al chico.

Era la ultima hora de la tarde, la hora en que los ancianos se reunian en el kentron, para chismorrear.

Costa se sento apartado, en un banco de piedra, sosteniendo al nino en su regazo.

Cuando vio que Aleko se acercaba en el auto, se dirigio hacia el. Abrio la puerta posterior del auto, envolvio al bebe en una manta y coloco la otra en el asiento posterior, acomodando al nino para dormir. Cogio entonces la llave de manos de su amigo y cerro las cuatro puertas.

Cogio entonces a Aleko del brazo y lo condujo al centro del circulo de bancos y arbustos en el corazon del parque.

Вы читаете Actos De Amor
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату