La primera cuestion era: ?cuanto dinero necesitaria? ?A quien pediria que hiciera el viaje, y si no podia pagarlo lo haria el, Costa? ?Y que mas deberia pagar?
Durante los dias siguientes, Costa hizo poco mas que permanecer sentado en casa, poner mala cara, murmurar y maldecir, garabatear nombres y cifras en las bolsas de papel marron para comida.
– ?Estas enfermo? -le pregunto Noola finalmente.
– Yo nunca estoy enfermo -le respondio Costa-. Anda, ve a la tienda y no me molestes.
– De pronto te has vuelto muy raro -dijo Noola mientras se iba.
Noola no queria decir «raro», pero tenia razon. Algo extrano le estaba sucediendo a Costa. Era una suerte que el y Noola hubieran decidido, hacia ya anos, dormir en habitaciones separadas. Dos veces, durante la primera semana despues de su regreso, Costa tuvo que levantarse en mitad de la noche para limpiar de sus sabanas el testimonio de sus sentimientos «pecadores».
Durante el dia, utilizando el telefono, organizaba a los peregrinos para la hejira al Oeste: la esposa de su difunto hermano y familia, su hermana y familia, sus dos mejores y mas viejos amigos y sus esposas. Todos lo reconocieron como jefe del clan, estaban dispuestos a hacer el viaje, pero, como Costa ya habia supuesto, indicaron claramente, con las excusas del caso, que el deberia hacerse cargo hasta el ultimo centimo de todos los gastos, incluyendo vestidos nuevos para las «chicas».
– No os preocupeis -pronuncio Costa en esta ocasion historica-. ?Yo lo pagare todo!
Cuando hubo hecho la suma, Costa solicito un prestamo al Banco. Le fue negado. En un impulso, hipoteco «Las 3 Bes», ignorando las objeciones histericas de Noola.
– Estas tirando nuestro dinero -le dijo ella-. ?Que es lo que sucede… que es lo que te esta volviendo loco? Iremos unicamente tu y yo. ?Suficiente! Voy a decirlo a todos cuando regresemos.
– ?Cuantos hijos me has dado? -replico Costa.
Unos dias mas tarde Costa pudo refunfunar que ella y su gorda cunada se habian dado una condenada prisa en comprarse lujosos vestidos nuevos. ?Hablando de tirar el dinero!
– ?Quieres que tenga buen aspecto, verdad? -pregunto Noola.
– Ponte aquel vestido negro, tienes suficiente buen aspecto.
Noola no acepto esta observacion como un cumplido.
Sentado en un banco en la plaza publica, el sol en el rostro, rodeado por sus amigos, Costa comentaba:
– Me cuesta una fortuna, quiza mas, pero lo que ellos hacen sera continuar mi nombre. ?Que hay mas importante, os pregunto yo?
Nadie supo responderle.
Nueve semanas de tiempo pueden tener cualquier duracion.
En este caso no fueron muy largas, porque todos estaban intensamente ocupados.
Ethel, una «recluta femenina» en el campo de reclutas en un extremo del continente, nunca habia trabajado fisicamente con tanta dureza en toda su vida. Continuamente se sentia demasiado cansada para emprender el viaje que deseaba hacer hacia el Sur, a Mangrove Street, para conocer a su suegra. Se intercambiaron breves notas, en papel «Hallmark», se anticiparon expresiones de carino.
Pero Ethel nunca se sentia demasiado cansada por la noche para escribir a su prometido, largas cartas. Se lo contaba todo. Al propio tiempo, no habia nada que contar. Ethel vivia sola, en mente y en cuerpo, y por Dios, por primera vez en su vida, se complacia en ello.
Cuando volviera al Oeste, ella seria, le decia a Teddy, un aprendiz marinero.
– Espera a verme en mis
Teddy, altamente confiado por las cartas de Ethel, llenas de adoracion, se entrevisto con el oficial de la base encargado de los servicios de educacion, para informarle de que ya no le satisfacia ser un suboficial, de tercera clase, y queria ascender.
El hombre cuya ayuda Teddy estaba solicitando estaba sentado junto a su despacho, apoyado en los dos brazos como si estuviera en un barco zarandeado por la tempestad. Conocido como
– Necesito su ayuda, senor -dijo Teddy.
– ?Cuales son tus estudios? -El oficial de educacion acabo de escribir una palabra.
– Universidad junior. Un ano. Lo deje.
– ?Por que?
– No podia pagarlo. Y, para confesar la verdad, no me importaba en absoluto.
– ?Cual es la diferencia ahora?
– Voy a casarme.
– ?Cuando?
– Dentro de siete semanas.
El oficial de educacion suspiro. Estaba mirando su crucigrama.
– ?Que sucede, senor?
– ?Crees tu que una luna de miel es momento adecuado para estudiar?
– Yo no necesito luna de miel, senor.
El oficial de educacion sonrio y comenzo a rellenar una palabra.
– ?No me cree usted? pregunto Teddy.
– ?Y por que deberia creerte? ?Quien es tu esposa? ?Tu futura?
– Esta en Orlando. Un recluta femenino. Esto fue idea de ella. Esta entusiasmada.
El oficial de educacion alzo la cabeza.
– ?Quieres decir que no vamos a permitir que nuestros camaradas de apendice-partido intervengan en nuestros proyectos de trabajo?
– Lo que quiero decir, senor, es que yo no voy a permitirlo. Si usted me ayuda, voy a estudiar hasta que se me caigan los ojos. Digame nada mas lo que debo aprender y en donde conseguir los libros.
– Mi experiencia es… -el oficial volvio a mirar su crucigrama- que los que abandonaron una vez vuelven a hacerlo.
– ?No sere yo! -Teddy habia alzado su voz.- ?Quiere usted, senor, que le ayude a resolver ese crucigrama? Asi podremos hablar durante un minuto. Necesito su ayuda.
El oficial sonrio ante el enojo de Teddy.
– Voy a decirte la verdad. -Se echo hacia atras. – En este momento no me gusta que entren nuevos jovenes en servicio. Nunca se les ha pedido que piensen. Asi que, ni saben hacerlo, ni nunca aprenderan.
– Ahora esta usted hablando conmigo, senor.
El oficial asintio, sin conviccion, pero algo impresionado. Le dijo a Teddy que el primer obstaculo estaba en pasar los examenes universitarios. Superados, podia solicitar el ingreso en alguna de las Universidades que ofrecian entrenamiento a los oficiales de la reserva naval.
– Muy pronto podre decirte hasta donde llega tu formalidad -dijo.
– Someto a su observacion mi trabajo.
– No sera por el trabajo. Observare a tu esposa, cuando la conozca.
La influencia de Ethel habia causado efecto incluso en su padre. El doctor Laffey habia encontrado una nueva amante, de treinta y pico de anos.
– Me ha hecho sentir como un cervatillo en primavera -dijo a su hija por telefono.
Cuando llego el dia, Costa se presento para la ceremonia (con su mismo traje de pelo de camello negro), trayendo a remolque lo que el doctor Laffey describio despues como una delegacion para una convencion de fonducho grasiento. Ethel estuvo recibiendo besos de personas que le habian sido presentadas tres minutos antes, todas las cuales exhalaban ese olor peculiar, pero no desagradable, de Costa.
Teddy les habia buscado alojamiento en un motel con derecho a cocina, cerca de Saint Spiridon, convenciendo al gerente de que para los griegos era un habito normal que cinco hombres durmieran en una habitacion y cinco mujeres en otra. Estas habitaciones contiguas, rebosantes de paquetes de comida y de maletas,
