– ?Zorra!
– No puedo evitarlo. ?Eres tan rudo! No puedo evitar el provocarte. ?Y eres tan infantil!
– En que quedamos, ?como soy?
– Ambas cosas. Y por eso te amo. Te amo. Te amo de verdad. Y nunca, nunca, ame a otro. Y nunca lo hare.
– Habiame mas y te soltare.
– Tu eres el unico, el mas importante, ?tu!
– Sigue.
– Lo mas divertido es que estoy diciendo la verdad. Unicamente que no entiendo como es que en una cama normal, corriente…
– Esta no es una cama normal y corriente. Esto es una asquerosa vejiga vieja que ha soportado las mil prostitutas del puerto.
– Pero es divertido. -Ethel se solto y dio la vuelta.- ?Por que no puedes…?
– No puedo agarrarte bien. Y tengo que perseguirte por esa mar retozona.
– Eso es lo que yo quiero. Que me persigas. ?Persigueme!
– Y cuando te cojo, no hay fondo solido contra el que apoyarse.
– ?Cuando encuentras algo contra lo que empujar, terminas demasiado pronto!
Teddy la cogio otra vez, pero ella se le escapo de entre las manos y Teddy se quedo rodando de un lado al otro, exagerando y riendose.
– Siento odio por esta vieja barriga pendulante -dijo-. Cuando nos vayamos de aqui voy a clavar mi navajita suiza de acero inoxidable en su flaccido costado y lo dejare escurrirse hasta la muerte. ?Oh, Dios, Dios mio!
– ?Que sucede, mi vida? -Tengo tanto sueno.
– Ven aqui. Deja que mamaita te sostenga.
Teddy se acerco a Ethel. Ella le aprisiono la cadera entre las piernas y apoyo la cabeza en el rincon suave entre su cuello y el hombro.
– Teddy, ?no podriamos quedarnos aqui? -dijo-. En vez de una luna de miel, que realmente no deseo. ?Teddy, no podriamos?
– Estar aqui cuesta cuarenta dolares por dia -dijo Teddy- que multiplicado por treinta dias suma mucho mas de lo que ambos ganamos en un mes en la Marina. Mira, tu tienes una semana antes de que empiecen tus clases. Busquemos un sitio, quieres, que nos cueste como maximo doce dolares. Esto nos dejara algun dinero para comer despues de pagado el alquiler. Ahora tu dispones de tiempo para buscar un apartamento. Porque, una vez hayas comenzado tus estudios, no lo tendras. ?De acuerdo?
– Soy tu obediente esposa griega.
Cuando Teddy llego a casa tarde al dia siguiente -termino la luna de miel de un dia y medio; el habia vuelto a sus estudios- Teddy encontro a Ethel esperandolo en su auto.
– Hemos cambiado de casa -le grito ella por el hueco de la ventanilla de su auto cuando el se acerco en su propio coche.
– ?Adonde?
– Sigueme.
– ?Cuanto nos va a costar? -fue la primera pregunta que Teddy hizo sobre su nuevo domicilio.
Estaba de pie en la ventana, en el primer piso, mirando al otro lado una colmena identica de dormitorios enfrente de la que ellos estaban. Abajo habia la piscina de la comunidad, utilizada en aquel momento, al parecer, por todos los ocupantes de los moteles gemelos.
– Dieciocho cincuenta al dia -dijo Ethel-. ?Que te parece?
– Mejor -respondio el.
– Ahora mira.
Teddy se volvio y vio a los pies de Ethel, con la abertura ampliamente abierta, el bolso que la tarde anterior estaba lleno de botellas, frascos y tubos. Ethel le dio la vuelta al reves. Estaba totalmente vacio.
– Y he dado de baja mi cuenta de credito en el almacen. ?De acuerdo?
– No tenias por que hacer eso -le dijo el-. Por el amor de Dios, yo estaba bromeando. Lo siento.
Pero le dio un beso de agradecimiento.
Y se sintieron muy felices.
El hecho de que Ethel sintiera odio por ese lugar no significo nada para ella.
El primer dia en la vida de una pareja de recien casados que termina sin el cumplimiento de un acto de amor, es un dia incompleto, causa de extraneza y especulacion privada por ambas partes.
Habian transcurrido dos semanas y cinco dias. Ambos disfrutaban de ese sentido de seguridad que proporciona el encerrarse en una rutina. Ajenos a la sujecion de tener que escoger, cada manana se informaban con una rapida mirada a la hoja mimeografiada, de adonde tenian que ir, primero, despues y mas tarde; lo que debian hacer alli cuando llegaran, y en el caso de Ethel, las lecciones que debia aprender.
El sabado en que terminaba su tercera semana de entrenamiento, Ethel decidio meterse en la cocina. En el reducido espacio de la cocina, dos quemadores y un fregadero en el rincon, solo cabia una persona. Preparar alli una cena con carne resultaba una proeza acrobatica. Habian estado comiendo abajo, en el bar del motel, y un par de veces se arreglaron en la habitacion con comidas preparadas para excursion. Ethel sabia que Teddy opinaba que ese sistema era caro, pero no diria nada al respecto porque, como ella, era demasiado feliz para arriesgarse a turbar el equilibrio privado entre los dos.
Aquella manana Ethel solo habia tenido una clase. Siguio despues una larga formacion de marcha en todas direcciones por las soleadas plazas de la base en sus «azules», con pausas para recibir instrucciones, correccion, y, ocasionalmente, reprimendas, formuladas despectivamente por un robusto jefe instructor. Para escapar de su atencion critica, Ethel se las arreglo para confundirse en medio de la aglomeracion de chicas. Tan pronto como la marcha termino, corrio a casa, se ducho, ordeno las cosas y procedio a sus compras. Por telefono.
Tan pronto como Teddy llego, Ethel corrio hacia el con un vaso de cerveza fria que ofrecio con un beso y la informacion de que se quedarian a comer en casa.
– Carne -le dijo-. No te acerques a la cocina.
Tambien tenia espinacas congeladas y cebollas fritas a la francesa congeladas. Habia leido cuidadosamente las instrucciones e igualmente habia sacado del flamante libro de cocina
Teddy murmuraba algo desde el otro cuarto.
– Me he encontrado con uno de tus instructores. Me ha dicho que lo estas haciendo muy bien.
– Solo es cuestion de memorizar -respondio Ethel-. Listas. Siempre he tenido una memoria rapida.
– Comprension y apreciacion de las funciones basicas de la democracia, ?verdad? Sistemas y tradiciones de la Marina, ?eh? La cosa se pondra mucho mas dificil, ya veras.
– Lo se.
Teddy fue a la cocina y se coloco detras de ella.
– ?Y que hay de tus notas de condicion fisica?
– Dijo que yo estaba a la cabeza de los pesados. Es su modo de entender una broma.
Teddy le alzo la falda, ajusto su mano a la parte inferior del vientre de Ethel y la atrajo hacia el.
– Teddy, estoy cocinando.
– Y yo tambien. Deja que esa carne espere. No la pongas al fuego todavia.
– Justamente acabo de poner la tuya. Te gusta bastante hecha, ?verdad?
– Sacala. Ya la pondras despues.
– Teddy, he comprado una buena cena; he trabajado toda la tarde para prepararla. Dejame ir. No hemos comido en casa durante toda la semana y tu mismo estabas grunendo el otro dia por este motivo. Asi que ahora vamos a tener una buena comida. Y tambien tengo vino.
– ?Y que voy a hacer con esto? -pregunto, embistiendola con impetu.
– Toma una ducha.
– No necesito una ducha. -Se alejo.- Hoy te he visto paseando por la base -dijo-, desde la ventana del oficial de educacion.
