Los recien casados pasaron la noche en «Breakwater Inn», un motel. Unos anuncios de neon palpitaban en el frente y a los lados. «El lugar donde permanecer, el lugar donde jugar» se proclamaba en caligrafia verde. Y debajo, en caracteres mas modestos: «Colchones de agua disponibles, si
El alivio del orgasmo les hizo dormirse inmediatamente. A la primera luz matutina, Ethel se deslizo entre los cobertores y excito a su marido. Despues se durmieron otra vez.
Cuando llegaron al lugar en donde se habia celebrado la fiesta, ya eran las dos y la gente de Costa habia desaparecido, adelantandose a la hora de dejar el alojamiento tomando un vuelo anterior. El gerente del hotel se quejo amargamente del ruido de la noche anterior y de la suciedad que habia quedado. Un billete de veinte consiguio cerrarle la boca.
De regreso a su habitacion, sentados en el colchon de agua, abrieron sus regalos. El sol de la tarde caia sobre el vestido de boda de Ethel, que ella habia arrojado sobre una silla la noche anterior. Algunos de los invitados habian prendido billetes de cinco y de diez dolares en la falda; la fresca brisa de la bahia los hacia aletear.
Ethel encontro un juego de te para dos importado de Jamaica, una gran bandeja de mimbre con frutas confitadas, dos monstruosas esponjas de Rock Island, una caja gigante de caramelos praline de la medida de platos, y…
– ?Justo lo que necesitamos! -exclamo al desenvolver una lamparilla de mesa hecha de conchas.
– Eh,
Teddy leyo la nota: «Queridos hijos: El anexo es para ayudaros a recorrer vuestro placentero camino. Venid a visitarnos pronto. Os queremos.»
Teddy entrego el cheque a Ethel. Era por dos mil dolares.
Ethel lo miro como si se tratara de una curiosidad. Despues lo rompio.
– ?Que estas haciendo! ?Kit! ?Que demonios estas haciendo?
– No voy a aceptar mas dinero de el.
– Bueno, pero tambien era para mi. Decia: «queridos hijos».
Ella asintio, pero no le respondio. Estaba abriendo una caja que contenia un juego de mantel y servilletas, bordado a mano.
– ?Quieres mirar este bordado? -dijo-. ?Oh, los ojos de esa pobre chica! ?No hay nada de tu padre?
– Cuando me despedi me dio esto. No un regalo, sino un consejo.
– ?Que fue?
– Convierte esta mujer en esposa griega, pronto, hijo mio, sigue mi consejo.
– Pues adelante, estoy dispuesta. Haz de mi una esposa griega.
– De acuerdo. Pero, ?por que demonios rompiste ese cheque?
Ella estuvo pensando un momento, y entonces le dijo:
– En cierta ocasion tuve un amigo, Aaron, un muchacho judio que…
– ?Querras dejar en paz a todos tus viejos amigos,
– No, realmente no. Nunca. Aaron solia repetirme un viejo dicho favorito de su padre: «Si aceptas con una mano, antes o despues vas a tener que dar con la otra.» Yo no voy a aceptar nunca mas ni un centimo de nadie. Ni de ti. Cuando se acepta dinero, el que lo da adquiere poder sobre ti.
– ?Pero estara bien si yo lo acepto de ti, verdad?
– Oh, si. Yo quiero tener poder sobre ti.
Ella lo embistio, haciendole caer encima de la cama, que se agito a su alrededor en gruesas olas. A horcajadas encima del cuerpo de Teddy, Ethel lo retuvo prisionero.
– Ahora mismo voy a darte por el valor de tus mil dolares -dijo.
– Pero si acabamos de hacerlo ?por amor de Dios!
– Eso fue por la manana. ?Lo quiero otra vez! Oh, Dios, ?eres tan miedoso! Vamos Teddy, haz de mi una esposa griega con tu herramienta griega gruesa y grande.
– Vas a tener que esperar, nena, porque no es gruesa ni grande. Esta descansando.
– Entonces voy a lavarme la cabeza.
– Te la lavaste ayer.
– Pero esta manana me la has empapado con tu fluido.
Salio rodando de la cama hasta el suelo, gateando hasta un rincon de la habitacion en donde habia todas sus pertenencias, todo lo que se habia retirado para llevar aquel dia que hizo la gran pila de vestidos que no quiso, guardadas dentro de una vieja maleta de cuero que su madre le habia dado, usada ya. Habia tambien dos bolsas de viaje. Abrio la que le convenia, y mientras el la observaba, revolvio entre el contenido. Se oyo un tintineo de cristal y un meneo de plastico. Al no encontrar lo que estaba buscando, Ethel dio la vuelta a la bolsa encima de la cama y vacio su coleccion de auxiliares para la
– ?Jesus, cuantos chirimbolos! -exclamo Teddy.
– ?Nunca habias visto nada parecido, eh? Creias que yo era una belleza natural con una complexion que no necesita de ayudas. Como una de esas modelos del jabon «Ivory» de la television o…
Teddy la interrumpio.
– He de hablarte de algo.
– ?Sabes que aqui tengo cosas que ya habia olvidado? ?De que?
– De un presupuesto. ?Todo eso debe de haberte costado una fortuna!
– Supongo que si.
– Bueno, en la Marina, tu… es decir, nosotros… no podremos permitirnos este tipo de ostentacion.
– Teddy, acabamos de casarnos. ?No podemos dejar pasar unos dias sin hablar de presupuestos?
– Muy bien, de acuerdo. Hasta la proxima semana. -Cogio un frasco.- ?Es esto lo que estas buscando? ?Un champu natural con equilibrado pH nacido de la tierra? ?Con sabor a fresa?
– No. Pero servira.
– Aqui hay frambuesa, tambien, si prefieres frambuesas. ?Con esto que haces, te lavas el cabello o te lo bebes?
Ethel cogio el frasquito, y lo sostuvo entre los dientes mientras desabotonaba su blusa.
– ?Que es esto? ?Jabon para los pies? ?Necesitas un jabon especial para los pies? ?Que eres tu, alguna especie de Roman secreto?
Dejando caer su falda, Ethel quedo desnuda.
– ?Donde esta tu biquini?
– Se supone que las chicas no llevan bragas cuando estan de luna de miel. ?Nadie te ha dicho eso, griego?
Ethel desaparecio en el cuarto de bano.
Le gustaba el agua muy caliente. Teddy vio aparecer pronto vapores que flotaban escapando por debajo de la puerta.
Se tendio en la cama y penso en su felicidad. Se habia casado con una chica llena de vigor: sin sostenes, sin bragas, siempre
dispuesta, luchadora y llena de espiritu… ?vaya esposa! No le importaba que hubiera roto el cheque, se dijo. Realmente no queria sentirse obligado hacia el doctor Laffey por los dos mil dolares.
Se le ocurrio sorprenderla en la ducha y demostrarle lo feliz que le hacia.
Empapados, agotados de nuevo, y tan felices como era posible serlo, descansaron en el colchon de agua, haciendolo rodar como el mar.
– Desearia -dijo Ethel- que aprendieras a disfrutar del amor en una cama. Quiero decir una cama ordinaria, comoda. Cualquier lugar raro, no hay modo de detenerte. ?En una ducha? ?Paf! ?Bang! En un auto con mi cabeza apretada debajo del volante, en una fiesta haciendo una escapada al piso superior, con preferencia en el cuarto de los ninos con un bebe durmiendo en la cuna, en el ropero de un restaurante durante una tormenta, en una clase diez minutos antes de que entren los estudiantes, en el piso de la plataforma de un autobus escolar abandonado, en el retrete de un «Boeing 707» volando sobre Albuquerque… ?oh no! Ese fue otro. Lo siento.
Teddy se volvio y se puso encima de ella, rodeandole la garganta con las manos.
– ?Sueltame! – grito ella-. Me estas estrangulando prematuramente. Espera a que haga algo malo.
