pene para que pareciera todo lo largo que fuese posible.
– Sabes, yo tambien soy muy valiente -le dijo a Ethel el siguiente lunes. Habia estado leyendo sobre los toros del domingo.
– ?Realmente, lo eres? -pregunto Ethel.
– ?Como puedes dudarlo? Solo lo menciono porque realmente es una falta. Es la causa de todas mis cicatrices. ?Has notado las cicatrices de mi cuerpo?
– Solo esa de tu hombro.
– Yo tengo, corazon mio, cinco grandes cicatrices en mi cuerpo. Nadie ha dejado de notarlas antes. Estoy sorprendido, mi tesoro, de que tu no las hayas visto. Pero, naturalmente, cuando hacemos el amor, tu te contemplas a ti misma, y no a mi. ?Sabes lo que eres?
– Dimelo. He estado considerandolo.
– Una narcisista. ?Es asi como lo dices? Esto es lo que tu eres.
Ella no le replico.
Una semana despues, Arturo le hizo un regalo, un registro que habia grabado, sin que ella lo supiera, de su acto de amor. Por la parte de el resultaba ciertamente un ejercicio impresionante y dramatico: aquel dia, su voz tenia un gran registro. A ella casi no se la oia.
– ?Lo ves? -le dijo Arturo-. Tu no tienes el orgasmo.
Ethel sabia lo que habia estado queriendo que ella hiciera, pero ahora ya no fingia. Adivino que cuando Arturo decidio abandonarla, fuese cual fuera la razon que dio, el motivo real era el que ella no le respondiera como el creia que ella debia responder.
– Notaras tambien -continuo Arturo- que yo gozo de la experiencia a pesar de tu frialdad. Te regalo esta cinta para que siempre me recuerdes.
Ethel se preparo para el rompimiento, vigilando con maligna curiosidad como se las arreglaria Arturo para provocarlo.
Al dia siguiente, tuvo lugar la siguiente conversacion:
– Ignacio Alvarez me estuvo hoy preguntando otra vez por ti -dijo Arturo. El senor Alvarez era el ejecutivo de la compania encargado del personal y los puestos, el hombre que habia contratado a Ethel-. Dice que en el mismo momento en que te vio supo que tu tenias que ser un miembro de nuestro pequeno circulo. Desde entonces no ha transcurrido ni un solo dia en que Nacho no me pregunte como va nuestro asunto. Creo que esta esperando que tu te canses de mi.
– ?Te refieres a ese hombre pequeno que lleva lentes? ?Esta esperando?
– Si. Ese de los lentes gruesos. Es la persona realmente inteligente de nuestra oficina, y por tanto, la unica que quiza podria comprenderte. Admito que su aspecto es de animal de oficina, a lo mejor de profesor de ciencias, pero el hecho de que no pueda ver claro sin la ayuda de esos lentes no representa un obstaculo en su vida personal. Algunas de las amigas que hemos compartido me han dicho que ese hombre es un jefe en el dormitorio y que esta equipado con un sable excepcional.
– Tengo el presentimiento -dijo Ethel- de que estas tratando de hacerme circular.
– ?Como puedes decir eso, mi vida? Sencillamente se trata de que te des cuenta de todas las posibilidades y de la desolacion que causas en el alma de los hombres.
Un par de dias despues estaba de nuevo recomendando a Ignacio Alvarez.
– Parece un hombre de calma imperturbable -dijo-, pero algunas que han tenido experiencia intima con el me han informado de que posee elementos de exuberancia combinados con un terror sexual del tipo que atrae a las mujeres reservadas. Es posible que sea el el tipo exacto que consiga liberar tu orgasmo…, eso que siento embarazo al confesar que yo no he podido conseguir.
– No dejes que eso te preocupe -dijo Ethel-. A mi no me preocupa.
– Bueno, ?quien sabe? Se me ha ocurrido que a lo mejor, con el tiempo, desearas conceder su premio a Nacho. ?Sabras apreciar que le debes tu empleo? ?Y que te lo dio en un momento en que no necesitabamos mas secretarias? Naturalmente, el cometio entonces el error de presentarnos. Pero, ?no ha sido suficientemente castigado por esa equivocacion? A pesar de esa larga y dolorosa espera, estoy seguro, mi tesoro, de que el nunca ha perdido la esperanza, de que el ha sido, en su alma, mas que fiel hacia ti.
Ethel cambio el tema.
– A proposito, ?no crees que ahora rne he convertido y a en una excelente secretaria? -pregunto.
Arturo trajo de nuevo el tema anterior.
– Hasta tus enemigos lo dicen. Nacho me confio el otro dia que esta considerando un aumento de tu salario.
Cuando se hizo evidente que todas esas insinuaciones habian fallado, Ethel espero que Arturo abordaria directamente el asunto. Asi lo hizo el. Le dijo a Ethel que su mujer, Isabel, habia descubierto sus relaciones.
– Para mi es un desastre -dijo Arturo-. Estoy tristemente enamorado de ti. Pero ahora… sabiendolo Isabel… se ha hecho imposible. ?Me sigues Ethel?
– Eres tu quien me sigues, Arturo.
– Probablemente me morire sin ti. Muy pronto, eso es seguro, parecere mucho mas viejo.
– Oh, vamos -le dijo Ethel-. Puede ser un desastre, pero lo sobreviviras. -«?Quien habla como un hombre ahora?», se pregunto a si misma mientras se colocaba encima de el.
– He llegado a la conclusion de que solo te gusto por mi cuerpo -dijo Arturo despues que hubieron hecho el amor-. Ethel, ?me escuchas?
– Siempre.
En realidad, cada vez le resultaba mas dificil prestarle atencion. Cuando Arturo le hablaba, alargandose mas de una o dos frases la mente de Ethel divagaba. Arturo la aburria.
– Naturalmente -prosiguio Arturo-, no podemos permitirnos pensar en algo permanente, ?no es asi, mi vida? De otro modo la vida se convertiria en una serie de desilusiones, ?no tengo razon?
– Claro. Dime, entonces. Cuando yo me vaya, ?que haras tu?
– Trabajar, trabajar, trabajar.
– ?Y que mas?
– Jugar al badminton, reanudar mis ejercicios, restaurar mi cuerpo.
– ?Y que mas?
– Cuidare de mis hijos. Hare compania a mi hijo. Por tu causa, he privado de mi compania a mi hijo.
– Oh, lo siento. ?Y que mas?
– Sere un buen esposo.
– ?Por cuanto tiempo?
– Hasta que crea llegado el momento… -Se echo a reir interrumpiendose.
– ?El momento para que?
– Para encontrar otra amiguita.
– ?Y entonces?
– Le dire «?por que no eres como Ethel?», y le pegare.
– No, no lo haras.
– Puedo hacerlo. Hasta puedo matarla.
– Y dime, ?traeras aqui a mi sustituta?
– Si. Y del mismo modo que mi esposa ha descubierto nuestro asunto y nos ha proporcionado un disgusto tan grande, igualmente ella descubrira lo de la proxima.
– La proxima vez podrias ser mas discreto.
– Esa vez que te llame por telefono desde mi dormitorio… ya sabia yo que era una locura, especialmente con mi mujer dentro de casa.
– Pero eso ya habia sucedido antes. Tu me lo dijiste. Con otra.
– Si. Parece que nunca aprendo la leccion.
– A lo mejor es que te gusta que te descubran.
– ?De que estas hablando? No soy un masoquista.
– Bueno, ahora, antes de que nos separemos, dime: ?valia la pena toda esa intriga?
– ?Como puedes hacerme esa pregunta? Un minuto de nuestro amor valia por todo. Ademas, ?que otra cosa podia hacer? Yo vivo para el amor.
