– ?Hacer el que?

– Todo. Ensenar la carta a Martha despues que tu te hayas marchado. Consultar con un abogado e intentar que no diga nada. Y hacer lo que haya de hacerse en la casa…

– ?Lo harias de verdad? ?Hacerte cargo? Te estaria tan agradecido…

– Podria quedarme aqui algunas semanas para ver si… para ver lo que ocurre, si es que ocurre algo.

– ?Que quieres decir?

– Quiero estar sola algun tiempo. No me hagas preguntas.

– Me harias un favor tan grande, Kit. No quiero ese maldito mobiliario. -Dio un puntapie al escritorio.- Ni tan solo mi viejo despacho. Vende todo lo que me ha dejado. No voy a seguir viviendo en esta comunidad. Para mi esta envenenada.

– ?Los caballos?

– Vendelos. Solo me preocupa como vas a vivir…

– Me he convertido en una excelente secretaria. No te preocupes por mi.

– Oh, gracias, gracias -dijo Ed, y la beso-.Vamos, tomemos otro trago. ?Donde aprendiste a beber la tequila sola, Kitten?

– En Mexico. Tuve un amante en Mexico. El me enseno.

– ?Tuviste un amante?

– Si, escogi a un amante. Fue enteramente porque quise.

– ?Un mexicano?

– Indio en parte. Muy educado, muy rico. Para ser exactos, era su esposa, como ocurre muchas veces, la que era rica.

– ?Vas a volver alli? -El doctor le dio la tequila.- Aqui tienes la lima.

– Y la sal, por favor. No. Creo que el no me proporciono lo que yo necesitaba.

– Quieres decir que no te gusto.

– Me gustaba, si. Y tambien los otros. – Ethel bebio, cerro los ojos y bebio otra vez.

Ed Laffey rio nerviosamente.

– ?Que otros?

Ethel no respondio.

– ?Adonde iras ahora? A Florida, naturalmente.

– No, no creo que lo haga, por lo menos durante algun tiempo. Alli tengo una deuda que he de pagar, pero… No ire durante algun tiempo.

– Hable con Teddy. Me llamo por telefono y queria saber donde estabas. Dijo que si aparecias lo llamara inmediatamente. ?Quieres que lo llame?

– No.

Una semana mas tarde, Ethel pudo convencerse de que no estaba embarazada.

Cuando visito al ginecologo, este le dijo que algunas veces se tardaba algunos meses en escapar del poder de la pildora.

– Sigue intentandolo -le dijo a Ethel.

Pocos dias despues, Ethel se despedia de su padre y de Margaret en el avion que se iba a San Francisco y al Japon. Se despidio de su padre con un beso, y se mostro igualmente afectuosa con Margaret.

Ed se habia convertido en un extrano a quien ella deseaba buena suerte.

Al dia siguiente llamo a Martha por telefono, concertaron una entrevista, llamo a un abogado por telefono, concertaron una entrevista, fue al centro de la ciudad, y se entrevisto con ambos. Los dos ocultaron su sorpresa o su extraneza, si es que la sintieron.

Ethel disponia de una semana para esperar sus dias fertiles. Dia tras dia, estuvo viendo la disposicion final del lugar de su infancia, se aseguro de que todo quedaba en perfecto orden, tal como Emma hubiera deseado, limpio y dispuesto para el Saguaro Garden Club.

A ultima hora de una tarde se presento en la cabana de Ernie, como solia hacer antiguamente, sin ser invitada ni esperada.

Encontro a Ernie terriblemente cambiado, con muestras de ansiedad e irritacion en su rostro. ?Y por que? Queria a otra persona mas de lo que ella le correspondia. Ernie continuo hablando y hablando, contando a Ethel sobre esa persona. Lo sinvergonzona que era, su promiscuidad, como podia adivinar el en donde habia estado o adonde tenia intencion de ir, lo que estaba tramando hacer y con quien.

Esa muchacha estaba tratando a Ernie del mismo modo que el habia tratado a todas las demas.

Al dia siguiente -habian transcurrido dos semanas desde su llamada- Ethel decidio escribir a Teddy.

– Mi padre me dijo que habias llamado -escribio Ethel-. Si alguien quiere saber cuando regresare, diles que no lo sabes. Porque yo no lo se. O di que de nuevo estoy haciendo uno de mis actos de desaparicion. ?De acuerdo? Regresare cuando este lista. Creo que es importante para uno hacer un autoexamen de vez en cuando, decidir lo que se desea ser, y no lo que se es, como se desea vivir, y no como se ha vivido, lo que se quiere para uno, y no lo que la gente desea para uno. En otras palabras, volver a tener interes en si mismo.

– Creo que esto es lo que yo estoy haciendo.

Firmo con su nombre sin despedirse amorosamente.

Escribio una posdata.

Sugiero que tu hagas lo mismo. No soy la chica adecuada para ti. Quiza lo sea alguien como Dolores, a lo mejor tu tenias razon cuando se lo dijiste. Seguramente en donde estas encontraras a alguien que se sentiria orgullosa de ser la esposa de un oficial y de pasar su vida cuidandolo.

Y otra.

Dile a Costa que lo recuerdo respetuosamente todos los dias.

Despersonalizo a Ernie, e hizo el amor con el, fria y mecanicamente. Monto encima de el, lo introdujo en su cuerpo, y despues, con el ritmo lento y regular de un pozo de petroleo, lo bombeo hasta dejarlo seco; espero a que se cargara de nuevo y volvio a bombearlo hasta secarlo otra vez.

Cuando Ernie intento invertir sus posiciones, Ethel no se lo permitio, separando las rodillas de tal modo que el no pudo darle la vuelta. Cuando Ernie se quejo de esto, ella le dijo que se callara y la jodiera.

Como Cambere y Arturo Uslar, Ernie estaria contento cuando ella se marchase.

Una manana, mientras estaban en la cama, se presento la amiguita de Ernie.

Ethel se quedo asombrada. La chica debia de tener diecisiete anos, pero su aspecto era de trece, candido.

– ?Quieres que me vaya yo o que se vaya ella? -pregunto.

– Mujerzuela -le dijo Ernie-. ?Donde has estado? -Parecia algo asustado.

– No es asunto tuyo.

Ernie salto de la cama, y totalmente desnudo, la persiguio.

Ethel utilizo la puerta trasera para escapar. Lo ultimo que vio fue la cara de Ernie, que sangraba a consecuencia de profundos aranazos.

A la manana siguiente se dirigio al Banco en su «Mercedes» blanco, saco todo su dinero, lo metio en su bolso, y llevo entonces el auto al representante de la «Mercedes» y le pidio que lo vendiera en nombre de ella.

Eso fue el final.

?Adios, Tucson! El avion ensancho su vuelo en un cielo monotonamente azul, dejando atras un enorme desmenuzamiento de roca rojiza y pardusca. Descendio cruzando las nubes compactas y blandas y aterrizo en medio de una intensa lluvia. Tampa.

Ethel estuvo pensando como saludaria a Teddy. Teddy formaba parte del proceso «podria ser cualquiera»; y si fuese posible, ella preferia que fuese con Teddy. No sabia si el querria ir ahora a la cama con ella, pero sospechaba que si lo haria, y ella tambien, sin sentir ninguna culpa.

Su pequeno alojamiento en Bradenton le parecio agradable. No habia nadie.

Cuando llego a la darsena, la lluvia ya habia cesado, pero por encima del agua se agitaba la neblina y de los aleros de la oficina caian gotas gruesas.

Al acercarse, Petros abrio la puerta de la oficina y saco la cabeza. Estaba mirando un grupo de chicas adolescentes que corrian por uno de los embarcaderos, largos y estrechos. Tenian empapados sus vestidos.

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