– Pero tu no amas a tu mujer y vuelves siempre a casa.
– ?Como puedes decir eso? Yo quiero mucho a mi mujer. Solo a ella.
– Bueno, entonces haces lo que debes, librandote de mi.
– ?Quien sabe? Pero tengo que reconocer que solo hay cosa peor que estar solo, y es ser pobre. No debo permitirme olvidar que mi Isabel es propietaria y controla en buena parte la mayor proporcion de acciones de nuestra compania.
– Tu tambien posees y controlas un buen bocado.
– Pero ella tiene mas.
La verdad era que Arturo Uslar, al transcurrir las semanas, habia descubierto en Ethel una fortaleza a la que no estaba acostumbrado y que no le gustaba.
«En su alma, Ethel es un hombre -asi es como se lo planteaba-. Y en amor, Ethel es fria.» Naturalmente, Arturo nunca podria perdonar a Ethel el que no le correspondiera, como habian hecho tantas otras, con un volcan de sentimiento. Se sintio aliviado al terminar el asunto.
Ethel fue a su encuentro para la que debia ser su ultima cita. Cuando abrio la puerta con su llave, no encontro a Arturo, sino sentado en su puesto, sonriendo ansiosamente, los ojos engrandecidos por sus gruesos lentes, al senor Ignacio Alvarez.
– Esta manana Arturo ha recibido la orden de emprender el largo viaje hasta Monterrey, en donde tenemos nuestra fabrica -dijo el senor Alvarez-. Me dijo que te transmitiera el gran disgusto que se ha llevado, tan grande, que le ha impedido estar aqui contigo esta ultima vez. Me ha enviado en su lugar recomendandome que lo haga lo mejor que pueda.
Sus lentes reflejaban una luz deslumbrante.
Ethel no quiso profundizar mas en el gran disgusto de Arturo.
Empaqueto lo que tenia de su propiedad en el nido de amor sobre el Parque Chapultepec, se despidio cordialmente de Ignacio, devotamente fiel, y se fue.
Al dia siguiente, no fue a la oficina. Escribio una nota de tres frases a Arturo y la deposito en el correo.
Desaparecio despues.
18
– Tengo malas noticias -dijo Ed Laffey. Habia recogido a Ethel en el aeropuerto y entonces estaban tomando un trago en la terraza en donde Emma Laffey solia cenar de su bandeja-. Es el testamento de tu madre -dijo-. Aqui esta, voy a leertelo. -Del bolsillo de su chaqueta de sarga saco una carta femenina, papel rosado, escrita en trazos alargados.- Debo aclararte que la encontre -dijo Ed-. Muy raro. Hasta ofensivo.
– ?Como podria mama haber escrito algo que resultara ofensivo para nadie? -pregunto Ethel.
– Ya lo veras. Es en forma de carta para Martha. ?Te acuerdas que te hable de Martha? ?Y de mi?
– Si, me acuerdo -dijo Ethel.
Ed se coloco sus medios anteojos y, controlando su ofensa o su ira, Ethel no pudo adivinar cual de las dos cosas, comenzo a leer:
Ed dejo la carta.
– La firmo -dijo- y llamo a Diego, el mozo del establo, y a Eddie, el reparador de televisiones, para que sirvieran de testigos. Aqui estan sus firmas. Este es un documento legal.
– ?Y por que estabas tan indignado? -pregunto Ethel mas tarde. Caminaban en la ultima luz del atardecer por el jardin de cactus que Emma habia querido tanto-. ?A causa del dinero?
– No. Aunque supongo que, inconscientemente, contaba con el. Alcanza en su conjunto a mas de un millon de dolares. Y no es la casa. Ya estoy harto de la casa. Es su carta, tan llena de odio hacia mi. Yo no tenia ni idea de que…
– Pero, ?que es lo que tu esperabas? Mama no era imbecil. Y tenia que hacer algo con su colera. ?Lo has dicho ya a los del Club Garden?
– Queria que tu vieras el testamento antes de hacerlo.
– Por mi estoy de acuerdo.
– Esta carta me ha inquietado -dijo Ed-. Por ejemplo, no se la he dado a Martha. ?Tengo que hacerlo? Supongo que si. Mejor que se la de yo que un abogado. En esta comunidad lo mas seguro es que corra la voz. Supongo que no deberia preocuparme. Pero… maldita sea, es molesto que mi esposa me odiara durante toda su vida y que yo…
– Yo lo hare por ti.
