– Bebe, Elphame -grito el-. He hecho lo que me has pedido. Ya solo puedes salvar tu vida cumpliendo la Profecia. ?Bebe!

Ella comenzo a mover los labios contra su piel y bebio. Abrio los ojos de golpe y tenso la boca contra el pecho de Lochlan, mientras la sangre de los demonios entraba en su cuerpo. Al principio solo percibio un sabor metalico, pero despues comenzo el calor. Estaba bebiendo de la lava de un volcan, pero no podia apartarse por mucho que lo deseara. El calor la seducia. Llenaba su cuerpo y le acariciaba el alma con el poder hipnotico de la locura y la oscuridad de una raza entera. Las heridas de sus brazos se secaron y se cerraron solas. Entonces, su mente se lleno de pensamientos ajenos.

«Sangre… Nunca es suficiente… Deberia dejarlo seco… Deberia beberse la sangre de todos ellos, y comenzaria a formar su propio ejercito… Seria en parte diosa, en parte demonio… Primero debia matar a Lochlan… Matar al traidor…».

?Matar a Lochlan? ?Matar a su companero?

Su propia conciencia se abrio paso entre los susurros de los demonios y, con un jadeo, aparto la boca del pecho de Lochlan. Se alejo de el a gatas y, con un sentimiento de panico, se percato de que el charco de sangre que cubria el suelo y su cuerpo era su propia sangre. No. La sangre que cubria el suelo ya no era la suya, porque la suya estaba irremediablemente mezclada con la de los demonios.

«Ahora es un demonio… Tiene que aceptarlo».

– No escuches los susurros oscuros -le dijo Lochlan entre jadeos, y se desplomo en el suelo, palido y mareado-. ?Lucha contra ellos, Elphame!

– ?Elphame? -le dijo Cuchulainn, acercandose lentamente a ella con los brazos extendidos-. Ven conmigo -le pidio. Elphame no respondio, y a el se le quebro la voz-. No puedes dejarme tu tambien, hermana mia. No podria soportarlo.

Al oir aquella expresion de carino, Elphame se estremecio. La oscuridad que ella habia aceptado en su cuerpo era la causante de la perdida de Cuchulainn. Y ahora, ella formaba parte de aquello… «Si». Las voces se revolvieron en su mente y en su cuerpo, como si tuviera cientos de insectos bajo la piel. «Si… Sientenos… Oyenos… Ahora somos tu».

– Ya no soy tu hermana. No puedes ayudarme.

Elphame no reconocio el sonido de su propia voz. No reconocio las caras de la gente que la rodeaba. Sus pensamientos, y sus recuerdos, se fragmentaron, y todo comenzo a hundirse en la marea oscura que latia en ella. Giro por el suelo y se encontro con el viejo centauro.

– Llama al espiritu de las piedras -le dijo Danann-. Te ayudara.

Ella nego con la cabeza. No, los espiritus ya no responderian a su llamada. Estaba sola, perdida en la locura.

«Ten calma, Amada. Yo nunca te abandonare».

Aquellas palabras recorrieron su cuerpo, y Elphame se aferro a ellas como si fueran su tabla de salvacion.

– ?Epona! -sollozo.

Al pronunciar el nombre de la diosa, noto un temblor en el cuerpo, y una idea se abrio paso en su mente. Debia confiar en si misma. Lucho contra el miedo y la oscuridad, y se puso en pie.

Se tambaleo hacia delante, y el clan se abrio para que ella pudiera acercarse a la fuente que estaba en mitad del patio. Miro la cara de la muchacha de marmol, su antepasada, y el primer rayo de sol de la manana la acaricio. Con una mano limpia y suave, el rayo hallo el broche de La MacCallan y le arranco una luz brillante. Elphame busco en aquella luz, busco y encontro su herencia, la fe, la fidelidad y la fuerza del amor que no podia ser usurpado por la maldad oscura. El dia amanecio como un faro de esperanza, y Elphame recordo quien era, y al saberlo, la oscuridad se marchito y se encogio, y tuvo que retirarse de la luz cegadora de la confianza y el valor. Los susurros malvados desaparecieron, se convirtieron en el recuerdo de un eco.

Como si acabara de despertar de un largo sueno, puso los brazos manchados de sangre bajo el agua de la fuente, y observo como desaparecian las manchas. Despues echo la cabeza hacia atras y dejo que la luz pura de la manana de Epona le lavara la cara. Un grito comenzo a formarse en su interior, y salio de ella hacia las murallas, que lo hicieron rebotar hasta que las voces jubilosas, primero la de su hermano, despues la de su esposo, y despues las del clan, lo repitieron.

– ?Fe y fidelidad!

Con una sonrisa de triunfo, Elphame se desvanecio y cayo en el suelo de marmol, dandole la bienvenida a la paz de la inconsciencia.

Capitulo 38

Elphame oyo la voz de su madre en mitad de sus suenos.

«Ojala hubiera sido mas facil para ella».

«Lo se, Amada».

En aquella ocasion, Elphame reconocio al instante la voz de Epona.

«Yo tambien hubiera preferido que no hubiera tenido que pasar por esa agonia, pero el camino de tu hija nunca ha sido facil. Ahora entiendes que las dificultades del pasado la han preparado para enfrentarse a su destino».

«Lo ha hecho bien, ?verdad?».

«Muy bien. Estoy orgullosa de ella».

Elphame sintio felicidad al oir aquella alabanza.

«Su camino seguira siendo arduo», dijo Epona. «La mayoria del clan de los MacCallan aceptara a Lochlan y a su gente por amor a ella, pero el resto de Elphame no sera tan facil de conquistar».

Su madre suspiro.

«Entonces, ?me permites ahora que vaya a su lado? Por lo menos, asi podre formalizar su matrimonio con el». La voz de su madre se entristecio. «Y Cuchulainn necesita el consuelo de una madre».

«Ve con ellos», respondio Epona. «Pero no te sorprendas si descubres que el dolor de Cuchulainn es mas grande de lo que puede calmar una madre…».

La respuesta de su madre se acallo mientras Elphame emergia del sueno. Se dio cuenta de que estaba entre unas sabanas muy suaves, y noto la luz contra los parpados. Abrio los ojos lentamente.

Por el rabillo del ojo vio una forma, y al girar la cabeza, distinguio a Lochlan. Estaba sentado junto a la cama, y tenia la cabeza inclinada hacia delante. Estaba dormido. Ella se lo bebio con la mirada. El todavia tenia las marcas de los golpes, pero su piel habia perdido la palidez de la ultima vez que ella lo habia visto, cubierto de sangre…

Entonces, lo recordo todo. Por un instante, el panico le atenazo el estomago. Escucho en su interior, temiendo que oiria la voz de la locura y la maldad a traves de su sangre manchada. Sin embargo, los susurros no llegaron. Solo hubo algo vago, como si fuera un sueno olvidado. Y supo que llevaba la locura de una raza, pero que el amor y la confianza habian vencido a su legado de maldad.

«Debes permanecer alerta contra la oscuridad durante toda tu vida, Amada». La voz de Epona invadio su mente. «Pero recuerda que yo siempre estare contigo. Tienes la marca de la Diosa».

Elphame debio de emitir algun sonido involuntario en respuesta, porque Lochlan abrio los ojos y le tomo la mano.

– ?Cuchulainn! -grito.

Casi al instante, su hermano estaba junto a Lochlan.

Cu tenia unas profundas ojeras y una barba incipiente. Elphame tuvo la sensacion de que su hermano habia envejecido una vida.

– Estas horrible -dijo Elphame con la voz chirriante.

Cuchulainn sonrio y Lochlan se rio de alivio, con una carcajada parecida a un sollozo. Ella los miro a los ojos y carraspeo antes de hablar nuevamente.

– Bueno, veo que ninguno llevais cadenas y no teneis heridas nuevas. ?Debo asumir que habeis aprendido a llevaros bien?

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