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La tormenta de nieve que estaba paralizando Paris todavia no habia alcanzado Suiza y la noche era fria, llena de estrellas y con la luz palida y plateada de la luna reflejada sobre las aguas del lago Neuchatel y sobre el paisaje que lo rodeaba.
– Mira. -Alexander sonrio y solto una bocanada de aire. El vapor se quedo alli quieto, congelado en el aire como si fuera el globo de dialogo de una vineta infantil.
Rebecca se rio e hizo lo mismo y su bocanada se quedo flotando como la anterior de Alexander hasta que, sencillamente, desaparecio.
– ?Puf! -se rio el, antes de tomarla de la mano y seguir paseando con ella como habian hecho hasta entonces, por la orilla helada del rio, ambos abrigados con largos abrigos de vison, con gorros y guantes tambien de vison.
A cierta distancia detras de ellos paseaban Gerard y Nicole Rothfels, acompanados de la baronesa, elegante y despierta a sus cincuenta y seis anos, que, como el resto, disfrutaba del paseo y del aire tonificante antes de cenar, mientras observaba a Alexander y a su futura esposa. La hermosa joven que era el amor de su vida y para la cual habia adquirido y luego regalado la finca Jura.
La joven a la que conocia desde hacia casi cinco meses, a la que adoraba y por la que era adorado, la muchacha tan brillante y llena de entusiasmo, y cuyo aprendizaje de varios idiomas ella habia orquestado cuidadosamente y supervisado personal y secretamente. Ella era la responsable de que ahora Rebecca hablara frances, italiano, espanol y ruso casi con fluidez y se estuvieran convirtiendo en idiomas casi naturales para ella, lo cual le permitia, como en el caso de la baronesa y Alexander, cambiar del uno al otro a voluntad.
La formacion de Rebecca dirigida por la baronesa no acababa con los idiomas. En varias ocasiones habia invitado a Rebecca a su apartamento de Zurich, donde, haciendo el papel de tia rica, la llevaba de compras y la invitaba a cenar, lo cual le permitia aplicar ensenanzas suplementarias: la instruccion en estilo y presencia personal sobre que ropas ponerse y cuando, y como llevarlas; la manera de peinarse y de maquillarse, su seleccion, color y aplicacion; como andar y comportarse; saber a quien, cuando y como hablar. La baronesa animaba a Rebecca a sonreir mas sin perder la fragil vulnerabilidad que la hacia tan atractiva para los hombres de cualquier edad. La instruia personalmente sobre las intimidades del amor, sobre la manera de estar con un hombre, socialmente y en privado, de cuidarle, mimarle o reprenderle. Y sobre la manera de hacerle el amor, aunque sabia que Rebecca seguia siendo virgen. A medida que la baronesa veia avanzar el romance entre Rebecca y Alexander, iba tranquilizando a la muchacha para que cuando llegara su noche de bodas ella tomara las cosas sin miedo y con naturalidad, complaciendo a su esposo y disfrutando ella misma mas alla de lo esperado, tal y como la baronesa habia gozado y habia complacido a su marido en su propia noche de bodas.
Las ensenanzas, las lecciones, habian tenido lugar durante un periodo de cinco meses escasos, un periodo en el que habia visto a Rebecca cada vez mas enamorada de Alexander. El resultado final habia sido casi extraordinario; en tan poco tiempo Rebecca se habia transformado desde poco mas que una canguro americana aninada e insegura hasta una joven bella, desenvuelta y segura de ella misma, una mujer con los requisitos y las bases necesarias para formar parte de la aristocracia europea de sangre azul.
El telefono movil de Nicole Rothfels solto un chirrido amortiguado dentro de su bolsillo.
–
– Volved a la casa -rio Alexander-. Estaremos alli dentro de quince.
Nicole Rothfels sonrio y miro a la baronesa.
– El amor tiene su propio reloj -dijo la baronesa a media voz, con el aliento, como el de los otros, como el de Alexander, como una nube flotando en el aire helado. Entonces ella, Nicole y Gerard Rothfels dieron media vuelta y volvieron paseando hasta la calidez de la casa iluminada a lo lejos.
Alexander observo como el paso seguro de la baronesa se los llevaba rapidamente bajo la luz de la luna.
«Baronesa», la habia llamado el desde que aprendio a hablar.
«Carino», lo habia llamado ella desde que tenia uso de razon, ya que sus vidas habian estado intimamente ligadas buena parte de la suya. Sin embargo, con toda la estima que le tenia, en toda su vida habia un solo ser humano al que habia amado de verdad: Rebecca.
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– Si, si… por favor, deletreeme el nombre en ingles. -Kovalenko estaba encorvado, con el movil en una mano y garabateando en una libreta de espiral con la otra. Lenard estaba al otro lado de la linea, dandole informacion sobre el asesinato de Zurich.
Marren permanecia mas atras, esperando, sin saber que iba a hacer Kovalenko. De momento no le habia mencionado a Lenard nada de Marten, ni del disquete de Halliday, ni de que habian comparado las huellas digitales encontradas en el coche de Dan Ford con las de Raymond Oliver Thorne. Por lo que Marten podia oir, su conversacion giraba unicamente alrededor del cuerpo encontrado en Zurich y en los datos suplementarios que el policia frances habia reunido sobre sus circunstancias.
– Bueno, tal vez sea nuestro hombre y hayamos tenido suerte, o tal vez no, ?eh? Tal vez sea otro loco con una navaja o un cuchillo. -Kovalenko miro a Marten y luego volvio a mirar al telefono y a las notas que estaba tomando.
Marten sabia que Kovalenko ya le habia sacado practicamente toda la informacion que podia, de modo que, ?por que no entregarlo a la policia francesa? Desde el punto de vista legal y profesional era lo que habia que hacer, y eso eliminaria cualquier sospecha que Lenard pudiera tener de que Kovalenko se habia llevado la agenda de Halliday de su habitacion de hotel, como Marten habia sugerido en broma, si el asunto volvia a aparecer mas tarde. Pero, y este era un gran «pero», Kovalenko todavia no habia mencionado ni a Marten ni las huellas digitales, y esto lo intrigaba.
– Ire a Zurich personalmente -dijo Kovalenko, inesperadamente-. Quiero ver el cuerpo y el lugar en el que fue hallado… Si, ya lo se, el tiempo. Los aeropuertos estan cerrados y los trenes apenas funcionan. Pero es importante que llegue cuanto antes. Si es nuestro hombre y ha trasladado su actividad a Suiza, tenemos que estar encima de el… ?Como? Ire en coche. ?Puede conseguirme un buen vehiculo con traccion en las cuatro ruedas para conducir con nieve?
De pronto, Kovelenko se puso derecho desde su anterior postura encorvada y miro a Marten.
– Por cierto, Philippe, nuestro amigo el senor Marten esta en Paris. De hecho, ahora mismo esta conmigo.
Marten se sobresalto. Al final, Kovalenko lo entregaba a Lenard. Eso significaba que ya podia olvidarse de encontrar a Raymond y que ahora deberia concentrarse en impedir que la policia francesa descubriera su identidad.
– Parece ser que sigue muy afectado por el asesinato de su amigo. Ha vuelto al apartamento de la rue Huysmans y alli se encontro con la agenda del detective Halliday… si, la agenda, eso es… Ya se que sus hombres lo han registrado todo. Tal vez deba usted preguntarles como ha sido que no la han encontrado. En cualquier caso, en algun momento le habia dado mi numero de movil al senor Marten y me ha llamado, y yo lo he pasado a recoger. Desde entonces me ha estado contando historias que Dan Ford sabia de las investigaciones en Los Angeles. Puede que haya mas cosas que descubrir, de modo que me lo llevo conmigo.
– ?Como? -exploto Marten.