Parecia no importarle demasiado a nadie que la politica establecida relegara su figura a un papel meramente simbolico. Era el sentimiento del nombramiento lo que era magico, lo cual, por supuesto, era el motivo principal por el cual se habia decidido restaurar la monarquia. Desviar la atencion del pueblo ruso de la realidad que los rodeaba -la pobreza, la corrupcion, la criminalidad urbana, el levantamiento rebelde de los estados secesionistas- se habia convertido en una especie de elixir que ahora lo llevaria a adquirir una conciencia nacional de la esperanza y el orgullo que representaban la juventud y el encanto de un Camelot ruso, una imagen perfecta de la alegria y la felicidad y de la manera como la vida podia y debia ser.
De pronto Alexander dejo el menu y miro a su secretario privado.
– ?Tenemos la lista revisada de invitados?
– Acaban de traerla,
Alexander la cogio y se acerco al gran ventanal, por el que entraba una agradable luz del sol, para revisarla. Aparte de muchos otros detalles, era la lista de invitados, examinada y retocada varias veces, lo que mas le interesaba.
Podia sentir como el corazon se le aceleraba y el sudor se le acumulaba en el labio superior mientras analizaba las paginas. Habia un nombre en particular que no dejaba de reaparecer, y cada vez que lo veia pedia que fuera borrado. Estaba seguro de que lo habian hecho, pero queria asegurarse.
Pagina diez, once. Miro hasta el final de la pagina doce y luego giro a la trece. Ocho lineas mas abajo y…
– ?Oh, Dios! ?Maldita sea! -mascullo entre dientes. Seguia alli.
NICHOLAS MARTEN.
– ?Por que sigue en la lista Nicholas Marten? -dijo en voz alta, sin ocultar su ira. Todas las secretarias levantaron la vista a la vez. Murzin tambien lo hizo-. Nicholas Marten esta muerto. Pedi que borraran su nombre. ?Por que sigue aqui?
Igor Lurkin se le acerco.
– Lo habiamos borrado,
– Pues, entonces, ?por que vuelve a aparecer?
– La futura zarina,
– ?La zarina?
– Si.
Alexander aparto la vista y luego miro a Murzin:
– ?Donde esta ahora?
– Con la baronesa.
– Quiero verla, a solas.
– Por supuesto,
Alexander vacilo. La queria lejos, aislada de cualquier otra persona.
– Que la lleven a mi despacho del Kremlin.
19
Rebecca ya estaba alli cuando el llego. Permanecia sentada en una butaca de respaldo alto frente a una pared tapizada del ornamentado salon rojo y dorado que habia sido el estudio privado del zar Mikhail y que Alexander habia decidido adoptar como suyo.
– ?Querias verme? -le pregunto, con voz tranquila-. Estaba a punto de almorzar con la baronesa.
– Queria hablarte de la lista de invitados, Rebecca.
Seguia queriendola llamar Alexandra. Como Rebecca no tenia sangre real ni era merecedora de convertirse en la esposa del cabeza de la familia imperial, pero como miembro de la realeza europea, como Alexandra, hija del principe de Dinamarca, si lo era. Sin embargo, respetaba sus deseos y, ademas, Rebecca era como el mundo la conocia.
– Ordene que sacaran el nombre de tu hermano; tu has hecho que lo vuelvan a poner. ?Por que?
– Porque vendra.
– Rebecca, se lo dolorosa que fue su muerte para ti y para todos nosotros, lo mucho que todavia nos rompe el corazon. Pero la lista de invitados se convertira en un documento publico y no puedo permitir que un hombre del que todos saben que ha fallecido, y de quien el forense de Davos firmo un certificado de defuncion oficial hace casi dos meses, este invitado a la coronacion. No solo seria una muestra de mal gusto, sino que tambien llamaria a la mala suerte.
– ?Mala suerte? ?Para quien?
– Solo… mala suerte. ?Me he expresado con claridad? ?Lo comprendes?
– Haz lo que quieras con esa lista. Pero el no esta muerto. Lo se aqui -dijo Rebecca, mientras se tocaba el corazon-. Y ahora, ?me puedo marchar? La baronesa me esta esperando.
Los ojos de Alexander se clavaron en los de Rebecca. Debio de haber dicho si o de asentir con la cabeza porque ella, al cabo de un instante, se volvio y se marcho.
Que su recuerdo de haberla visto realmente abandonar el estudio fuera impreciso resultaba comprensible, puesto que su mente ya estaba concentrada en otra cosa, en algo que habia sentido antes pero nunca con tanta intensidad como ahora. La primera vez que lo recordaba fue durante la busqueda del cuerpo de Marten, cuando estuvieron rastreando las orillas horas y horas cerca de Villa Enkratzer y no encontraron ni rastro de el. Le sucedio de nuevo durante el servicio funerario en Manchester. Era una ceremonia sin feretro y solo una suposicion de muerte. La ceremonia fue celebrada solo despues de que Alexander hubiera convencido a lord Prestbury y a lady Clementine de la importancia de dar un final simbolico a la muerte de Marten, alegando que queria ahorrarle a Rebecca mas dolor del que ya habia sufrido.
Su testaruda negativa a aceptar el hecho de la muerte de su hermano cuando se encontraban en el coche, inmediatamente despues del servicio, volvio a tocarle la fibra sensible. Y mas tarde, cuando ella insistio en seguir pagando el alquiler de su apartamento de Manchester. Y su desafio, que continuaba todavia ahora, semanas mas tarde y de manera tan publica entre su personal, con la lista de invitados. Y otra vez aqui, cuando el la acababa de amonestar y ella, sencillamente, ignoro la lista de invitados y en cambio subrayo su confianza reiterada en que Nicholas seguia vivo.
La conviccion de Rebecca lo inquietaba ahora mas que nunca, corroyendolo y retorciendole las entranas. Podia verla como una mancha negra en una radiografia, con su raiz diminuta y fibrosa empezando a apoderarse de sus organos, como una enfermedad que empezaba a extenderse. Y con ella, una sola nocion.
Miedo.
Miedo a que Rebecca estuviera en lo cierto y Marten siguiera con vida y estuviera en alguna parte, mirando hacia Moscu. Tal vez todavia sin actuar, pero pronto, cuando su cuerpo estuviera recuperado de las cuchilladas y los golpes que habria recibido al caer al rio. ?Que pasaria si Marten aparecia y exponia su identidad real, quien pensaba y podia demostrar que era Alexander? ?Y que ocurriria si, como resultado, Alexander fuera repentinamente apartado de la luz publica? La version oficial seria que habia caido enfermo de pronto y que eso lo incapacitaba para reinar. ?Y que ocurria si,
Un latido ritmico le empezo a golpear la boca del estomago. Era una sensacion distante, hasta leve, pero que sin embargo alli estaba, como un metronomo que imitaba el latido de su corazon.
