manera, haberse hecho despues con el arma del crimen? Y luego, sabiendo claramente quien era el autor del asesinato -y como uno de los amigos mas antiguos de Peter Kitner- no conto nada a la policia y le entrego a su amigo tanto el arma como la filmacion, de los que Kitner le pidio que fuera el custodio.

?Y era posible que Neuss, sabiendo quien era realmente Kitner, de manera discreta y clandestina, y con el permiso de este, divulgara aquella informacion a los cuatro miembros de la familia Romanov que vivian en America y lejos de la tragedia parisina? Haciendoles prometer el secreto, ?podia haberles pedido que fueran los custodios de las llaves de la caja fuerte, que solo podrian entregar al autentico jefe de la familia imperial? Esa posibilidad y la manera en que las victimas habian sido torturadas antes de ser asesinadas hacia pensar a Marten que Neuss no les habia dado una razon concreta para su peticion, ni les habia explicado el porque de las propias llaves, ni les habia revelado la localizacion de la caja fuerte que abrian. Tal vez aquella gente ni siquiera supo nunca que se trataba de unas llaves. Tal vez cada uno de ellos recibio sencillamente un paquete o sobre sellado con la instruccion de que si llegaba a sucederle algo a Kitner, los sobres o paquetes debian ser mandados de inmediato a una tercera persona: tal vez la policia francesa, o quiza los representantes legales de Neuss o de Kitner. ?O, quiza, una combinacion de los tres?

?Retorcido? Tal vez lo fuera.

?Innecesario? Quiza.

Pero teniendo en cuenta la astucia y los tejemanejes de la baronesa, podia muy bien haber sido una especie de tactica contra fallos para proporcionarles un nivel mas de proteccion contra cualquiera que tratara de hacerse con «las piezas».

Si Marten proseguia por aquella linea de pensamiento y habia sido realmente Neuss el que filmo la escena del crimen, estaba claro que tambien habria sido testigo del mismo y, por tanto, un sujeto al que era muy necesario eliminar. Por que Alexander y la baronesa habian tardado tantos anos en actuar, para recuperar «las piezas» y para ocuparse de Neuss era un misterio, a menos que -como Marten le habia sugerido antes a Kovalenko- la baronesa hubiera empleado todos aquellos anos en observar de cerca el transcurso de la historia y, despues de la caida de la Union Sovietica y sospechando lo que estaba a punto de ocurrir, hubiera empezado forzada y deliberadamente a coquetear con los principales representantes del poder en Rusia. No solo los del empresariado y la politica, como el habia pensado anteriormente, sino tambien, como habia podido ver en directo en la mansion de Davos, las mas altas instancias de la Iglesia rusa ortodoxa y del ejercito ruso.

Con su influencia colocada y totalmente consciente de quien era Kitner, la baronesa habria invertido bien su tiempo hasta que se hubo asegurado que las condiciones economicas y sociales eran las optimas para el regreso de la monarquia. Cuando llego el momento hizo su avance, divulgando discretamente a las personas adecuadas la identidad real de Kitner y, asi, poniendo en movimiento el aparato tecnico y legal para que se confirmara sin rastro de duda aquella identidad.

Una vez hecho, y tal vez tambien a peticion de la baronesa, Kitner fue invitado a reunirse con el presidente ruso y/o otros altos representantes del gobierno ruso, a los que se presentaron los hechos, y se le pidio que encabezara una nueva monarquia constitucional. Una vez el hubo accedido y los planes y fechas estaban firmemente establecidos -primero, su presentacion a la familia Romanov el dia siguiente de su investidura como caballero del Imperio Britanico y luego, el anuncio publico, que tendria lugar varias semanas mas tarde en Moscu-, la baronesa y Alexander sincronizaron sus relojes y pusieron en marcha su metodico plan. Funcionaria con tanta rapidez que ni el mismo Kitner se daria cuenta de nada hasta que fuera demasiado tarde, porque para entonces los Romanov ya sabrian quien era y que el gobierno ruso lo habia reconocido formalmente, aunque fuera en secreto, como el nuevo monarca.

Era un plan llevado a cabo, como vio Marten, como un calculo minucioso que no solo anunciaba la restauracion de la monarquia con Kitner reconocido como heredero legitimo al trono, sino que dejaba abierta de par en par la puerta a su abdicacion a favor de su primogenito. Ni siquiera con todo lo que habia ocurrido Marten podia dejar de maravillarse ante la fina astucia de la baronesa. Con la sola presencia del presidente de Rusia, del patriarca de la Iglesia ortodoxa, del alcalde de Moscu y del ministro de Defensa de la Federacion Rusa en la finca de Davos, habia pocas dudas de que habia suavizado el camino tambien para Alexander, tal vez convenciendolos de que Alexander tenia una cosa que Kitner no tenia: juventud, y el romance tan publico que lo acompanaba, cuando estaba a punto de casarse con una belleza joven, emparentada con la realeza, culta y sofisticada como Rebecca.

Y cada uno de ellos -presidente, patriarca, alcalde y ministro- por sus propios motivos, y de una manera u otra, habria accedido, o de lo contrario no habrian venido. Como o cuando la baronesa lo habia conseguido, o de que manera les habia hablado de Alexander, resultaba todavia un enigma. Pero el hecho era que lo habia logrado. Y Kitner, al parecer, seria el ultimo en enterarse de su propia abdicacion. Era un fait accompli, un asunto cerrado incluso antes de que lo firmara.

A juzgar por la cuidadosa planificacion de la baronesa y la habilidad letal de Raymond, era una conspiracion que debia de haber funcionado sobre ruedas: recuperar las llaves de la caja fuerte, eliminar a los cuatro Romanov que las tenian y luego matar a Neuss y recuperar las «piezas» incriminatorias. Entonces, el dia despues de que Kitner fuera presentado a la familia Romanov en Londres, pedirle al coronel Murzin del FSO que lo llevara a la casa de Uxbridge Street, hacerle saber que estaban en posesion de «las piezas» y exigirle que abdicara. Y Kitner, aterrorizado por que Alexander pudiera matarle a el o a algun miembro de su familia, lo cual ya habia demostrado tan salvajemente que era capaz de hacer, incluso de nino, obedeceria: para proteger la vida de su esposa y de sus hijos, y la suya propia.

Neuss habia sido el ultimo de la lista en caer… cuando, como testigo del asesinato de Paul por parte de Raymond/Alexander, habria parecido logico eliminarlo el primero. Eso podia haber sido debido a que temian que el propio Neuss formara parte del plan de seguridad y que matarlo pudiera disparar una alarma mayor y provocar que los Romanov mandaran de inmediato las llaves de la caja fuerte adonde tuvieran instrucciones de hacerlo. De modo que, en vez de eso, primero resolvieron esos problemas: recuperar las llaves y matar a los Romanov que las guardaban. El asesinato de Neuss seria entonces el punto de exclamacion de esa parte del juego, pensado tanto para aterrorizar a Kitner como para eliminar al joyero. Por supuesto, cabia siempre la posibilidad de que si Kitner se enteraba de los asesinatos de los Romanov y de Neuss y de la desaparicion de las llaves, cayera presa del panico y decidiera frenar todo el proceso -lo cual, en retrospectiva y con la llegada de Neuss a Londres, era exactamente lo que habia hecho- pero, con Murzin y el FSO preparados para ponerse al mando en el instante en que el fuera presentado a la familia, y contando con la propia ansiedad de Kitner por hacerse con el trono, era un riesgo que, obviamente, habian estado dispuestos a correr.

Sin embargo, con todo lo razonable que parecia el analisis de Marten, sabia que no tenia manera de comprobar que sus teorias eran ciertas. Podia ser que otras cosas totalmente distintas hubieran entrado en el juego.

Pero, dejando de lado el orden de las cosas, era un plan que debia haber funcionado. Excepto que no lo hizo porque el destino habia decidido intervenir sin avisar y dos circunstancias totalmente imprevistas, una tras otra, lo habian echado todo por tierra: la primera, el hecho de que los custodios de las llaves desconocian la ubicacion exacta de la caja fuerte; la segunda, la tormenta de hielo que habia metido a Alexander, como Raymond Thorne, en el mismo tren que Frank Donlan.

Furioso por haber tardado tanto en comprender lo que habia estado ocurriendo, y furioso tambien por su confinamiento forzoso en el que todavia se encontraba, Marten volvio a levantarse del catre, esta vez no para ir al lavabo sino para andar arriba y debajo de aquel espacio a oscuras. De una pared a la otra tenia cinco pasos antes de tener que dar media vuelta. Cruzo de un extremo a otro una y otra vez. Al cruzar por tercera vez sus pensamientos se dirigieron a la navaja que Alexander habia utilizado para tratar de matarle en el sendero alpino. Estaba casi seguro de que se trataba del mismo cuchillo espanol recuperado de la caja fuerte de Fabien Curtay en Monaco, y probablemente el mismo que habia utilizado para matar al hijo de Kitner veinte anos atras en Paris. Y con toda probabilidad se trataba de la misma arma afilada utilizada para matar a Dan Ford y a Jimmy Halliday, y al comercial de imprenta Jean-Luc Vabres, y al impresor de Zurich Hans Lossberg. Kovalenko habia dicho que en algun momento habia creido encontrarse ante un caso de asesinatos rituales, y tal vez fuera asi como todo habia empezado: Alexander habria matado al joven Paul para meter el miedo y el terror en el alma de Kitner y, al mismo tiempo, eliminar a su hijo mayor, quien pudiera haberse convertido en su rival para hacerse con el trono.

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