enrollarle un panuelo por los ojos que le ato con fuerza, para luego atarle rapidamente las manos a la espalda con algun tipo de correa.
– Venga -volvio a decir el segundo pasamontanas, y Marten fue sacado de la habitacion y conducido dos pisos mas arriba por las empinadas escaleras. Las costillas, las heridas, el esfuerzo hacia que todo le doliera. No podia ver nada.
Luego vino un pequeno tramo por un pasillo.
– Sientese -dijo la voz gutural con un fuerte acento que Marten no era capaz de situar. Un segundo mas tarde oyo el sonido de una puerta que se cerraba.
– Sientese -le dijo la otra voz. Lentamente, empezo a agacharse hasta que noto la firmeza de una silla debajo de el.
– Es usted estadounidense -dijo la voz gutural, y Marten pudo oler su aliento de tabaco.
– Si.
– Y su nombre es Nicholas Marten.
– Si.
– ?Cual es su profesion?
– Estudiante.
Lo que parecia una mano abierta se estrello de pronto contra su mejilla. Se aparto y estuvo a punto de caer de la silla. Una mano fuerte lo recogio y el gimio en voz alta mientras el dolor lo atormentaba en la herida del costado.
– ?Cual es su profesion? -le repitio la voz.
Marten no tenia idea de quien era aquella gente o de lo que querian de el, pero sabia que era mejor que guardara la compostura y no tratara de enfrentarse a ellos, al menos, de momento.
– Saben mi nombre, de modo que deben de tener mi cartera -dijo, a media voz-. Ya habran visto mis documentos y sabran que soy estudiante de diseno de paisajes en la Universidad de Manchester, Inglaterra.
– Trabaja para la CIA.
– No es cierto -dijo Marten, categorico.' Intentaba averiguar quienes eran. Por las preguntas que le hacian y por la actitud que tenian sospecho que tal vez fueran terroristas o traficantes de drogas, o tal vez una combinacion de ambas cosas. Fueran quienes fueran, parecian considerarlo como un premio, como un pez gordo que de alguna manera habia caido en sus redes.
– ?Que hacia usted en Davos?
– Yo… -Marten vacilo, sin saber muy bien que contarles, y luego decidio decirles la verdad-. Estaba invitado a una cena.
– ?Que tipo de cena?
– Una cena de celebracion.
– No era una sencilla cena de celebracion, senor Marten -dijo la voz, de pronto llena de furia-. Era un acto en el que iba a anunciarse la restauracion de la monarquia rusa. Asistia hasta el presidente de Rusia. En sus ropas encontramos un sobre. Dentro habia una tarjeta muy formal en la que se confirmaba la proclamacion. Un
– ?Un sobre?
– Si.
Por un instante muy breve Marten recordo como un
– ?Dice usted que es estudiante pero, en cambio, lo invitan a este tipo de celebraciones?
– Si.
– ?Por que?
Lo ultimo que Marten queria hacer era hablarles de Rebecca. Solo Dios sabia lo que harian si descubrian que era el hermano de la mujer que estaba a punto de convertirse en la esposa del nuevo zar. Eso lo convertiria en la prenda mas preciada, vendible a cualquiera de las organizaciones terroristas del mundo, para que lo usaran de la manera que creyeran mas conveniente. Lo que necesitaba era una respuesta creible, y rapido.
– Era la pareja de una profesora, amiga de la universidad. Su padre es un importante miembro del Parlamento britanico que tambien estaba invitado.
– ?Como se llama?
Marten vacilo. Odiaba dar cualquier informacion, en especial nombrar a Clem o a su padre. Por otro lado, probablemente no les costaria demasiado esfuerzo acceder a la lista de invitados de la cena de aquella noche. Era muy posible que, como la mayoria de cosas, ya estuviera disponible en la pagina web de alguien, o que incluso hubiera aparecido en la prensa, puesto que seguramente fue asi como supieron que el presidente Gitinov habia asistido.
– Se llama sir Robert Rhodes Simpson. Es miembro de la Camara de los Lores.
Por unos instantes no hubo respuesta; luego oyo el clic de un mechero y a su interlocutor que inhalaba. Acababa de encenderse un cigarrillo. En medio segundo, la voz ronca continuo el interrogatorio.
– Estaba usted en lo cierto cuando ha dicho que recuperamos su cartera. En ella hay una foto de una joven muy atractiva tomada a orillas de un lago. ?Quien es?
Marten se sobresalto. Era Rebecca. La foto era una instantanea que le habia hecho nada mas llegar a Jura. En ella aparecia saludable y llena de esperanzas y felicidad. Le encantaba aquella imagen y la llevaba siempre en la cartera.
– Le he preguntado quien es.
Marten blasfemo para sus adentros. Maldijo la foto. Se maldijo el mismo por guardarla. Ahora ya tenian algo que lo relacionaba con Rebecca. Pero no podia dejar que se enteraran de la relacion que tenian.
– Una amiga.
Un fuerte bofeton en la nuca hizo caer a Marten de la silla. Un dolor insoportable le punzo todo el costado. Grito con fuerza mientras unas manos toscas lo volvian a sentar en la silla. Al cabo de un segundo sintio un tiron en los ojos mientras alguien le ajustaba la venda de los ojos.
– ?Quien es?
– Ya se lo he dicho, una amiga.
– No, es un activo.
– ?Un activo? -Marten se quedo atonito. Activo era un termino militar o de espionaje. ?Que queria decir? ?Adonde querian ir a parar?
– Si era usted un invitado, como dice, ?entonces por que le clavaron un cuchillo y lo tiraron al rio para matarle? Usted trabaja para la CIA y alguien lo descubrio, tal vez los rusos. El problema que tiene usted ahora -la voz bajo de pronto el volumen y adopto un tono mas amenazador- es que ha sobrevivido.
Asi que de esto se trataba. Pensaban que era un operativo de la inteligencia norteamericana que se habia infiltrado en el circulo intimo de la alta politica rusa y suponian que Rebecca era, de alguna forma, su colaboradora.
– Se lo volvere a preguntar, senor Marten. ?Quien es la chica? ?Cual es su nombre?
– Se llama Rebecca -dijo Marten, con tono concluyente. Era todo lo lejos que estaba dispuesto a llegar-. No trabajo para la CIA ni para ninguna otra organizacion. Soy estudiante de la Universidad de Manchester. Fui invitado a la cena de Davos por una profesora amiga mia, hija de sir Robert Rhodes Simpson. Sali a pasear por la nieve y resbale y cai de un puente de la montana a un rio de aguas rapidas, y la corriente se me llevo. Los cortes me los hice con una roca afilada o con alguna rama, sumergidos en el agua. En algun momento consegui arrastrarme hasta fuera del rio y me desmaye. Alli fue donde me encontro la familia con la que estaba; la nina, me parece. -Marten hizo una pausa, luego acabo-. Pueden creerse lo que quieran, pero lo que les he dicho es la verdad.
Hubo un largo silencio. Marten podia oir ruidos distintos mientras varios hombres cambiaban de lugar en la habitacion. Luego sintio que su interrogador se le acercaba mas. El olor a tabaco de su aliento se intensifico.
– Por favor, hagase una pregunta, senor Marten -le dijo la voz gutural con tono sereno-. ?Vale la pena que
