que les caia por todos lados.
– ?Crees que esta bien? -le pregunto Rebecca en ruso.
– ?Bien? ?Quieren que lo hagas, querida! -La miro, con los ojos llenos de amor y la sonrisa mas ancha que nunca-. Quieren que los saludes. ?Saluda, saluda! No esperan ni a nuestra boda ni a mi coronacion. ?Para ellos ya eres la zarina!
9
Las imagenes iban y venian. Algunas eran claras y cristalinas, como si estuvieran ocurriendo ahora mismo. Otras eran muy vagas, como sonadas. Y otras contenian todo el miedo y el horror de las pesadillas.
Lo mas claro de todo era su regreso desde el filo de la muerte, cuando se veia en una cama en el suelo que le habian hecho en el pequeno refugio. Con los ojos cerrados y la tez palida como la de un fantasma, el cuerpo envuelto en una manta raida, estaba perfectamente inmovil y sin ningun sintoma de vida. Luego, con tan poco esfuerzo que parecia fruto de los efectos especiales de una pelicula, empezo a elevarse y a escapar de el mismo. Se elevo mas y mas, como si la habitacion no tuviera techo, el edificio no tuviera tejado, y luego vio la puerta que se abria y la joven madre que entraba. Llevaba una taza con una bebida caliente y se arrodillo a su lado y le levanto la cabeza, luego le separo los labios y le obligo a beber. Una calidez como nunca la habia experimentado antes lo invadio, y de pronto ya no estaba marchandose, sino mirandola a los ojos.
– Mas -le dijo ella, o algo parecido, porque hablaba un idioma que el no entendia. Pero lo que dijo no importaba porque le acerco la taza a los labios otra vez para hacerle beber. Y el lo hizo. El sabor era amargo pero agradable, y se lo bebio todo. Luego se relajo y volvio a bajar la cabeza, y vio a la joven que lo arropaba con la manta y le sonreia amablemente mientras el volvia a dormirse.
Y en su sueno recordo.
El agua veloz y negra que lo empujaba corriente abajo a oscuras, precipitandolo con violencia contra las rocas, el hielo y los deshechos, mientras el se esforzaba por sujetarse a algun palo, tronco, piedra, a cualquier cosa a mano para detenerse mientras bajaba a toda velocidad en una carrera que parecia no tener fin.
Y sentir de pronto que todo se detenia y encontrarse en un remanso quieto, lejos de la violencia y el rugido del agua. Un lugar protegido por los arbustos pelados y por troncos de arboles caidos. Se agarro a uno, un abedul, penso, y se levanto hasta la nieve. Alli se dio cuenta de que la tormenta habia cuajado. El viento ululaba y la nieve se precipitaba casi horizontalmente. Pero en momentos intermedios, como la tormenta no estaba totalmente encima, el viento se detenia y en el cielo brillaba la luna llena. Fue alli, empapado y en medio del frio cortante, donde vio la mancha roja sobre la nieve debajo de el. Y recordo el destello del cuchillo y el corte profundo que Raymond le habia hecho en el costado, encima de la cintura, justo debajo de las costillas.
Oh, si, habia sido Raymond. En la lucha del puente Marten le rasgo la camisa, que se le abrio hasta el ombligo. Por un instante pudo verle la cicatriz en la garganta, donde la bala de John Barron habia aranado a Raymond en el tiroteo que siguio a su huida del edificio del Tribunal Penal de Los Angeles.
Podia hacerse llamar Alexander Cabrera, o hasta Romanov, o
El refugio en el que se encontraba era poco mas que una cabana, a unos cinco kilometros rio abajo del puente del sendero que pasaba por encima de la Villa Enkratzer. La chiquilla de siete u ocho anos que, al salir a buscar lena con su padre, lo encontro al amanecer en medio de la nieve cegadora, arrebujado contra la proteccion de un gran abeto caido, era uno de los cuatro que lo ayudaron. Los otros eran su padre, su madre y su hermanito, de cinco o seis anos. Hablaban muy poco ingles, tal vez media docena de palabras, y el no entendia absolutamente nada del idioma de ellos.
Por lo que pudo deducir -mientras pasaba de la vigilia a los suenos y a las alucinaciones, para luego despertarse febril por la infeccion que tenia en las heridas de arma blanca- eran una familia de refugiados, tal vez de Albania. Eran muy pobres y esperaban en el refugio a un personaje al que el padre llamaba «el transportista». Tenian te y hierbas y muy poca comida, pero lo poco que tenian lo trituraban, lo hervian y lo compartian con el.
En algun momento hubo una fuerte discusion entre el marido y la mujer, cuando Nicholas fue presa de fuertes temblores y la mujer le pidio al marido que se olvidaran de sus problemas y buscaran a un medico. El marido se nego, abrazando a sus hijos como si quisiera decir que no valia la pena perderlo todo por un hombre al que ni siquiera conocian.
Mas adelante alguien llamo a la puerta, pero el lo oyo desde lejos porque la familia -fuegos apagados, cualquier rastro de su presencia sabiamente borrado, como hacian cada dia- ya se habia ocultado en el bosque con Marten, mientras la patrulla del ejercito suizo registraba el refugio y luego se marchaba.
Mucho mas tarde, tal vez dias despues del primero, se oyeron otra vez unos golpes fuertes a la puerta, pero esta vez los oyeron desde dentro y llegaron en medio de la noche. Y recordaba como la familia abrio la puerta tan cautelosamente para descubrir que su «transportista» finalmente habia llegado.
Recordaba claramente como el padre trataba de sacar a su familia de alli para marcharse con el «transportista», mientras que la esposa y los ninos se negaban a hacerlo sin Marten. Y el padre finalmente accedio. Y Marten, medio andando, medio tambaleandose, avanzando por la nieve y la oscuridad con la familia durante casi un kilometro. Y alli, al borde de un camino rural lleno de hielo, lo cargaron con los otros veinte que ya estaban a bordo, en la bodega de un camion que esperaba.
Despues de esto vino el traqueteo del camion por caminos sin asfaltar. Recordaba el dolor entumecedor de sus heridas, del corte en el costado y del corte menos profundo en el brazo, y las fracturas que se habia hecho durante el brutal descenso por el rio. Dos costillas rotas, tal vez mas, y un hombro severamente contusionado.
Recordaba dormirse y despertarse y ver caras exhaustas y demacradas mirandolo. Y luego volverse a dormir y a despertarse durante lo que le parecieron varios dias. De vez en cuando el camion hacia paradas en bosques o en campos ocultos entre los arboles. Entonces el padre lo ayudaba a bajar como los demas y Marten orinaba o defecaba o no hacia nada. Como los demas. Mas tarde la madre, o la nina o el nino le daban algo de comer y de beber, y el volvia a dormirse. Como se las arreglo para sobrevivir, o, en realidad, como cualquiera de ellos lo hizo, le seguia resultando un misterio.
Finalmente no hubo mas movimiento y alguien lo ayudo a bajar del camion y a subir por unas escaleras largas y estrechas. Recordaba una cama y que se metio dentro de aquel lujo indescriptible.
Mucho mas tarde se desperto por la luz del sol en un apartamento grande y totalmente desconocido. El nino y la nina lo ayudaron a incorporarse hasta una ventana desde la que pudo ver la claridad de la tarde de un dia soleado de invierno. Fuera vio un canal ancho de navegacion con barcos que bajaban al mar y la gente y el trafico de la calle que transcurria paralela al mismo.
– Roterdam -dijo la nina-. Roterdam.
– ?Que dia es? -pregunto el.
La nina miro sin entender. Y tambien el nino.
– Dia. Ya sabes: lunes, martes, miercoles…
– Roterdam -repitio la nina-. Roterdam.
10
Marten tuvo poco mas que un momento para reflexionar sobre lo que le habia ocurrido y adonde lo habian llevado, por no hablar de lo que mas le convenia hacer de ahora en adelante, cuando la puerta que tenia detras se abrio y dos hombres con pasamontanas entraron. Uno cruzo rapidamente la habitacion y corrio las cortinas de la ventana. El otro hizo salir a los ninos para que fueran con alguien que esperaba al otro lado de la puerta.
– ?Quienes son ustedes? -pregunto Marten.
– Venga -respondio la voz gutural del primer pasamontanas, y de pronto el segundo pasamontanas se puso a
