defensor que interviniera en su favor. Se sentia como un soldado capturado por el enemigo, confesando su nombre, rango y numero. Y como soldado capturado, sabia que su principal deber era escapar. Pero le habia resultado imposible. Estaba bajo su control las veinticuatro horas del dia, ya fuera solo, encerrado en la celda a oscuras con guardas con pasamontanas custodiando su puerta, o con la puerta abierta por sorpresa, con los de los pasamontanas entrando a toda prisa para atarle las manos y taparle los ojos y llevarselo al piso de abajo para proseguir el interrogatorio.
Le habian facilitado comida, agua y los medios para mantenerse mas o menos aseado. Curiosamente, aparte de la oscuridad constante -o las vendas en los ojos, lo cual daba el mismo resultado- y los interrogatorios, que suponian algun bofeton o empujon ocasional, no habia sido maltratado ni torturado de ninguna manera. Sin embargo, dejando de lado el interminable paso del tiempo, lo peor era el desconocimiento. Por mucho que se esforzara en hacer suposiciones, no tenia ni idea de quienes eran sus captores, ni de lo que hacian o planeaban hacer, ni de lo que esperaban realmente ganar manteniendolo prisionero. Tampoco tenia ni idea de cuanto tiempo podia durar… ni de si, en algun momento, se cansarian de los interrogatorios y, sencillamente, lo matarian.
Aunque hacia todo lo posible por no demostrarlo, aquello empezaba a agotarlo. Sin tener ni idea de si era de dia o de noche, sin ningun punto de referencia sobre el paso del tiempo, estaba empezando a perder la nocion de la realidad. Y todavia peor, sus nervios empezaban a llenarse de electricidad y sentia que flirteaba con la paranoia. La oscuridad ya le resultaba lo bastante negativa, pero ademas, de manera creciente, se sorprendia a si mismo atento al mas minimo sonido al otro lado de su puerta que le indicaria que volvian otra vez a buscarle. A vendarle los ojos y maniatarlo para llevarselo al piso de abajo para seguir interrogandolo. A veces oia sonidos distintos, o pensaba que los habia oido. Los peores eran agudos y como aranazos. Empezaban siempre un par de veces y luego se producian rapidamente cinco, diez, cincuenta, cien hasta que estaba convencido de que habia miles de pies diminutos que correteaban al otro lado de la puerta, un ejercito de ratas rascando la madera, tratando de entrar en su habitaculo. Cuantas veces habia saltado del catre y se habia abalanzado contra la puerta en la oscuridad, gritando y golpeandola para ahuyentarlas, solo para detenerse al cabo de un instante, convencido de que no habia oido nada de nada.
De vez en cuando, una vez al dia, tal vez, la puerta se abria y los encapuchados entraban. Eran siempre dos, y le dejaban comida y volvian a salir sin mediar palabra. A veces no ocurria nada mas durante dias interminables. En aquellos dias acababa deseando que lo llevaran abajo para interrogarlo. Al menos era interaccion humana, aunque fuera siempre acusatoria y siempre la misma.
A estas alturas, la voz de su interrogador ya casi se habia convertido en la suya propia, con su cadencia tan familiar y su acento que todavia no era capaz de localizar. El olor de su aliento de tabaco que antes le parecia nauseabundo, ahora casi le reconfortaba; como una especie de narcotico. Para mantenerse cuerdo y sobrevivir era consciente de que tenia que transformar enteramente su manera de pensar y no concentrarse en sus secuestradores ni en la oscuridad, sino en algo totalmente distinto.
Y lo hizo.
En Rebecca. En su aspecto y en su manera de comportarse la ultima vez que la vio, en la mansion de Davos. La novia adorable, la proxima zarina de Rusia. Penso en su estado emocional de entonces y en como seria ahora. Si tal vez pensaba que estaba muerto, y en como habria reaccionado ante su muerte. Y si todavia se hallaria arrastrada inocentemente por la estela de la encubierta y sangrienta persecucion del trono ruso que Cabrera llevaba a cabo.
Arrastrada.
Porque lo amaba.
Y sabia que el la amaba.
Y no tenia ni idea de quien era. Ni de lo que habia hecho.
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– ?No! -grito Marten con fuerza. La voz de su interrogador estaba dentro de su cabeza, luchando contra el como si estuviera en la sala de interrogatorios. Era el mismo contra el mismo, como sabia que querian que sucediera, pero era un juego al que se negaba a jugar. De pronto salto con fuerza del catre y se sento a oscuras; poco a poco llego hasta el pequeno retrete. Entonces tiro de la cadena y aguardo, escuchando el agua caer y la cisterna que volvia a llenarse. Habia solo un motivo por el que lo habia hecho: para alejar aquella voz. Tiro otra vez de la cadena. Y otra. Al final volvio y encontro de nuevo el catre, y se tumbo para quedarse mirando a la oscuridad.
Sabia que sus secuestradores utilizaban la oscuridad y que variaban el tiempo entre interrogatorios para desorientarlo deliberadamente, excitar su ansiedad y provocar que cada vez temiera mas su regreso. Su objetivo estaba claro, provocarle un estado en el que se derrumbara y confesara practicamente todo lo que querian saber de el, lo cual les permitiria utilizarlo como una valiosa carta de juego, en especial si confesaba que era un agente de la CIA. Y querian convertirle en un ejemplo politico. De modo que no podia hacerles el regalo de derrumbarse. Y para ello tenia que conservar la cordura. La mejor manera de hacerlo, era consciente, era esforzarse por no pensar en el presente y concentrarse en el pasado, recreandose en los recuerdos. Y asi lo hizo.
La mayor parte eran de muchos anos atras, de Rebecca haciendose mayor, de el y Dan Ford cuando eran ninos, montando en bicicleta y bromeando con las ninas; luego recordo en que habia pensado cuando vio el cuerpo de Dan dentro del Citroen, mientras lo sacaban del Sena… la explosion del cohete casero que, a la edad de diez anos, le hizo perder a Dan el ojo derecho. Y volvio a preguntarse si, de haber conservado Dan su vision completa, hubiera visto a Raymond antes y eso le habria dado la oportunidad de salvarse. La tragica realidad era que aquella pregunta no tendria jamas respuesta y tan solo haria que el sentimiento de culpa de Marten fuera mas terrible e inmenso.
Con esta idea le vino otra, un pensamiento que trataba siempre de alejar pero que siempre le volvia a la cabeza. ?Que hubiera ocurrido si, en el garaje, rodeado de la brigada, hubiera hecho sencillamente lo que Valparaiso le ordenaba y hubiera apuntado su Double Eagle Colt a la cabeza de Raymond y hubiera disparado? Si lo hubiera hecho, nada de lo que vino despues hubiera sucedido nunca.
15
Lo que vino despues.
– Las piezas.
– Las piezas que aseguran el futuro.
Marten todavia podia ver a Raymond en el tren Metrolink en Los Angeles. Oir sus palabras con tanta claridad como si se las estuviera diciendo ahora mismo.
– ?Que piezas? -le habia preguntado Marten.
Todavia podia ver la sonrisa lenta, calculada y arrogante de Raymond cuando le respondio:
– Eso debera averiguarlo usted mismo.
Bueno, pues lo habia hecho. Ya sabia que eran «las piezas». La navaja espanola antigua y el rollo de pelicula de 8 mm. Una pelicula, estaba convencido, que mostraba el asesinato perpetrado por Raymond/Alexander a su medio hermano en Paris, veinte anos atras.
Antes, al elucubrar sobre lo que podia haber ocurrido en el parque, le sugirio a Kovalenko que tal vez alguien habia estado haciendo una filmacion casera de la fiesta de cumpleanos y, por sorpresa, habia filmado el asesinato. Ahora se preguntaba si ese alguien podia haber sido Alfred Neuss. En este caso, ?podia, de alguna
