Marten sonrio y los observo medio segundo mas.
– ?Que sucede en vuestro pais natal que pueda valer una discusion? -pregunto, sin darle importancia. Intentaba que alguien hablara de la fecha del 7 de abril, por si diera la casualidad de que alguien lo supiera-. ?Va a suceder algo que el resto del mundo querria saber?
– ?Quieres decir aparte del movimiento separatista, la corrupcion y la mafia rusa?
– Si.
– Pues nada. A menos que quieras creerte los rumores de que el parlamento puede estar a punto de votar para reinstaurar la monarquia y volver a poner al zar. -El chico del pelo negro volvio a sonreir-. Entonces podriamos ser igual que los britanicos y dar al pueblo a alguien especial para que se sienta unido a su alrededor. No seria mala idea si esa persona fuera alguien decente, porque eso ayudaria a distraerlos de toda la otra mierda que esta pasando. Pero eso, como todos los cambios mayores que se supone que van a ocurrir en casa, no es mas que rumorologia callejera porque no sucede nunca. De todos modos -anadio-, por eso nos reunimos, para poder hablar de este tipo de cosas y aligerar el hecho de sentirnos… -miro a la rubita rechoncha- nostalgicos.
Se rieron todos menos Marten. Estaba claro que no lo iban a mencionar, de modo que lo hizo el mismo.
– ?Os puedo hacer una ultima pregunta? -dijo-. ?Significa la fecha del 7 de abril algo especial para los rusos, en especial para la gente de Moscu? ?Es algun tipo de fiesta local? ?Sucede algo fuera de lo habitual?
La regordeta volvio a sonreir:
– Soy de Moscu y, que yo sepa, 7 de abril significa 7 de abril. -Miro alrededor de la mesa y se rio.
– Tiene razon, tio. -El flaco de las gafas gruesas sonrio, apoyandola-. El 7 de abril es el 7 de abril. -De pronto se inclino hacia delante y se puso mas serio-. ?Por que?
– Por nada. -Marten se encogio de hombros. Era la misma respuesta que habia dado el ministerio de Justicia ruso cuando estaban en Los Angeles-. Alguien me dijo que era fiesta, pero nunca lo habia oido decir. Creo que lo entendi mal. Gracias, muchas gracias.
Marten se volvio para marcharse.
– Pero ?por que nos preguntas todo esto? -volvio a insistir el joven.
– Muchas gracias -se limito a decir Marten.
Y entonces salio de la sala y desaparecio.
8
Nicholas Marten se recosto sobre su almohada, a oscuras, escuchando el trafico de la calle. Estaba mas tranquilo que antes, cuando salio, y todavia mas que hacia media hora, cuando volvio del Penrith's Bar. Pero seguia alli, de alguna manera. Un zumbido regular que le recordaba que la ciudad seguia muy viva.
«La casa de Uxbridge Street. Aubrey Collinson y el
Tal vez no hubiera descubierto nada -la idea de preguntarle al pintor por Aubrey Collinson no habia sido mas que un disparo a tientas-, pero las pistas, como la ciudad, seguian estando alli igualmente. Lo mismo que Gene VerMeer habia estado alli. Sabia que habia muchas posibilidades de que el detective del LAPD ya hubiera recibido una llamada del barman, diciendole que un hombre que respondia a la descripcion que le habia dado antes habia estado en el bar preguntando por I.M. Era estadounidense y se llamaba Marten. O Martin, como probablemente habria entendido.
Si eso era cierto y el barman habia hecho la llamada, no habia duda de que VerMeer ya estaria haciendo algo al respecto, utilizando a sus contactos en Scotland Yard para repasar todos los hoteles de Londres en busca de un americano apellidado Martin. ?Cuanto tardarian en llamar a su hotel y descubrir que habia un americano registrado apellidado Marten? A VerMeer le importaria un carajo que no se escribiera igual, y seria solo cuestion de tiempo que llamaran a su puerta.
Marten se volvio y trato de olvidar lo ocurrido. Probablemente no tendria que haber ido al Penrith. Aunque VerMeer no lo estuviera buscando a el, tambien habia ido a preguntar por I.M. Este hecho por si solo ya significaba que el LAPD seguia con el caso y que no habia cerrado el archivo de Raymond de una manera tan definitiva como su postura publica podia hacer pensar. Antes le preocupo que si no habian cerrado el caso, en algun momento se los podia cruzar, y ahora ya le habia sucedido. Fue solo pura suerte que VerMeer no lo hubiera visto, y eso significaba que a partir de ahora tenia que pensar muy bien lo que hacia. El y Rebecca estaban a salvo en Londres y habian recibido la bendicion de poder empezar una nueva vida. Tenia que ser consciente de que, sencillamente, no podia permitirse el lujo, si esta era la palabra, de dar rienda suelta a su naturaleza y dejar que el adicto inconsciente que llevaba dentro lo volviera a arrastrar hacia el juego. Por su bien y el de ella, tenia que prometerse que sacaria a Raymond y todo su universo de su cabeza. Con esta idea, suplico interiormente que VerMeer no le hubiera preguntado nunca al camarero rubio por el, y que el camarero no hubiera oido a Clementine Simpson decir su nombre.
Miro el reloj de la mesilla.
Un vehiculo de emergencias paso volando, con la sirena zumbando, y luego se alejo rapidamente. De nuevo volvia el sonido del trafico y ahora una fuerte discusion de un grupo que pasaba por el pasillo, frente a su habitacion. ?No dormia nunca Londres?
Paso un momento y otro. Por alguna razon penso en el verdadero Nicholas Marten. Y en el recuerdo que lo acompanaba.
Diez dias antes, el viernes 22 de marzo -el mismo dia en que se celebro el funeral masivo de los detectives de la brigada 5-2, Polchak, Lee y Valparaiso-, ayudado de un baston para apoyar una pierna derecha todavia muy dolorida, Marten, entonces John Barron, embarco en un vuelo desde Los Angeles a Boston. Desde alli tomo un vuelo lanzadera hasta Montpellier, en Vermont, donde paso la noche.
A la manana siguiente a primera hora condujo en un coche alquilado hasta la diminuta localidad de Coles Comer, donde se encontro con Hiram Ott, el jovial y enorme editor y director del
– Se llamaba Nicholas Marten -le explico Hiram Ott, mientras lo llevaba a traves de un campo abierto, cubierto de cesped, con restos todavia de nieve medio fundida-. Marten, con e, no con i. Habia nacido el mismo mes y el mismo ano que tu. Pero creo que eso ya te lo han contado.
– Si -asintio John Barron, apoyado en su baston mientras se abria paso por el pasto irregular.
Su encuentro con Hiram Ott habia sido obra de Dan Ford, quien, a los pocos dias del tiroteo de la Metrolink, fue ascendido (o, como el lo explicaba, debido a su buena amistad con John Barron, fue apartado de la zona) a un puesto de redactor de plantilla en la oficina de Washington del Los
Y a pesar de todo el trastorno y el alboroto que mantenia a Ford en un torbellino durante dieciocho horas al dia, nadie le habia quitado todavia la agenda ni sus contactos de reportero, o de estudiante activo en sus tiempos
