le complacia en cuantas pretensiones tenia, pero... —Aisha espero con paciencia—. Pero nunca llegue a sentir nada. ?Era como un hermano para mi! Crecimos juntos en el taller de mi padre.
—Eso no te sucedera con Hernando —aseguro Aisha. La muchacha le interrogo con la mirada, como si quisiera creer en sus palabras—. ?Tu misma lo notaras! Si, cuando el deseo haga temblar todo tu cuerpo. Hernando no es tu hermano.
Tras las oraciones de la noche, Aisha fue en busca de su hijo al porche y le obligo a acompanarla al piso superior sin darle explicaciones. Salah y su familia observaron como Aisha insistia en que la siguiese, luego, Barrax y los dos garzones los vieron pasar por la puerta abierta del comedor que utilizaban para dormir. El arraez solto un suspiro de pesar.
—Prometio esperarte —le dijo Aisha en la puerta del dormitorio. Hernando fue a decir algo, pero solo consiguio gesticular torpemente con la mano—. Hijo, no voy a consentir que dejeis de amaros por mi culpa. Y seria inutil... Entra —le indico agarrandolo de la muneca y entreabriendo la puerta. Antes de hacerlo, Hernando intento abrazarla pero Aisha se retiro—. Ya no, hijo. Es a ella a quien tienes que abrazar. Es una buena mujer... y sera una buena madre.
Pero no llego a traspasar el umbral; se detuvo en el, fascinado. Fatima lo esperaba en pie, junto a los cojines dispuestos por Aisha alrededor de la comida.
—?Entra! —le susurro su madre empujandolo para poder cerrar la puerta.
Una vez cerrada, Hernando volvio a quedarse inmovil. Las luces de las velas jugueteaban con las formas de mujer que se adivinaban a traves de la tunica; las perlas que orlaban la prenda brillaban, y tambien su cabello, y el oro, y los tatuajes de pies y manos, y sus ojos, todo envuelto en aquel limpio perfume de agua de azahar...
Fatima se adelanto, sonriente, y le ofrecio la jofaina de agua. Hernando se lavo nervioso tras lograr balbucear las gracias. Luego, con dulzura, ella le invito a sentarse. Hernando, azorado, retiro la mirada de los pechos libres que se insinuaban bajo la seda, pero tampoco fue capaz de posarla en aquellos inmensos ojos negros. Y se sento. Y se dejo servir. Y comio y bebio, incapaz de disimular el temblor de sus manos o su agitada respiracion.
Las uvas pasas se acabaron. Tambien los frutos secos y la limonada. Por los costados abiertos de la tunica de seda, Fatima le mostraba su cuerpo una y otra vez, pero Hernando, turbado, desviaba la mirada como si quisiera rehuir el momento. ?Ni siquiera era capaz de recordar algo de su unica experiencia con mujeres! Fue a echar mano de otro pastelillo de miel, cuando ella susurro su nombre:
—Ibn Hamid.
La observo frente a si, en pie, erguida. Fatima se quito la tunica. Hernando contuvo la respiracion ante la belleza del brillante cuerpo que le mostraba; sus pechos, grandes y firmes, se movian ritmicamente al compas de un deseo que la muchacha no podia esconder. Y, «Tu misma lo notaras», le habia dicho Aisha.
—Ven —volvio a susurrarle despues de unos instantes en los que solo se escucho la entrecortada respiracion de ambos jovenes.
Hernando se acerco. Fatima tomo una de sus manos y la llevo a sus senos. Hernando los acaricio y pellizco con suavidad uno de sus erectos pezones. La leche broto de el y Fatima jadeo. Hernando insistio. Un chorro de leche salto y empapo su rostro. Los dos rieron. Fatima le hizo un gesto y el agacho la cabeza para mamar el nectar mientras deslizaba las manos por la curva de su espalda, hasta las nalgas, firmes. Entonces la muchacha lo desnudo, recorriendo su cuerpo con los labios, besandole dulce y tiernamente. Hernando se estremecio al
