que ademas tocaba con maestria el laud. Conforme a la costumbre, tras la muerte de su esposo la pretendio su primo Diego Alguacil, de la familia de los Rojas, callado enemigo del rey. Aben Humeya entretuvo a Diego Alguacil con viajes y comisiones por todas las Alpujarras, hasta que tras volver de una de ellas, se encontro con que el rey habia forzado a la viuda y la mantenia junto a el como una vulgar manceba.
Diego Alguacil, humillado, urdio un plan para acabar con Aben Humeya, a la sazon en Laujar de Andarax.
El rey no sabia escribir, por lo que todas las ordenes que remitia a sus capitanes diseminados a lo largo de las Alpujarras, las escribia e incluso firmaba con el nombre del rey, un sobrino de Alguacil, emparentado por lo tanto con los Rojas.
Por aquellas fechas, Aben Humeya se habia librado de los molestos y arrogantes turcos y berberiscos mandandolos a combatir con el ejercito de Aben Aboo, en los alrededores de Orgiva. A traves de su sobrino, Diego Alguacil supo de una carta que el rey dirigia a Aben Aboo. Intercepto al mensajero, lo mato y compinchado con su sobrino, escribio otra en la que el rey ordenaba a Aben Aboo que, utilizando a las tropas moriscas, degollase a todos los turcos y berberiscos que estaban con el.
Fue el propio Diego Alguacil quien llevo esa carta a Aben Aboo, que no pudo reprimir la ira de los turcos, principalmente la de Huscein, Caracax y Barrax. Aben Aboo, Brahim con el, Diego Alguacil, turcos y arraeces se apresuraron en direccion a Laujar de Andarax donde encontraron a Aben Humeya en la posada del Coton.
Ninguno de los trescientos moriscos que conformaban la guardia personal de Aben Humeya impidieron el acceso de Aben Aboo y de sus acompanantes a la posada. Ya en su interior, otro cuerpo de guardia selecta compuesta por veinticuatro arcabuceros, permitio que los turcos descerrajasen a patadas la puerta del dormitorio del rey. Tal era el odio que Aben Humeya se habia ganado entre sus mas proximos seguidores.
Aben Aboo, turcos y berberiscos sorprendieron al rey en el lecho, acompanado de dos mujeres, una de ellas la viuda de la familia de los Rojas.
Aben Humeya nego el contenido de la carta, pero su suerte ya estaba echada. Aben Aboo y Diego Alguacil enrollaron una cuerda a su cuello y, cada uno por un lado, tiraron de ella hasta estrangular al rey. Luego se repartieron a sus mujeres, las dos que compartian lecho y otras tantas que llevaba consigo, asi como las muchas riquezas personales que atesoraba junto a si.
Antes de morir, Fernando de Valor, rey de Granada y de Cordoba, apostato de la Revelacion del Profeta y clamo que fallecia en la fe cristiana.
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No pude desear mas ni contentarme con menos.» Ese fue el lema que Aben Aboo, que se proclamo nuevo rey de al-Andalus, estampo en su nuevo estandarte colorado. El monarca fue presentado al pueblo vestido de grana, como su antecesor, con una espada desnuda en su mano derecha y el estandarte en la izquierda. A excepcion de Portocarrero, todos los capitanes enemistados con Aben Humeya juraron obediencia al nuevo rey, quien elevo a los turcos a los mas altos puestos de su ejercito. El dinero y las cautivas acumuladas por Aben Humeya fueron inmediatamente enviados a Argel para comprar armas, que luego Aben Aboo repartio a bajo precio entre los moriscos hasta llegar a reunir un ejercito compuesto por seis mil arcabuceros. Con independencia del reparto de los botines, establecio un sueldo mensual de ocho ducados para turcos y berberiscos, y la comida para los moriscos. Nombro nuevos capitanes y alguaciles entre los que repartio el territorio de las Alpujarras y ordeno que las atalayas estuvieran permanentemente en funcionamiento, con ahumadas de dia o fuegos de noche, para
