marido y adoraba a Humam.

La joven respiro hondo. Hernando aguardo a que siguiera hablando.

—Cuando murio, llore por el. Igual que habia llorado antes por mi padre. Pero... —Fatima le miro de repente; sus ojos negros parecian mas intensos que nunca—, ahora se que existen otros sentimientos...

Un beso dulce sello sus palabras. Luego, invadidos por una subita timidez, ambos regresaron hacia la casa sin decir nada. Por unos instantes se habian olvidado de Brahim y de su amenazante asedio, pero mientras caminaban, el eco de sus airadas palabras resono en los oidos de ambos. ?Que seria de Aisha si su marido llegaba a saber que Fatima se habia entregado a Hernando?

El mismo dia que se anuncio que el ejercito partiria hacia Berja, Fatima le llevo una limonada fresca a donde el se hallaba preparando los caballos. Era primera hora de la manana. En el ambiente flotaba la alegria nerviosa del inminente combate. Entre risas, Hernando la monto en el morcillo, a pelo, notando el temblor de su cuerpo al cogerla de la cintura para alzarla sobre el caballo. Quiso ayudarla a echar pie a tierra y Fatima aprovecho para dejarse caer a peso en sus brazos desde lo alto del animal. Entonces, agarrada a el, le beso. Yusuf se escabullo sin dejar de mirar de reojo. El muchacho le devolvio un beso apasionado, apretandose contra sus pechos y su pelvis, deseandola y sintiendo su deseo. Mas tarde, atareado con los preparativos para la partida, no se dio cuenta de que tanto la muchacha como su madre desaparecian durante el resto de la jornada.

Esa misma noche, Aisha les cedio la habitacion de la cama con dosel y se fue a dormir con los ninos. Durante el dia se habia dedicado a alquilar ropas y joyas para Fatima, desoyendo sus leves protestas. Compro un poco de perfume y dedico casi toda la tarde a prepararla: la bano y lavo su cabello negro con alhena mezclada con aceite dulce de oliva, hasta que este adquirio una tonalidad rojiza que destellaba en cada uno de sus rizos; luego la perfumo con agua de azahar. Con la misma alhena, tatuo cuidadosamente sus manos y sus pies, trazando pequenas figuras geometricas. Fatima se dejaba hacer: unas veces sonriendo, otras escondiendo la mirada. Aisha limpio sus ojos negros conjugo elaborado con bayas de arrayan y polvo de antimonio, y despues de hacerlo la sujeto por el menton, obligandola a estarse quieta, hasta que los grandes ojos negro s de la muchacha aparecieron claros y brillantes. La vistio con una tunica de seda blanca bordada en perlas y abierta por los costados y la adorno con grandes pendientes, ajorcas en los tobillos y pulseras , todo de oro. Solo en el momento en que quiso ponerle un collar, la muchacha se opuso con delicadeza a que le quitase la mano de Fatima que adornaba su pecho. Aisha acaricio la pequena mano extendida y cedio. Preparo velas y cojines. Lleno una jofaina con agua limpia y dispuso limonada, uvas, frutos secos y unos dulces de miel que habia comprado en el mercado.

«Procura no moverte», le pidio cuando Fatima hizo ademan de ayudarla. Un casi imperceptible deje de tristeza cruzo el semblante de la muchacha.

—?Que sucede? —Se preocupo Aisha—. ?No...? ?No estas decidida?

Fatima bajo la vista.

—Si, claro —dijo al cabo—. Le quiero. Lo que no se...

—Cuentame.

Fatima alzo el rostro y se confio a Aisha.

—Salvador, mi esposo, gustaba de disfrutar conmigo. Y yo

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