cierto, necesito buena ropa...
—Pero...
—El rey asi lo desea. Hazte a la idea de que el precio ha aumentado. Tambien quiero ropa negra..., ?no!, blanca, de mujer... para una mujer —Sonrio—. Y un velo, sobre todo un velo, y lo necesito ahora mismo. Seguro que encuentras lo necesario entre... todo esto —anadio gesticulando con la mano.
Poco despues, Hernando abandonaba el sotano ataviado de verde, con una marlota de tafetan rojo y plata, capa de tela de oro morada bordada con perlas y un bonete con una pequena esmeralda en su frente: llevaba el alfanje de Hamid al cinto, las ropas para Isabel en la mano y la mirada de odio de Salah clavada en su espalda. Durante la noche habia ideado multitud de planes para sacar a Isabel de aquellas tierras, pero los fue desechando uno a uno hasta que... ?por que no? ?Acaso no le habia salido bien el asunto del forraje? Simplemente, debia dejarse llevar por su instinto. En el salon se encontro con Barrax y sus garzones: el arraez se aparto de su camino y le hizo una reverencia. Hernando cruzo entre ellos dandoles la paz.
—De zafiros como tus ojos llenaria yo ese bonete si vinieses conmigo —exclamo el capitan a su paso.
Hernando trastabillo, turbado, pero se recompuso. Llego al porche y pidio su caballo morcillo a Yusuf, que al poco se lo trajo embridado.
—Debo salir para cumplir un encargo del rey —se excuso ante Fatima y su madre, que no pudieron disimular la admiracion por sus lujosas vestiduras.
Monto en el morcillo, lo espoleo y salio al galope de la casa, hasta llegar donde se encontraba la nina.
—Ponte estas ropas. —Isabel, tumbada alli donde la dejara el dia anterior, no levanto la cabeza hasta que los cascos del morcillo llegaron a rozarle la frente—. ?Obedece! —Insistio ante las dudas de la muchacha—. ?Que mirais vosotros? —ladro a un grupo de soldados que se habian acercado.
Hernando desenvaino el alfanje y azuzo el caballo contra los moriscos; la capa de oro morada revoloteaba sobre la grupa del animal. Los hombres escaparon.
—Date prisa —insistio al volver junto a Isabel.
La nina no tenia donde esconderse y empezo a desnudarse encogida, tratando de taparse. Hernando le dio la espalda, pero el tiempo apremiaba. Podian llegar mas soldados en cualquier momento.
— ?Estas ya? —Se volvio al no obtener respuesta y alcanzo a ver sus pequenos pechos—. ?Rapido! —Isabel no sabia como ponerse un tipo de prendas que desconocia. Hernando desmonto y la ayudo, haciendo caso omiso a su sonrojo—. El velo, el velo, ?cubrete bien la cabeza!
Una vez lista, la monto a horcajadas sobre la cruz del caballo, por delante de el, para poder agarrarla por la barriga y partio al galope. Isabel oscilaba, inestable, pero no se quejo. Hernando dudo entre Orgiva y Berja, pero concluyo que aun cuando en esta ultima estuviese el Diablo Cabeza de Hierro, en el trayecto a Orgiva se toparia con mayor numero de moriscos; Aben Aboo y Brahim merodeaban con sus hombres por la zona de Valor y nada mas lejos de sus intenciones que toparse con su padrastro. Conocia el camino a Berja: era el mismo que habia recorrido un par de meses antes hasta Adra. Aproximadamente a media legua de la costa deberia desviarse hacia el levante, hacia las estribaciones de la sierra de Gador. Lejos de Ugijar y del ejercito de Aben Humeya, Hernando contuvo al morcillo, ya sudoroso.
—?Donde me llevas? —pregunto entonces Isabel.
—Con los tuyos.
