de repente esbozo una sonrisa y anadio—: Pero lo considerare un favor hacia un joven tan valiente, Ibn Hamid. Estaras en deuda conmigo...
No disponia de cebada y los animales necesitaban alimento. Antes de que le ordenaran abandonar la casa, Ubaid la habia reclamado. Hernando se entero por Salah de que el manco se habia unido a Barrax en Adra, adonde huyo tras la toma de Paterna por las tropas del marques de Mondejar. Corsarios, berberiscos y turcos llegaban a las costas de al-Andalus sin cesar, sabedores de que las galeras de Napoles estaban prontas a arribar y de que a partir de aquel momento el desembarco se haria mas dificil. Tambien el corso se complicaria en las costas espanolas con la llegada de la armada del comendador de Castilla, por lo que muchos arraeces decidieron buscar sus beneficios en la guerra o el comercio con los moriscos. Barrax necesitaba caballos y mulas para transportar sus enseres, principalmente las ropas y demas efectos personales de sus garzones, los unicos componentes de la expedicion corsaria autorizados a viajar con equipaje, y por eso contrato a Ubaid que, aun manco, habia logrado recuperar su competencia con las mulas y era un experto conocedor de la zona de las Alpujarras altas.
Fue Salah quien traslado a Hernando la exigencia de forraje que efectuo Ubaid nada mas llegar.
—Eso es asunto mio —le contesto Hernando de malos modos, tratando de quitarselo de encima.
?Como iba a conseguirlo?, se dijo por enesima vez cuando el sudoroso mercader le dio la espalda.
Era mediodia y las mujeres preparaban la comida, pero con la llegada de Barrax y sus hombres, la intimidad del dia anterior se habia disipado: Aisha, Fatima y la esposa de Salah se movian con las cabezas y los rostros tapados en una casa en la que se topaban con extranos. Fatima trato de sustituir las sonrisas del dia anterior con tiernas miradas que permanecian en Hernando un instante mas de lo necesario, pero tanto ella como Aisha no tardaron en comprender que le sucedia algo.
—?Que te preocupa, hijo? —aprovecho para interesarse Aisha cuando nadie podia escucharles. Hernando nego con la cabeza, los labios apretados—. Tu padrastro no ha vuelto —insistio Aisha—, he oido que se lo decias al arraez. ?Que sucede entonces? —Al ver que Hernando evitaba su mirada, Aisha insistio—: No te preocupes por nosotras. No parece que el corsario este interesado en las mujeres...
Dejo de escucharla. ?Claro que no lo estaba! Alli a donde fuera, alli donde se hallase, Hernando se encontraba con la mirada libidinosa de Barrax: unas veces solo, otras mientras acariciaba a alguno de los garzones que le acompanaban. Lo habia hecho durante toda la comida, sin dejar de mirar a Hernando, que estaba sentado enfrente junto a Salah, como si fuera el muchacho quien ocupara el lugar del garzon. Todos los demas comieron fuera de la casa. ?Como iba a contarle eso a su madre, si es que no se habia dado cuenta ya? ?Como confesarle, tambien, que desde hacia algun tiempo tenia una nina cristiana escondida junto al muro, probablemente hambrienta y atemorizada, capaz de...? ?De que seria capaz Isabel? ?Y si abandonaba su escondite y la detenian? Vendrian a por el. ?Como contarle que no disponia de cebada y que aquella misma noche, al dia siguiente a lo mas tardar, los hombres de Barrax estallarian reclamando lo que Aben Humeya habia prometido a su capitan? ?Como iba a hacer participe a su madre de que habia desobedecido al rey y le habia robado una cautiva de su propiedad? Si al arriero de Narila le habian cortado una mano por un simple crucifijo... ?que le sucederia a el por una cristiana que podia valer trescientos ducados?
—?Por que tiemblas? —Pregunto su madre llevando ambas manos a sus mejillas—. ?Estas enfermo?
—No..., madre. No te preocupes. Lo arreglare
