La empujo, pero Isabel se acurruco todavia mas contra el muro de piedra. Entonces el se levanto e hizo ademan de dejarla alli.
—?Adonde? —pregunto Isabel con un hilo de voz.
— Pues... —Hernando gesticulo con las manos. Luego observo los alrededores, con la sierra al fondo. Aqui y alla ardian los fuegos de los soldados y moriscos que no cabian en Ugijar: la mayoria pertenecia al gran ejercito de Aben Humeya—. ?No lo se! Bastantes problemas tengo ya —se quejo—. Deberia venderte y comprar forraje para los caballos del rey. ?Como les dare de comer si te dejo libre? ?Quieres que te venda?
Ella no contesto, pero tampoco dejo de suplicarle con la mirada. Hernando volvio a agacharse e indico a Isabel que guardase silencio al ver venir a un grupo. Esperaron a que pasasen. ?Que iba a hacer?, penso mientras tanto. ?Como alimentaria a los caballos? ?Que sucederia si el rey se enteraba?
— ?Vete! ?Huye! —insistio pese a todo, una vez que las voces de los moriscos se perdieron en la distancia. ?Como iba a vender a la hermana de Gonzalico? No habia conseguido que aquel obstinado nino renunciase a su fe. ?No lo habia convencido de que solo se trataba de mentir! Recordo a aquella criatura que habia dormido placidamente a su lado, cogido de su mano, la noche anterior a que Ubaid lo degollase y le arrancase el corazon—. ?Largate de una vez!
Hernando se levanto y se encamino de vuelta al pueblo tratando de no volver la mirada, pero al cabo de una docena de pasos le pudo la curiosidad y una sensacion... ?Le seguia! Isabel le seguia, descalza, desastrada, llorando y mostrando al sol del mediodia su enmaranado pelo pajizo. El muchacho le hizo un gesto con la mano indicandole la direccion contraria, pero ella permanecio quieta. Volvio a ordenarle que se marchara e Isabel insistio en su actitud.
Hernando retrocedio.
—?Te vendere! —le dijo, volviendo a apartarla del camino y llevandola hacia el muro—. Si me sigues, te vendere. Ya lo has visto: todos quieren comprarte.
Isabel lloraba. Hernando espero a que se calmara, pero pasaba el rato y la nina seguia llorando.
—Podrias escapar —insistio—. Podrias esperar a que cayese la noche y colarte entre ellos...
—?Y despues? —Le interrumpio Isabel entre sollozos—. ?Adonde voy despues?
Las Alpujarras estaban en manos de los moriscos, reconocio Hernando para si. Desde Ugijar hasta Orgiva, a mas de siete leguas, donde se emplazaba el ultimo campamento del marques de Mondejar, no se encontraban cristianos. Y a lo largo de las cuatro leguas que distaba Berja, donde estaba el marques de los Velez, tampoco hallaria ninguno. Las tierras estaban plagadas de moriscos que vigilaban el mas minimo movimiento. ?Donde podria llegar una nina antes de que la detuvieran? Y si la detenian... Si la detenian se sabria que el la habia liberado; entonces se dio cuenta del error cometido y resoplo.
Para no tener que volver a cruzar el zoco, rodearon Ugijar y se dirigieron a la casa de Salah. Hernando tiraba otra vez de la soga que habia atado de nuevo a las manos de Isabel por si se cruzaban con alguien. ?Que iba a hacer con ella? ?Presentarla como musulmana? ?Todo Ugijar habia visto su pelo pajizo, rubio y seco! ?Quien no la reconoceria? ?Que explicaciones daria? ?Como podria convivir una cristiana con ellos? Efectivamente se toparon con multitud de grupos de moriscos y soldados que no dejaron de observar con expectacion a la
