en los dos pisos; Aisha en el dormitorio principal. Brahim seguia sin aparecer. Pese a hacerlo en el porche, Hernando durmio tranquilo por primera vez en muchos dias: Fatima volvia a sonreirle.
Al amanecer atendio a los animales y decidio presentarse ante el rey para solicitarle dinero con el que comprar forraje, pero Aben Humeya no pudo recibirle. El rey se habia acomodado otra vez en la casa de Pedro Lopez, escribano mayor de las Alpujarras, cercana a la iglesia, y estaba recibiendo a los jefes de una compania de jenizaros que acababan de llegar de Argel: los doscientos que el sultan ordeno a su beylerbey que enviase a al-Andalus para contentar, si no enganar, a sus hermanos en la fe.
Hernando los vio curioseando por el inmenso zoco en que se habia convertido Ugijar. Como le advirtio el Gironcillo, era imposible no fijarse en ellos. Pese a la cantidad de gente que se amontonaba en la ciudad —entre mercaderes, berberiscos, aventureros, moriscos y el ejercito de Aben Humeya—, alli donde se hallaban los turcos, la gente se apartaba con temor. No vestian los bonetes y capas con las que Farax, desaparecido en las sierras, trato de disfrazar a los moriscos que intentaron alzar el Albaicin de Granada. Se cubrian con grandes turbantes, la mayoria de ellos ajados, con flecos que casi rozaban el suelo. Vestian bombachos, marlotas largas y practicas zapatillas; muchos lucian largos y finos bigotes. Sin embargo lo que mas impresionaba era la cantidad de armas que portaban: arcabuces de largos canones, cimitarras y dagas.
Habian desembarcado en la costa de las Alpujarras al mando de Dali, ayabachi de los jenizaros, uno de los oficiales de mayor rango por debajo del aga, cargo que democraticamente elegian en el
Los jenizaros habian sido creados como una milicia de elite a las ordenes del sultan; soldados fieles e invencibles. Sus miembros eran reclutados obligatoriamente entre los ninos cristianos mayores de ocho anos que vivian en los amplios dominios europeos del imperio otomano, a razon de uno por cada cuarenta casas. Tras la leva, se les instruia en la fe musulmana y se les entrenaba como soldados desde esa tierna edad. Al alcanzar el rango de jenizaro gozaban de una paga de por vida y de numerosos privilegios frente al resto de la poblacion. Disponian de jurisdiccion propia: ningun jenizaro podia ser juzgado y castigado ni siquiera por el bey; dependian exclusivamente de su aga quien, en todo caso, los juzgaba en secreto.
Los jenizaros de Argel, sin embargo, habian dejado de seguir el procedimiento de levas obligatorias entre los infantes cristianos del imperio otomano. Los inicialmente trasladados a Argel desde el imperio fueron sustituyendose por sus hijos u otros turcos, incluso cristianos renegados, pero nunca arabes o berberiscos. Los arabes y berberiscos tenian vedado el acceso al ejercito de elite; los jenizaros constituian una casta privilegiada. Se dedicaban al saqueo de los pueblos de Berberia y en Argel: seguros y confiados en su poder y prerrogativas, actuaban con el mas absoluto desprecio hacia los demas habitantes, robando y violando ninos y mujeres. ?Nadie podia tocar a un jenizaro!
Aquellos hombres, los doscientos que el sultan ordeno a su bey de Argel que mandase para contentar a los moriscos, acudieron a al-Andalus a luchar, pero eso no implicaba la perdida de sus privilegios. Y Hernando pudo comprobarlo mientras esperaba, a las puertas de la casa del escribano mayor, a que el arcabucero de la guardia de Aben Humeya volviese con la respuesta del rey.
Mientras tanto, intento vencer la curiosidad y evitar que su mirada persiguiese a los jenizaros que haraganeaban frente al edificio.
—?Sabes algo de Brahim, el arriero? —pregunto
