para acomodar los caballos del rey y de los jefes monfies. Sin duda alguna se trataba de la vivienda de alguna de las familias cristianas asesinadas durante la insurreccion; no tenia acceso directo desde la calle, sino que se entraba por las tierras que la rodeaban.

—?Desalojad la casa! —grito uno de los soldados a la familia morisca que salio en tropel ante la llegada de la comitiva.

Se trataba de un matrimonio de mediana edad: ella gorda, como la mayoria de las matronas; el, todavia mas si cabe, con un viejo arcabuz en las manos que humillo al ver a los soldados. A su alrededor se hallaban siete ninos de distintas edades.

Hernando percibio en la mujer la habitual sumision de todas las moriscas; una nina de no mas de dos anos se escondia agarrada a las medias enrolladas en sus piernas. Quiza..., penso el, quiza la presencia de aquella familia con tantos ninos trocase el ambiente de la cueva.

—?Entiendes de animales? —pregunto Hernando al hombre, deseando que contestase afirmativamente—. En ese caso —anadio al obtener por respuesta una mueca que quiso tomar por asentimiento—, tu y tu familia me ayudareis con los caballos del rey y compartiremos la vivienda.

Hernando desembrido con rapidez a la docena de animales de la que se habia hecho cargo, entorpecido por los intentos de ayuda de los tres ninos. No le importo su evidente inexperiencia con los caballos. Tenia que encontrar a Aisha y a Fatima.

Con la misma celeridad abandono la casa. Ya daria de comer a los animales a su regreso. Sin embargo, en cuanto cruzo el porton de hierro forjado que daba a la calle sin empedrar y comprobo que el ejercito de Aben Humeya se estaba desparramando por el pueblo y empezaba a llegar hasta alli, volvio.

—Cerrad la puerta y apostaos tras ella —ordeno a los arcabuceros—. Que nadie entre en estas tierras. Vigilad tambien el perimetro. Son los caballos del rey —les recordo.

En el momento en que dos de los arcabuceros obedecian sus ordenes, un nutrido grupo de soldados con sus familias pretendian entrar en la casa.

—Son los caballos del rey —les advirtio, al tiempo que los arcabuceros se apresuraban a cerrar las puertas tras el.

Tenia que andar contra corriente. La villa era incapaz de acoger a todos los moriscos que llegaban; los soldados y sus familias, en masa, se expandian hacia las afueras mientras el intentaba regresar al centro. Trato de sortear a la muchedumbre con la que se topaba, pero a menudo chocaba con la gente y se veia obligado a introducirse a la fuerza entre los grupos apinados. ?Donde podria encontrar a las mujeres? ?Las mulas! Las mulas serian faciles de encontrar aun entre...

Hernando choco violentamente con un hombre.

—?Cornuti!

El muchacho recibio un empellon que le lanzo contra un grupo que caminaba en direccion contraria, quienes a su vez lo empujaron. La riada de hombres y mujeres se detuvo y se abrio un pequeno espacio en el centro de la calle.

—Senori...

Hernando se volvio aturdido hacia el hombre que le habia golpeado. ?En que idioma hablaba aquel...? «Te matare», eso si lo entendio, al tiempo que veia como un rubio, de cabello ensortijado y barba tupida, se movia hacia el armado con una preciosa daga de empunadura enjoyada. El rubio solto otra retahila de palabras. No hablaba castellano, tampoco arabe ni aljamiado. Le parecio que mezclaba palabras de muchos idiomas.

—?Perro! —mascullo el hombre.

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