producian?
Anochecia, y Fatima y Aisha se sumaron a la mujer de Salah que preparaba la cena, restando importancia a las cinco bocas mas que de repente tenia que alimentar. Yusuf, el muchacho que les habia ayudado con las mulas, se sumo con gusto a las comodidades que parecia ofrecer aquella vivienda. Hernando lo acepto en cuanto reparo que se apanaba bien con los animales. Poca mas ayuda podia esperar: sus hermanastros le rehuian y no se acercaban a las mulas si el estaba presente, y los hijos de Salah, pese a la buena disposicion de su padre, nada sabian de animales.
Fatima llevo unas limonadas a los hombres, que se encontraban en el porche de la casa. Lo hizo sin velo que la cubriese y sonrio a Hernando al entregarle la suya. El muchacho sintio una punzada en el estomago. ?Le habria perdonado? Tambien oyo charlar y reir a su madre, en la cocina. Brahim todavia no habia hecho acto de presencia. En el cambio de guardia, ordeno a uno de los arcabuceros que investigase acerca de su padrastro y regresara a darle noticias. «Lo encontraras con Ibn Abbu», le comunico el soldado, que habia preguntado por el arriero a uno de los capitanes del rey.
Antes de retirarse, Fatima sostuvo la mirada de Hernando durante unos instantes. ?Volvia a sonreirle!
—Buena esposa —apunto entonces Salah, rompiendo el encanto del momento—. Silenciosa.
Hernando se llevo el vaso a la boca para poder mirar de reojo al comerciante. A pesar de que la noche se presentaba fria, el hombre sudaba. Le contesto con un murmullo ininteligible.
—Ala os ha premiado con un varon. Mis dos primeros fueron hembras —insistio Salah.
El interes del mercader le molesto. Podia echarlos de alli... pero volvio a escuchar como su madre parloteaba alegremente desde la cocina, ?cuanto tiempo hacia que no escuchaba la risa de su madre? Sin embargo tampoco deseaba proporcionar a Salah mas explicaciones acerca de la situacion de su familia.
—Pero despues te ha compensado con cuatro —adujo.
Salah hizo ademan de contestar, pero la llamada a la oracion del muecin silenciaron el zoco y su curiosidad.
Rezaron y luego cenaron. El comerciante tenia bien provista la despensa, que guardaba bajo llave en los sotanos del edificio: el antiguo lagar de los propietarios cristianos en donde tambien amontonaba multitud de variopintas mercaderias. Dieron cuenta de la cena y Hernando reviso los caballos y las mulas acompanado de Yusuf. Todos los animales pacian con tranquilidad: habian arrasado el huerto de la esposa del mercader, que tuvo que consentirlo tras volverse hacia su esposo reclamando ayuda con sus ojos. «Son los caballos del rey», le contesto impotente Salah, tambien con la mirada, haciendo un elocuente gesto hacia los arcabuceros que montaban guardia.
«Necesitaran cebada y forraje», penso Hernando. En un par de dias aquel campo estaria esquilmado, y el rey le habia ordenado que en todo momento tuviera a los caballos dispuestos, por lo que no podia llevarlos a pacer a otros campos en las afueras de Ugijar. Por la manana tendria que proveerse de alimento suficiente. Dio por finalizada la ronda y dispuso mantas en el porche para taparse con ellas.
— Prefiero dormir aqui y estar cerca de los animales —se excuso, adelantandose a la pregunta de Salah, que veia con extraneza que el chico no durmiera con su esposa. Yusuf se quedo con el y charlaron hasta caer rendidos; el nino estaba atento a la menor de sus observaciones. Los arcabuceros de refresco dormitaban en sus puestos de guardia y las mujeres y los ninos se distribuyeron
