cada mes tendras que venir a pasar cuentas conmigo. Yo no lo hubiera hecho asi, pero el rey ha insistido. Tambien ha ordenado que si cabalgas junto a el, te compres ropa adecuada.
—?Co..., como voy a vender a una nina?
—Te la quitaran de las manos, muchacho —le interrumpio el morisco—. Las mujeres cristianas son las mas deseadas en Argel, una ciudad en poder de turcos y cristianos renegados que no quieren casarse con musulmanas. ?Ni siquiera los turcos! Mira —anadio poniendo una mano sobre su hombro—, un cristiano cautivo puede ser rescatado por esos frailes mercedarios o trinitarios que van cargados de dinero a Berberia, pero una mujer nunca. Entre las pocas leyes que rigen la vida de los corsarios, hay una por la que esta prohibido el rescate de las mujeres. ?Las adoran!
—Pero... —empezo a decir Hernando observando como las muchachas temblaban y se apretujaban todavia mas entre ellas.
— La que tu quieras, ?ya! —le apremio Mustafa—. Estamos en consejo con los turcos y no puedo perder mucho tiempo.
?Como iba el a vender a una nina? ?Que sabia el de...?
—Yo no puedo... —empezaba a protestar cuando el pelo pajizo de una nina temblorosa y sucia aparecio ante el. Una de las mayores la acababa de desplazar sin contemplaciones—. ?Esa! —exclamo de repente, sin pensar.
—?Hecho! —Sentencio Mustafa—. Atadla y entregadsela —ordeno a los guardias para acto seguido retirarse con prisas—. Y recuerda: te espero en un mes.
Sin embargo, Hernando ya no escuchaba al consejero del rey. Tenia los ojos clavados en su cautiva. Era Isabel, la hermana de Gonzalico. ?Que habria sido de Ubaid?, penso en ese momento, recordando como alzo el corazon del muchacho antes de arrojarlo a los pies de la nina.
En poco rato se encontro de nuevo en la calle, observado por arcabuceros y jenizaros; en las manos llevaba la soga con la que los guardias habian atado a la nina de pelo pajizo. Se quedo parado, con Isabel a sus espaldas, extranado por los miles de reflejos que arrancaba el sol de gentes y colores. Antes no se habia percatado de ello, ?por que ahora aquel zoco se le mostraba como un mundo nuevo?
—Muchacho, ?que vas a hacer con esa belleza? —oyo que le preguntaban con sorna.
Hernando no contesto. ?Por que habia tenido que aceptar aquel trato? ?Que iba a hacer ahora con Isabel? ?Venderla? El recuerdo de la matanza de Cuxurio y las suplicas de Isabel se mezclaron con los miles de colores y olores que flotaban en el ambiente. ?Como iba a venderla? ?Acaso no le habian hecho ya suficiente dano a aquella nina? ?Que culpa tenia ella? Entonces, ?por que la habia elegido? ?Ni siquiera lo penso! La soga se tenso y Hernando se volvio hacia Isabel: un jenizaro trataba de examinarla y la nina retrocedia, asustada.
Dio un paso hacia el turco, pero el recuerdo de la mano cortada del vendedor de uvas pasas se interpuso en su camino. Isabel volvia a sollozar, los ojos muy abiertos, mirandole a el, suplicando su ayuda igual que habia hecho en Cuxurio mientras Ubaid asesinaba a su hermano Gonzalico. Isabel choco de espaldas con los arcabuceros de guardia, que le cerraron el paso, y el jenizaro empezo a manosear su cabello dorado.
—?Quieto! —grito Hernando. Solto la soga y desenvaino el alfanje.
Ni siquiera pudo llegar a alzar la espada. Con asombrosa
