moriscos huyeron atropelladamente hacia las sierras. La gente inutil que acompanaba al ejercito con los bagajes mujeres, ninos y ancianos— se puso en marcha en desorden, transportando sus enseres, al tiempo que el rey, Brahim, Barrax, los demas capitanes y la soldadesca, libres de trabas, lo hacian por delante, preocupados solo por sus vidas.
Hernando, aherrojado por los tobillos y ayudado por Yusuf, aprovecho la confusion reinante para acercarse a saltos hasta la Vieja. Al lado de esa mula se encontraba la que transportaba las ropas, afeites y demas atavios de los garzones. La gente chillaba y se apresuraba; nadie miraba; nadie estaba por el. Podia intentarlo. ?Por que no? Vio como Aisha y Fatima escapaban. Tambien vio a los garzones, con sus tunicas deslumbrantes, que corrian confundidos entre el gentio, buscando aquella mula. Los muchachos adoraban sus pertenencias; les habia visto perfumarse y cuidar sus ropas y aderezos como hacian las mujeres... ?Mas incluso! Quiza... ?que harian si veian peligrar todos sus tesoros?
Hizo un gesto a Yusuf para que vigilase. Justo antes de que los garzones llegaran ofuscados y jadeantes hasta ellos, aflojo los cierres y la cincha de las alforjas y desato el petral que las unia por el pecho del animal. Ubaid dio la orden de partir y la recua se puso en marcha. Entonces, las alforjas giraron hasta quedar boca abajo y dejar caer el tesoro de los garzones, que se esforzaron por recoger sus pertenencias corriendo tras la mula. Ubaid se percato de ello, pero no detuvo la marcha; el ejercito morisco huia apresuradamente por delante de ellos. Yusuf sonreia volviendo una y otra vez la cabeza: primero a los garzones, luego a Hernando.
Los amantes del arraez se esforzaban en recoger el reguero de prendas, frascos y adornos que iban quedando en el camino, cogiendo unos y perdiendo otros. Con sus coloridas vestimentas destacando como fanales, gritaron y suplicaron a Ubaid para que les esperase.
Nadie les ayudo.
Hernando contemplo la escena montado sobre la Vieja, escapando junto a la recua: una matrona empujo a uno de los garzones al verle agachado recogiendo una prenda; el muchacho cayo de bruces y perdio todo lo que llevaba amontonado en los brazos. El otro garzon acudio raudo en su ayuda, maldiciendo a chillidos, y otra mujer le puso la zancadilla. La siguiente escupio y la que iba detras de aquella le pateo. Perdieron sus preciosas babuchas, que varios mocosos cogieron para juguetear con ellas. A medida que la columna de inutiles escapaba, ninos y mujeres recogian algo del camino. La ultima vez que Hernando pudo contemplarlos, habian perdido ya la cola de la gente y se hallaban en pie, descalzos y sucios, extranamente quietos, llorando en tierra de nadie, entre la retaguardia del ejercito morisco y la vanguardia de los cristianos.
Huyeron. Tal fue la explicacion que Ubaid proporciono a Barrax cuando todos llegaron a Ugijar. Hernando y Yusuf escucharon la conversacion a unos pasos de distancia. El capitan agarro al arriero de su marlota y lo alzo con uno solo de sus brazos, bramando y acercando peligrosamente su rostro y su boca abierta a la nariz de este.
—Huyeron —ratifico Hernando desde donde estaba. Barrax se volvio hacia el, sin soltar al arriero—. ?Tanto te extrana? —anadio con insolencia el muchacho.
El arraez paseo la mirada de uno a otro, varias veces, para terminar lanzando a Ubaid a varios pasos.
Aben Aboo establecio su campamento cerca de Ugijar, donde dejo a los que consideraba elementos inutiles, un estorbo en su nueva estrategia de guerra de guerrillas; desde alli se esforzo por controlar a las tropas repartidas por las Alpujarras. Barrax y sus hombres regresaron al reducto morisco despues de haberse enfrentado a don Juan de Austria en Seron. En un primer momento, la victoria se decanto por el lado de los musulmanes; ni
