caer al suelo. El mayor de los garzones le golpeo varias veces en la cabeza con una vara fina que llevaba, pero solo consiguio que Hernando ofreciese su rostro.

—?Pega! —le desafio.

Soldados, mujeres y ninos observaban la escena. El garzon alzo la vara pero en el momento de descargar un nuevo golpe, el menor de ellos, ataviado con su chilaba de lino rojo sangre, le detuvo.

—Espera —le dijo, al tiempo que le guinaba un ojo.

Entonces se arrodillo junto a Hernando y le lamio la mejilla. Tras unos instantes de silencio y ante el semblante enfurecido de Hernando, algunos de los curiosos aplaudieron y chillaron, otros abuchearon. Muchas mujeres mostraron su desaprobacion con gestos e insultos, mientras los ninos se limitaban a mirar con los ojos desmesuradamente abiertos. El mayor de los garzones estallo en carcajadas, la vara ya rendida, y el otro respondio deslizando su lengua de la mejilla al cuello, al tiempo que tanteaba con la mano derecha la entrepierna de Hernando, que se revolvio al solo contacto, aunque, atado como estaba, le fue de todo punto imposible zafarse del manoseo. Trato de morder al garzon y tampoco lo consiguio. Solo escuchaba gritos y risas. El mayor de los garzones se acerco tambien, sonriendo.

—?Basta! —grito entonces Hernando—. ?De acuerdo!

Los dos muchachos le ayudaron a levantarse sosteniendole por las axilas y continuaron su paseo. Deambulo por el campamento lo mas rapido que le permitia la cadena que unia sus tobillos. No tardaron en toparse con Aisha y Fatima, cuyos rostros quedaban ocultos por el velo. Las reconocio sin necesidad de fijarse en Humam y Musa, a su lado. Su hermanastro corrio a unirse a la chiquilleria que acompanaba a la comitiva. No fue un encuentro casual: los garzones se habian dirigido a la tienda de Brahim cumpliendo las ordenes de Barrax.

Hernando, avergonzado y humillado, bajo la mirada a los hierros de sus tobillos. Fatima tambien escondio la suya al tiempo que Aisha estallaba en llanto.

—?Miradlo, mujeres! —La voz de Brahim, en pie en la entrada de su tienda, trono por encima de risas, murmullos y comentarios. Hernando alzo la cabeza instintivamente, justo en el momento en que Fatima y su madre obedecian a su esposo, y sus miradas se encontraron, vacias todas ellas—. ?Eso es lo que se merecen los nazarenos! —rio Brahim.

—Intentara huir —advirtio Barrax al jefe de su guardia y a los garzones aquella misma noche, despues de que el muchacho fuera mostrado a todo el ejercito como uno mas de los amantes del arraez—. Quiza esta noche, quiza manana o dentro de algunos dias, pero lo intentara. No le perdais de vista, dejadle hacer y avisadme.

Sucedio al cabo de tres dias. Tras pasearlo nuevamente por el campamento, los garzones lo condujeron a la acequia en la que las mujeres lavaban la ropa y alli le obligaron a lavar la de Barrax. Bien entrada la noche, sin luna y sin importarle si los guardias vigilaban o no, Hernando se arrastro por debajo de las mulas, manos y pies atados, hasta dar con un pequeno barranco por el que se lanzo sin pensar. Rodo por la ladera y se golpeo contra piedras, arbustos y ramas. No sintio dolor. No sentia nada. Luego, sobre codos y rodillas, siguio el curso de la canada en la oscuridad. Se arrastro con mayor afan a medida que los sonidos del campamento iban quedando atras. Entonces empezo a reir, nerviosamente. ?Lo iba a conseguir! De pronto choco con unas piernas. El arraez se erguia en el centro de la canada.

— Te adverti que mi barco se llamaba El Caballo Veloz —le dijo Barrax con voz queda. Hernando dejo caer la

Вы читаете La Mano De Fatima
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату