—Alejate de el, manco —le ordeno un soldado. Cuando Hernando exigio a Barrax que Ubaid abandonase la casa de Ugijar, las pendencias entre ellos habian corrido de boca en boca—. Este muchacho es intocable —le advirtio el soldado.
Los labios de Ubaid dibujaron dos palabras mudas: «Te matare».
—?Hazlo! —le reto Hernando.
—?Fuera! —grito a su vez el soldado, apartando al arriero manco de un empujon.
La fiesta de la boda y la dote de la novia. Ese fue el precio que Brahim acordo con Barrax por la compra de su hijastro. El arraez exigio que en el pacto se incluyese el alfanje de Hamid; habia comprobado la delicadeza con que el muchacho acariciaba la espada, por lo que pensaba regalarsela tan pronto se sometiese a el, cosa de la que no dudaba. ?Todos lo hacian! Miles de jovenes cristianos vivian regaladamente en Argel, como garzones de turcos y berberiscos, despues de renegar y convertirse a la verdadera fe.
—Llevatela —le contesto Brahim—. ?Quedate sus ropas! Llevate todo lo que le pertenece. No quiero nada que pueda recordarme su existencia... bastante tengo con su madre. —Brahim entrecerro los ojos y medito durante unos instantes. Sus dias de arriero habian terminado: ahora era el lugarteniente del rey de al-Andalus y ya tenia un buen botin en oro—. Necesito una mula blanca para la novia, la mas bella que exista en las Alpujarras. Te cambio mi recua de mulas por un ejemplar como ese. Haras un buen negocio —le indico al arraez mientras este lo pensaba—. Puedes encontrar mulas blancas en muchos pueblos de las Alpujarras. Quiza aqui mismo. Yo no tengo tiempo para ocuparme de esos detalles.
Un par de dias despues de haber aceptado el trato que le propuso Brahim, Barrax se acerco al arbol al que estaba atado Hernando y le mostro una preciosa mula blanca comprada por Ubaid en un pueblo cercano. Por orden del arraez, el muchacho estaba alli, encadenado, sin comida, alimentado solo a base de agua. Hernando se negaba a contestar a las palabras de su amo.
—En ella montara tu amada para entregarse a tu padrastro —le dijo Barrax palmeando el cuello de la mula. Hernando, con los ojos hundidos y amoratados, el azul de sus iris apagado, observo al animal. —Reniega y entregate a mi —insistio una vez mas Barrax.
El muchacho se santiguo ostensiblemente. Profesar la fe..., profesar la fe seria el primer paso para caer en poder del arraez. ?Que absurdo! El viejo Hamid tuvo que convencer a sus convecinos de Juviles de que el era un verdadero musulman y ahora..., ahora tenia que simular ser cristiano para no caer en poder de Barrax... ?o lo era? ?Que era el? Tampoco tuvo animos para plantearselo; ahora tocaba defender su cristianismo. El arraez, imponente como era, fruncio el ceno, pero continuo hablando con tranquilidad.
—Lo has perdido todo, Ibn Hamid: el favor del rey, tu amada... y la libertad. Te estoy ofreciendo una nueva vida. Conviertete en uno de mis «hijos» y triunfaras en Argel; lo se, lo presiento. Viviras bien, no te faltara de nada y en su momento llegaras a ser un corsario tan importante como yo; quiza mas, si, probablemente mas. Yo te ayudare. El principe de los corsarios, Jayr ad-Din, nombro capitan general a su garzon, Hasan Aga; luego le sucedio como beylerbey Dragut el indomable, que tambien fue garzon de Jayr ad-Din, y a este nuestro gran Uluch Ali, a su vez garzon de Dragut. Yo mismo... ?No lo entiendes? Te lo ofrezco todo cuando no tienes nada. —Hernando volvio a santiguarse—. Eres mi esclavo, Ibn Hamid. Se te considera cristiano. Cederas, y si no lo haces, remaras para mi como galeote y te arrepentiras de tu decision. Esperare, pero ten en cuenta que el tiempo pasa para ti y sin juventud... No quiero forzar tu cuerpo, tengo cuantos pueda desear: ninos o mujeres; te quiero a mi lado, dispuesto a todo. Piensalo, Ibn Hamid. ?Soltadlo del arbol! —ordeno a sus hombres de
