La joven se estremecio.
—Muestrate a tu esposo —ordeno el arriero.
Le flaquearon las piernas al intentar levantarse. Lo logro y se volvio hacia Brahim.
—Desnudate —jadeo este entonces, acercandose.
Fatima se irguio temblorosa, ?le faltaba el aire! Olio el aliento fetido del arriero. Con el menton recubierto de una barba grasienta, Brahim hizo un gesto hacia la tunica. Los dedos de Fatima pelearon torpemente con los nudos hasta que la tunica resbalo desde sus hombros y quedo desnuda frente a el, que se recreo examinando con lascivia aquel cuerpo que aun no habia cumplido los catorce anos. El extendio una mano callosa hacia sus pechos rebosantes, y Fatima sollozo y entrecerro los ojos. Entonces noto como palpaba sus senos, rascando la delicada piel destinada al reposo de la cabeza de Humam, antes de pellizcar uno de sus pezones. En silencio, con los parpados firmemente apretados, ella se encomendo a Dios y al Profeta, a todos los angeles... De su pezon empezo a manar leche en forma de gotas que resbalaban por los dedos de Brahim. Sin dejar de estrujarlo, Brahim clavo los dedos de su otra mano en la vulva de la muchacha y los introdujo en su vagina antes de derribarla sobre los cojines y penetrarla con violencia.
Las zambras y la musica, el lelili y los alaridos de las calles de Laujar acompanaron a Fatima a lo largo de una noche interminable, durante la cual Brahim sacio su deseo una y otra vez. Fatima aguanto en silencio. Fatima obedecio en silencio. Fatima se sometio en silencio. Solo lloro, por segunda y ultima vez en aquella jornada, cuando Brahim mamo de sus pechos.
20
A finales de octubre, al mando de diez mil hombres Aben Aboo ataco Orgiva, la mayor plaza bajo control cristiano de las tierras alpujarrenas. Tras unos iniciales embates que los acuartelados rechazaron, el rey se dispuso a rendirla por hambre y sed.
La inactividad que conllevaba el asedio sembro el tedio en el campamento morisco. Hernando, aherrojado por los tobillos, siguio al ejercito junto al resto de los inutiles y efectuo el camino a Orgiva montado en la Vieja: de lado, como una mujer, clavandose los mil huesos que mostraba la famelica mula, como pretendio Ubaid al indicarle que montara en ella. Durante el trayecto fue constante objeto de escarnio por parte de las mujeres y la chiquilleria que acompanaba al ejercito. Solo Yusuf, que habia seguido a las mulas como si formara parte del trato entre Brahim y el arraez, le mostraba simpatia y espantaba a los chiquillos que se acercaban para reirse a su costa, siempre que Ubaid no estuviera alerta. A pesar de su incomodidad y verguenza, intento, sin exito, distinguir a Fatima o a su madre en el camino, entre la gente. No consiguio dar con ellas hasta unos dias despues de que se instalaran a las afueras de la ciudad.
—Humilladle —ordeno Barrax a sus dos garzones—. No lo maltrateis si no es imprescindible. Humilladle en presencia de capitanes, jenizaros y soldados, pero sobre todo de esa morisca. Conseguid que pierda su orgullo. Lograd que olvide esa hombria que le ciega.
En el campamento, los dos garzones vistieron a Hernando con una delicada tunica de seda verde y unos bombachos del mismo color adornados con pedreria, ropas todas ellas que pertenecian al garzon de mas edad. Hernando trato de oponerse, pero la ayuda de varios berberiscos ociosos que se divirtieron desnudandolo y vistiendolo hicieron inutiles sus esfuerzos. Trato de arrancarse la ropa pero le ataron las manos por delante. Atado, aherrojado y vestido de seda verde, los garzones pretendieron pasearle por el campamento, entre tiendas y chamizos, entre soldados y mujeres cocinando.
No habian andado ni un par de pasos cuando Hernando se dejo
