acampados aqui, ?adonde irias? Guarda silencio mientras te examino.
La herida parecia bastante profunda. ?Habria afectado a los pulmones? ?Que sabia el! Volvio a explorarla; luego hizo lo propio con el rostro del caballero. No habia escupido sangre. ?Y? ?Que significado podria tener que no escupiera sangre? Lo unico que sabia con certeza era que si moria, el iria detras. Lo habia percibido en la actitud de Barrax, muy diferente a como le trataba mientras le pretendia, similar ahora a la que adoptaba al dirigirse a Ubaid o a cualquiera de sus hombres. El arraez, como la mayoria de los berberiscos y jenizaros, estaba preocupado por la marcha de la guerra. Y si no moria... remaria de por vida como galeote en
Necesitaba cuernos. Llamo a Yusuf.
—Di al arraez que necesito dos o tres cuernos, preferentemente de ciervo, un mazo, una cazuela y lo necesario para hacer fuego...
—?De donde sacamos cuernos? —le interrumpio el chico.
—De los arcabuceros. Muchos de ellos guardan la polvora fina de la cazoleta en cuernos. Tambien necesitare una lamina de cobre, vendas, agua fresca y trapos. ?Corre!
Hernando empezo a triturar a golpes de mazo el extremo de uno de los tres cuernos que le proporciono Yusuf.
—Barrax me ha dicho que me quede contigo y que te ayude aclaro el muchacho cuando Hernando se volvio hacia el.
—Entonces, continua tu con los cuernos. Debes pulverizar sus puntas.
Yusuf empezo a martillear y el desnudo al caballero, ya semiinconsciente, y le limpio la herida con agua fresca. Tambien le coloco trapos empapados sobre la frente. Luego, una vez que Yusuf hubo terminado de machacar las puntas de los cuernos, calcino el polvo en la cazuela y aplico las cenizas sobre la herida. El caballero se quejo. Tapo la herida impregnada en cenizas con la lamina de cobre y coloco una venda.
?A que Dios debia de encomendarse a partir de entonces?
Brahim habia enloquecido por Fatima. No le permitia abandonar el chamizo que ordeno que le levantaran en el campamento para ellos dos, e incluso faltaba a sus obligaciones para con el rey por estar con ella; Aisha, sus hijos y Humam se refugiaban bajo unos ramajes al lado de la choza. Fatima se mostraba indiferente cuando Brahim acudia a ella. El arriero la golpeaba, furioso ante el desprecio, y ella se sometia. La obligaba a acariciarlo, y ella lo hacia hasta que Brahim llegaba al extasis, pero este solo encontraba desden en sus grandes ojos negros almendrados. Obedecia. Se entregaba a el, y en cada ocasion en que el arriero no conseguia mas que la pasividad de su cuerpo, la muchacha obtenia una pequena venganza, satisfaccion que no obstante se desvanecia paulatinamente a medida que transcurrian los eternos dias en que se hallaba recluida en el chamizo.
Una noche, Brahim aparecio con Humam berreando, colgando de su mano derecha como si de un fardo se tratase.
—Le matare si no cambias de actitud —la amenazo.
A partir de esa noche, siempre con Humam junto a ellos,
