estaba! ?Indefenso! Su cuello era mucho mas grueso que el del guardia al que no habia logrado decapitar por completo. Fue a descargar el golpe, pero algo le detuvo y dejo el arma en alto. ?Por que no? ?El corsario sabria quien iba a poner fin a su vida! ?Se lo debia a Yusuf! Con uno de sus pies sacudio las costillas de Barrax. El corsario mascullo algo, se removio y siguio durmiendo. Lo siguiente fue una fuerte patada en su costado. Barrax se incorporo confundido y Hernando se concedio unos instantes, los suficientes para que le viese, los suficientes para que alzase la mirada al alfanje, los suficientes para que despues la bajase hasta sus ojos. El arraez abrio la boca para gritar y el alfanje volo hacia su cuello. De un solo tajo le cerceno la cabeza.

Hernando recorrio el campamento ataviado al modo turco, con las vestiduras que encontro en la tienda: un turbante que le escondia medio rostro, unos bombachos y una larga marlota que le llegaba hasta los tobillos; los grilletes envueltos en retales de tela y escondidos bajo los bombachos. En la mano derecha, en un saco, llevaba la cabeza del arraez. Tambien portaba varias dagas al cinto y un pequeno arcabuz colgando del lado contrario al del alfanje de Hamid. Con osadia, alzando la voz, pregunto a los diversos soldados de guardia con los que se encontro por la tienda de Brahim, hasta que llego a ella. Entro sin pensarlo, resueltamente, con el alfanje desenvainado. ?Que le importaba que fuera el esposo de su madre! En esta ocasion no le valdrian las suplicas de Aisha. Pero la tienda que le indicaron estaba vacia: no quedaba nada en su interior. Iba a envainar el alfanje cuando un ruido a sus espaldas le obligo a volverse con el arma otra vez dispuesta. Se encontro con su madre, quieta, en la entrada.

—?Que buscas? —pregunto Aisha.

Hernando se descubrio el rostro.

—?Hijo! —Aisha fue hacia el, pero por primera vez Hernando se zafo de su abrazo.

—?Y Brahim? —Inquirio con brusquedad—. ?Y Fatima? ?Donde estan?

—Hijo... ?Estas vivo! Y... ?libre? —balbuceo su madre.

Hernando observo como las lagrimas corrian por sus mejillas.

—Madre, ?donde esta Fatima? —volvio a preguntarle, esta vez con dulzura, al tiempo que la estrechaba entre sus brazos.

—Han huido. Escaparon a rendirse a los cristianos —contesto ella, entre sollozos—. Esta misma noche, al ponerse el sol. —La decepcion de Hernando fue tan manifiesta que Aisha se apresuro a proseguir—: El rey se vio obligado a reprender a tu padrastro en varias ocasiones. Faltaba a los consejos y hasta a las escaramuzas por…—dudo—, por estar con Fatima —solto al fin—. Como el bando de los cristianos solo permite la libertad de dos personas, eligio a Fatima y a su hijo mayor, Aquil, aunque tambien se llevo a Humam a instancias de su madre. Quiza a un nino de pocos meses no lo tengan en cuenta.

—Fatima... ?Fatima ha huido con el?

—Tuvo que obedecer, hijo. Brahim...

—?Y Musa? —la interrumpio. No queria saber mas detalles.

—En la tienda de al lado. En esta solo podian estar...

—?Vamos tras ellos! —la apremio, interrumpiendola de nuevo.

Empezaba a amanecer. Encontraron una recua de mulas a algunos pasos de la tienda y Hernando decidio hacerse con una de ellas para montar a su madre. El

Вы читаете La Mano De Fatima
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату