cristianos en Juviles. De poco sirvio el perdon concedido por el marques de Mondejar. En el desbarajuste que se origino con la matanza de mujeres y ninos en la plaza de la iglesia, algunos soldados se apoderaron de los hombres instalados en las casas del pueblo y desertaron con el exiguo botin que representaban aquellos moriscos que no pudieron huir con el ejercito musulman. Hamid, herrado al fuego, cojo y escualido, fue vendido a bajo precio antes incluso de llegar a Granada, sin regateos, a uno de los muchos mercaderes que seguian al ejercito. Desde alli fue transportado a Cordoba y adquirido por el alguacil de la mancebia; ?que mejor esclavo para un lugar repleto de mujeres que un hombre cojo y debil?
—?Compraremos tu libertad! —exclamo Hernando, indignado, al conocer la historia.
Hamid le contesto con una sonrisa resignada.
—No pude escapar de Juviles con nuestros hermanos. ?Y la espada? —pregunto de repente.
—Enterrada en el castillo de Lanjaron, junto...
Hamid le hizo sena de que callase.
—Aquel llamado a encontrarla, lo hara.
Hernando siguio ese pensamiento antes de insistir de nuevo:
—?Y tu libertad?
—?Que haria en libertad, muchacho? No se hacer nada mas que cultivar campos. ?Quien iba a contratar a un cojo para cultivar? Tampoco puedo esperar las limosnas de los fieles. Aqui, en Cordoba, solo encontraria la muerte si, en libertad, me dedicase como alfaqui a lo que he hecho durante toda mi vida...
—?En libertad? ?Quiere eso decir que continuaras como alfaqui? —le interrumpio Hernando.
Hamid le obligo a callar tras mirar de reojo si alguien les escuchaba.
—Ya hablaremos de eso mas adelante —susurro—. Me temo que tendremos mucho tiempo para ello.
—Tu entiendes de hierbas —insistio no obstante el muchacho—. Podrias dedicarte a ellas.
—No soy medico ni cirujano. Cualquier cosa que hiciera con hierbas seria considerada brujeria. Brujeria... —repitio para sus adentros.
Habia tenido que persuadir a la joven Ana Maria de que sus conocimientos no eran brujeria aunque, despues de todo, la muchacha tampoco parecia excesivamente convencida. Poco despues de llegar a la mancebia, un dia la encontro llorando desconsoladamente en su botica cuando fue a llevarle ropa de cama limpia. Al principio, Ana Maria se mantuvo obstinada y no contesto a sus preguntas; Hamid era propiedad del alguacil y ?quien le aseguraba a ella que no le contaria...? Hamid leyo aquella desconfianza en sus ojos e insistio, hasta que, poco a poco, ella se abrio al alfaqui y se desahogo. ?Chancro! Le habia aparecido una pequena llaga en la vulva, indolora, casi imperceptible, pero senal inequivoca de que en poco tiempo se convertiria en una sifilitica. El medico que cada dos semanas mandaba el cabildo municipal a controlar la salud e higiene de las prostitutas acababa de pasar y no se habia percatado, pero en la siguiente visita no le pasaria inadvertido. La muchacha volvio a estallar en llanto.
—Me enviara al Hospital de la Lampara —sollozo—, y alli..., alli morire entre sifiliticas.
Hamid habia oido hablar del cercano Hospital de la Lampara. Todos los cordobeses tenian miedo a ingresar en alguno de los muchos hospitales que existian en
