que no tendras nada que hacer por la comunidad. Debemos organizamos. Poco a poco lo vamos consiguiendo. A medida que nuestros hermanos empiezan a trabajar como artesanos o mercaderes y abandonan los campos, se obtienen dineros para nuestra causa. Cualquiera de ellos es infinitamente mas valioso que esos perezosos cristianos. Aprovecha. Trabaja duro y sobre todo intenta continuar con la instruccion que seguiamos en las Alpujarras: lee, escribe. En toda Espana hay hombres preparandose para ello. Nosotros..., yo, desapareceremos un dia u otro y alguien debera continuarnos. ?No podemos permitir que nuestras creencias se olviden! —Hamid tomo por los hombros a Hernando en medio de la desierta calle del Potro, sin precaucion alguna. Aquel contacto, su vehemencia, causaron un escalofrio en el muchacho—. ?No podemos dejar que vuelvan a vencernos y que nuestros hijos ignoren la religion de sus antepasados! —La voz de Hamid surgio quebrada. Hernando le miro a los ojos: estaban humedos—. No hay otro Dios que Dios y Muhammad es el enviado de Dios —logro entonar entonces Hamid, como si de un canto de victoria se tratase.

?Una lagrima! Una lagrima corria por la mejilla del alfaqui.

—Sabe —se sumo Hernando, recitando la profesion de fe de los moriscos—, que toda persona esta obligada a saber que Dios es uno en su reino. Creo las cosas todas que en el mundo existen, lo alto y lo bajo, el trono y el escabel, los cielos y la tierra...

Cuando Hernando termino, se abrazaron.

—Hijo —musito Hamid con el rostro apoyado en el hombro del muchacho.

Hernando le estrecho con fuerza entre sus brazos.

—Existe un problema —objeto Hernando al cabo de unos instantes—: me han ofrecido una vivienda. Fatima... Ante los cristianos, ella es mi esposa, esta censada como tal, por lo que tendria que venir a vivir conmigo y eso es imposible. No se si podre renunciar a la vivienda o si hace falta que resida en ella.

—Quiza no tengas que renunciar a nada. —Hamid se separo de el—. Hace algunos dias, Fatima solicito el divorcio de Brahim.

—?No me ha dicho nada!

—Lo estabamos tratando en consejo. Nosotros le pedimos que no lo hiciera, que no dijera nada a nadie hasta que iniciasemos el juicio y se enterase Brahim.

—?Podra..., podra divorciarse? —balbuceo Hernando.

—Si lo que sostiene es cierto, y lo es, si. Hoy mismo, cuando todos estaban en los juegos de toros, nos hemos reunido y hemos acordado iniciar el juicio. Si este fallase conforme a los intereses de Fatima y en el plazo de dos meses Brahim no encontrase el suficiente dinero con que gobernarla, ella quedaria libre.

Aquella noche, en consejo, los dos ancianos y Hamid se dirigieron a la calle de Mucho Trigo, a casa de Brahim. El alfaqui habia pedido a Hernando que desapareciese esa noche, que buscase otro sitio para dormir, cosa que no le fue dificil.

Por su parte, Fatima sabia que ese domingo se reunia el consejo con el fin de tratar la solicitud de divorcio. Se lo habia comunicado Jalil.

Por la tarde, cuando Brahim y los demas vecinos de la casa acudieron a los toros, Fatima se quedo a solas con Aisha y el pequeno. Lo habian bautizado con el nombre de Gaspar, igual que el de uno de los padrinos, cristianos viejos los dos, que el parroco

Вы читаете La Mano De Fatima
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату