tanto Fatima como Jalil si lo hicieron en los ninos que actuaban como pajes: probablemente serian moriscos, ninos robados a sus madres para evangelizarlos. El anciano suspiro, y ambos se mantuvieron unos instantes en silencio mientras las mujeres y su sequito seguian calle abajo.

—Era la mejor mula blanca de las Alpujarras —siseo ella una vez que el grupo hubo girado hacia la catedral.

Jalil asintio como si aquella revelacion fuera interesante. Entonces se detuvo, a algunos pasos de la carcel, a cuyas puertas se apelotonaban los familiares de los presos.

—El dinero que gana tu esposo... quiero decir, ?quien te mantiene?

—No se —reconocio ella—. Todos. Tanto Brahim como Hernando entregan sus jornales a Aisha para que los administre.

—?El de Hernando tambien? —le interrumpio Jalil.

—?Claro! Aunque sea poco, sin el no podriamos vivir. Brahim no hace mas que quejarse de ello.

—Y ahora, con el nuevo hijo, supongo que sera mas dificil todavia.

—Eso parece que es lo unico que le preocupa: su nuevo hijo, ?un varon que le ha hecho sonreir de nuevo! —Fatima se planteo si en realidad alguna vez le habia visto sonreir abiertamente, aparte de aquella mueca cinica con que acostumbraba a responder. Ciertamente, no, concluyo—. Pero si no esta con el nino —prosiguio—, no hace mas que renegar de los miseros jornales que le pagan en el campo.

Jalil volvio a asentir.

—El marido —le explico entonces— debe gobernar a su esposa y debe proveerla de comida y bebida, vestirla y calzarla...

— En ese momento el anciano bajo la mirada a los pies de Fatima, calzados con unos zuecos de cuero, rotos y agujereados, cuya suela de corcho casi habia desaparecido—, y tambien proporcionarle una morada conveniente. Si no lo hace asi, la esposa puede demandar el ser quitada de el. —La muchacha cerro los ojos y sus unas se clavaron en el pedazo de pan duro que portaba a la carcel—. Nuestras leyes dicen que solo si la esposa se caso con su marido a sabiendas de que era pobre, perdera el derecho a pedir el divorcio si este no puede gobernarla.

—?Como puedo pedir el divorcio? —salto la muchacha, esperanzada.

— Deberias acudir al alcall, y si el considera que tienes razon, concedera a Brahim un periodo de entre ocho dias y dos meses para que pase a disfrutar de mejor fortuna. Si la consigue, podra volver a ti, pero si transcurrida la idda que determine el alcall, continua siendo incapaz de gobernarte convenientemente, podras contraer matrimonio con otra persona y Brahim perdera cualquier derecho sobre ti.

— ?Quien es el alcall?

El anciano dudo.

—No... no tenemos. Supongo que podria ser yo, o Hamid, o Karim —anadio refiriendose al tercer anciano que componia el consejo.

— Si no tenemos alcall, Brahim podria negarse a cumplir...

—No. —El anciano fue tajante—. El dispone de dos esposas conforme a nuestras leyes. No puede acogerse a ellas para lo que le beneficia y negarlas si le

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