los criados del conde de Espiel tambien trataban de darle alcance.
—?Que...? —empezo a preguntar el alguacil.
—?Dejadlo! —ordeno uno de los lacayos arrancando a la presa de las manos del alguacil.
—?Detenedlos a ellos! —Anadio el otro lacayo al tiempo que senalaba a los criados del conde de Espiel—. ?Pretenden asesinarle!
La simple acusacion fue suficiente para que los alguaciles que vigilaban plantaran cara a los hombres del conde, y fue suficiente tambien para que Hernando y los lacayos de don Diego se perdiesen en direccion al Potro.
Mientras, el conde de Espiel paseaba orgulloso a caballo por la Corredera, entre los aplausos del publico.
— Retirad estos cadaveres de aqui —ordeno don Diego a todos los cuadrilleros que contemplaban la escena desde la puerta, senalando al toro y al caballo muertos—. En caso contrario —ironizo en voz baja, dirigiendose a dos caballeros que se hallaban junto a el—, ese imbecil sera incapaz de abandonar la plaza y nos dara la noche.
31
Algunos dias antes del domingo del juego de toros, Fatima y Jalil, cuyo nombre cristiano era Benito, uno de los ancianos que junto a Hamid se habia constituido en jefe de la comunidad morisca de Cordoba, se dirigian a la carcel, cada cual con la comida que habia logrado recoger para los presos, como venian haciendo con regularidad. Hablaban de Hernando, de su trabajo por la comunidad.
—Es un buen hombre —afirmo en un momento determinado Jalil—: joven, sano y fuerte. Deberia casarse y formar una familia.
Fatima no dijo nada. Bajo la mirada y su caminar se hizo mas lento.
—Existe una posibilidad de arreglar vuestro problema —afirmo Jalil, conocedor de la situacion.
Ella se detuvo e interrogo al anciano:
—?Que quieres decir?
—?Ha dado ya a luz Aisha? —le pregunto Jalil, al tiempo que le indicaba que continuara andando. Circundaban la mezquita hasta llegar cerca de la puerta del Perdon, donde nacia la calle de la Carcel. Fatima vio como el anciano miraba de reojo el simbolo del dominio musulman en Occidente mientras ella aligeraba el paso para alcanzarle.
—Si —contesto—. Un nino precioso. —Lo dijo con melancolia. Cordoba le quito a Humam; Cordoba le daba un nuevo hijo a Aisha.
Jalil creyo entenderla.
—Eres joven todavia y, pese a tu aspecto, fuerte. Lo demuestras dia a dia. Confia en Dios. —Jalil guardo silencio unos instantes. En el momento en que embocaban la calle de la Carcel, el anciano volvio a hablar—: Cuando contrajiste matrimonio con Brahim, ?el era pobre?
—No. Entonces era el lugarteniente de Ibn Abbu, el rey de al-Andalus, y disponia de cuanto deseaba. Recorri las calles de Laujar montada en la mejor mula blanca...
Callo de inmediato al encararse con dos mujeres vestidas de negro acompanadas de varios criados y seguidas por unos pajes que mantenian alzados los bajos de sus faldas para que no se ensuciasen. La estrecha calle no permitia el paso de tantas personas y los dos moriscos se apartaron con prudencia. Las mujeres ni siquiera repararon en ellos, pero
