de San Nicolas eligio para aquella funcion, como era obligado en el caso de los bautizos de los hijos de los moriscos. Ni Aisha ni Brahim tenian especial predileccion por ningun nombre cristiano y aceptaron la propuesta del sacerdote: el nino se llamaria Gaspar.

El bautizo les costo tres maravedies para el sacerdote, una torta para el sacristan y algunos huevos como obsequio para los padrinos, asi como la toca de lino blanco que cubria a la criatura y que quedaba para la Iglesia; Brahim tuvo que pedir prestado para hacer frente a esos gastos. Con anterioridad al bautizo, el sacerdote, al igual que hizo la partera cristiana que acudio al alumbramiento, comprobo que Gaspar no estuviera circuncidado, pero nadie comprobo como, al volver a casa, Aisha lavo una y otra vez con agua caliente la cabecita del recien nacido para limpiarla de los oleos santos. Ellos habian decidido llamarlo Shamir. Esa ceremonia habia tenido lugar una noche, dias antes de su bautizo cristiano, con el nino en brazos en direccion a la quibla, despues de lavarle el cuerpo entero, vestirle con ropas limpias, adornarle el cuello con la mano de oro de Fatima y rezar en sus oidos.

La tarde de ese domingo de marzo, las dos mujeres estaban sentadas en el patio de la casa.

—?Que te sucede? —le pregunto al fin Aisha, rompiendo asi el silencio.

Fatima le habia pedido que le dejase a Shamir y llevaba mucho rato acunandolo, canturreando, mirandolo y acariciandolo, ensimismada en la criatura, sin dirigir la palabra a Aisha. Ella le dejo hacer; primero penso que la joven echaba de menos a Humam y por tanto respeto su silencio y su dolor, pero a medida que el tiempo transcurria y la muchacha ni siquiera la miraba, presintio que habia algo mas.

Fatima no le contesto. Apreto los labios para reprimir un ligero temblor que no paso inadvertido a Aisha.

—Cuentame, nina —insistio esta.

—He pedido el divorcio de Brahim —cedio.

Aisha inspiro con fuerza.

Por primera vez desde que cogiera en brazos a Shamir, las dos mujeres cruzaron sus miradas. Fue Aisha la que permitio que afloraran las lagrimas. Fatima no tardo en acompanarla y lloraron mirandose la una a la otra.

—Al final... —Aisha hizo un esfuerzo por sobreponerse al llanto que se prolongo durante un buen rato—, al final lograreis huir. Deberiais haberlo hecho hace mucho tiempo, cuando la muerte de Ibn Umayya.

—?Que sucedera?

—Que por fin alcanzaras la felicidad.

—Quiero decir...

—Se lo que quieres decir, querida. No te preocupes.

—Pero...

Aisha alargo el brazo y, con delicadeza, puso los dedos sobre los labios de la muchacha.

—Estoy contenta, Fatima. Lo estoy por vosotros. Dios me ha puesto a prueba, y tras las desgracias ahora me ha premiado con el nacimiento de Shamir. Tu tambien has sufrido y mereces volver a ser feliz. No debemos poner en duda la voluntad de Dios. Disfruta, pues, de los dones que El ha decidido concederte.

Pero ?que diria Brahim?, se preguntaba Fatima sin poder evitar un estremecimiento al pensar en el caracter violento del arriero.

Brahim lanzo mil maldiciones cuando Jalil, acompanado de Hamid y Karim, le comunico la solicitud de divorcio por parte de su segunda esposa. Fatima y

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