llegados.
— Han asesinado a todos nuestros hermanos que tenian presos en la carcel de la Chancilleria —logro oir Hernando; habia tantos hombres que no llegaba a ver el centro del corro. El espia se mantuvo en silencio mientras duraron los rumores, las imprecaciones y los insultos con que los hombres recibieron su declaracion. Luego continuo—: La soldadesca cristiana ataco la carcel ante la pasividad de los alcaides, y los mataron como a perros, encerrados en los calabozos y sin posibilidad de defenderse. ?A mas de un centenar de ellos! Luego confiscaron todas sus haciendas y posesiones. ?Se trataba de los mas ricos de Granada!
—?Solo les interesan nuestros bienes! —grito alguien.
—?Lo unico que pretenden es enriquecerse! —contesto otro.
—Tanto el marques de Mondejar como el de los Velez estan teniendo serios problemas con sus respectivos ejercitos. —Hernando reconocio la voz del espia de nuevo. La gente se habia ido acercando al grupo y el se hallaba ya emparedado entre los muchos moriscos que prestaban atencion—. Los soldados desertan en el momento en que obtienen algun esclavo o parte del botin. Mondejar ha perdido a gran parte de sus hombres a raiz del botin obtenido desde que cruzo el puente de Tablate y entro en las Alpujarras, pero le siguen llegando refuerzos, gente avida de hacerse rica antes de volver a sus casas.
—?Que ha sido de los ancianos, mujeres y ninos de Juviles? —pregunto alguien.
Mas de dos mil hombres habian dejado a sus familias en el castillo, y los rumores que corrieron despues de las noticias proporcionadas por Hernando los habian tenido en vilo desde entonces.
—Cerca de mil mujeres y ninos fueron vendidos como botin de guerra en almoneda en la plaza de Bibarrambla...
La voz del espia se apagaba.
—?Habla mas alto! —le instaron desde detras.
—Las vendieron como esclavas —se esforzo en gritar el hombre-. ?A mil de ellas!
—?Solo mil! —Hernando escucho la apagada exclamacion a sus espaldas y temblo.
—Las expusieron publicamente en la plaza, harapientas y humilladas. —Un silencio reverencial se hizo mientras el tono de voz del espia descendia de nuevo—. Los mercaderes cristianos las manoseaban sin el menor pudor con el pretexto de comprobar su estado, mientras los corredores gritaban los precios y las adjudicaban ante los insultos, pedradas y escupitajos de las gentes de Granada. ?Todo el dinero ha ido a parar a las arcas del monarca cristiano!
—?Y los ninos? —se intereso alguien—. ?Tambien los vendieron como esclavos?
—En Bibarrambla, en almoneda publica, solo vendieron a los ninos mayores de diez anos y a las ninas mayores de once. Asi lo ordeno el rey.
—?Y los menores?
Fueron varios los que hicieron la pregunta al mismo tiempo. El espia espero unos instantes antes de contestar. Los hombres empujaron, se pusieron de puntillas o incluso llegaron a subirse sobre la espalda de alguno de sus companeros para ver y escuchar mejor.
—Tambien los vendieron, fuera de almoneda, a espaldas de la orden del rey —se arranco de repente el espia, como si le costara un gran esfuerzo—. Yo los
