vi. Los herraron a fuego en el rostro... a ninos de pocos anos... para que nadie pudiera ya discutir su condicion de esclavo. Luego los enviaron rapidamente a Castilla e incluso a Italia.
Hernando vio como un hombre, que se habia encaramado sobre los hombros del que tenia delante, se derrumbaba y caia. Nadie oso hablar durante un largo rato: el dolor de aquellos hombres era casi palpable.
—?Y los ancianos e impedidos de Juviles? —La pregunta surgio de entre la multitud ya en tono desesperado—. Eran cerca de cuatrocientos.
Hernando aguzo el oido. ?Hamid!
—Los esclavizaron los propios soldados de Mondejar cuando desertaron.
?Hamid convertido en esclavo! Hernando noto que se le doblaban las rodillas y se apoyo en un hombre.
?Pero faltaba una pregunta! Una que ninguno de los presentes deseaba formular. Durante aquellos dias, Hernando habia sido materialmente asaltado por grupos de moriscos; querian escuchar de su voz lo que se rumoreaba por el campamento. Todos ellos tenian mujeres e hijos en Juviles, y el les repetia una y otra vez lo sucedido. «Pero era noche cerrada cuando huiste de la plaza, ?no?», discutian en un intento de negar la posibilidad de tantas muertes. «Fue imposible que vieras cuantas de las mujeres y ninos llegaron a morir realmente...»Y entonces el asentia. Aquella noche habia saltado sobre centenares de cadaveres, escuchando, sintiendo incluso el odio y la locura que se apoderaban de la tropa cristiana, pero ?para que desesperanzar mas a aquellos esposos y padres?
—?Murieron todas las que estaban fuera de la iglesia de Juviles! ?Todas!—aullo el espia—. ?Mas de mil mujeres y ninos! Ninguna se salvo.
Poco despues, las hogueras en las cimas de cerros y montanas anunciaron a los moriscos que el marques de Mondejar se dirigia con su ejercito hacia Ugijar. Aben Humeya, convencido por los monfies de que su suegro, Miguel de Rojas, le habia aconsejado parapetarse en Ugijar porque habia llegado a un pacto con el marques de Mondejar —segun el cual, a cambio de la cabeza del rey de Granada, Miguel de Rojas y su familia quedarian en libertad y se harian con el botin del ejercito morisco—, asesino sin contemplaciones a su suegro y a gran parte del grupo familiar de los Rojas, y repudio a su primera esposa.
Aben Humeya y sus hombres partieron hacia Paterna del Rio, al norte, en la falda de Sierra Nevada. Por encima de aquel pueblo solo habia rocas, barrancos, montana y nieve. Hernando andaba con el ejercito, junto al rey y su estado mayor, lejos de los demas arrieros, sus mulas cargadas de oro y plata amonedada y de todo tipo de joyas y ropajes bordados en hilo de oro. Brahim asi lo habia dispuesto por orden del rey: el botin debia ser seleccionado, y el oro y las joyas cargados en las mulas del joven arriero, que iba en cabeza; las demas mulas, con el resto del botin, seguian detras, como era usual.
En algunas ocasiones, cuando el sinuoso camino se lo permitia, Hernando volvia la cabeza
—?Arre! —hostigaba entonces a las mulas para deshacerse de aquellas sensaciones.
Llegaron a Paterna y el rey morisco dispuso a sus hombres a media legua del
