esclavos. Vimos numerosas partidas de soldados que desertaban del ejercito en direccion a Murcia, encabezando largas filas de mujeres y ninos esclavos.
Buscaron por todo Ugijar. Muchos moriscos les confirmaron el relato.
—?De Terque? —tercio un soldado que habia oido las preguntas de Fatima—. ?Salvador de Terque? —La muchacha asintio—. ?El cordelero? —Fatima volvio a asentir, las manos frente a su pecho, los dedos entrelazados con fuerza—. Lo siento... murio. Murio junto al Futey luchando valerosamente...
Hernando la agarro al vuelo. No pesaba. Casi no pesaba. Ella se desmorono en sus brazos y Hernando noto como se le empapaba la mejilla con sus lagrimas.
—?A que viene tanto llanto? —pregunto Brahim a la hora de la cena, sentado en corro en el centro del pueblo, entre multitud de hogueras.
—Su esposo... —se adelanto Hernando—. Dicen que esta herido en las sierras —mintio.
Aisha, enterada de la muerte del padre del pequeno antes de que volviera Brahim, no contradijo la version de su hijo. Tampoco lo hizo Fatima. Sin embargo, pese al dolor que mostraba la muchacha y al hecho de que su esposo supuestamente siguiera con vida, Brahim continuo mirandola lasciva y desvergonzadamente.
Esa noche Hernando no pudo conciliar el sueno: los sollozos contenidos de Fatima repiqueteaban en su interior con mas fuerza que la musica y los canticos que se escuchaban en el campamento.
—Lo siento —susurro por enesima vez, tumbado a su lado, muy pasada la medianoche.
Fatima sollozo una respuesta ininteligible.
—Le querias mucho. —Las palabras de Hernando se quedaron entre la afirmacion y la pregunta.
Fatima dejo transcurrir unos instantes.
— Nos criamos juntos... Le conocia desde que era una nina. Era aprendiz de mi padre, pocos anos mayor que yo. Casarnos parecio lo mas…—La muchacha intento encontrar la palabra—. Lo mas natural. Siempre habia estado ahi...
Los sollozos se habian convertido en un llanto desesperado.
—Ahora estamos solos, Humam y yo —logro articular—. ?Que haremos? No tenemos a nadie mas...
—Me tienes a mi —susurro el. Sin pensarlo, acerco una mano hacia la joven, pero ella no la toco.
Fatima se quedo en silencio. Hernando oia la respiracion entrecortada de la muchacha, confundida con las zambras del campamento morisco. Antes de que la musica y los canticos ganaran fuerza, Fatima musito:
—Gracias.
El marques de Mondejar concedio unos dias de respiro al ejercito morisco acampado en Ugijar. Recibia a los principales de los lugares que acudian a el a rendirse; destinaba partidas de hombres que atacaban las cuevas en las que se escondian moriscos y por ultimo, se dirigio a Cadiar antes que a Ugijar.
Esos dias bastaron para que los espias moriscos, que vigilaban cuanto sucedia en Granada, acudieran a Ugijar provistos de noticias. Hernando se dirigio con curiosidad al nutrido corro de hombres que rodeaba a uno de los recien
