ademan de impedir el paso a Brahim, pero este consiguio convencerlos de que debia acompanar a su hijastro.
Se trataba de un edificio senorial de dos pisos, encalado, con balcones de hierro forjado en la planta superior, y techado con tejas a cuatro aguas. Nada mas superar a la guardia, antes incluso de que se abrieran las recias puertas de madera que daban a la amplia estancia donde se encontraba Aben Humeya, Hernando percibio la esencia de algun perfume. El guardia que les acompanaba llamo y abrio las puertas, y un penetrante olor a almizcle se mezclo con el sonido de un
Los tres se quedaron inmoviles bajo el quicio de la puerta: Hernando con la vista clavada en la bailarina; el Gironcillo y Brahim miraban de hito en hito la estancia. Al final fue Aben Humeya quien, con una palmada, puso fin a musica y baile y los hizo entrar. Miguel de Rojas, padre de la primera esposa del rey y acaudalado morisco de Ugijar, varios de los principales de Ugijar y algunos jefes monfies como el Partal, el Seniz o el Gorri, fijaron su atencion en los dos hombres y el muchacho.
—?Que quereis? —pregunto directamente Aben Humeya.
—Este muchacho trae noticias de Juviles —contesto el Gironcillo con voz potente.
—Habla —le insto el rey.
Hernando casi no se atrevia a mirar al rey. La nueva seguridad en si mismo que habia sentido la noche anterior parecio abandonarle como por ensalmo. Empezo su relato, tartamudeando, hasta que Aben Humeya le sonrio abiertamente y ese gesto le dio confianza.
—?Asesinos! —grito el Partal tras escuchar el relato.
—?Matan a las mujeres y los ninos! —exclamo el Seniz.
—Os dije que debiamos hacernos fuertes en esta ciudad —salto Miguel de Rojas—. Debemos pelear y proteger a nuestras familias.
—?No! Aqui no podemos detener a las fuerzas del marques... —replico el Partal.
Sin embargo, Aben Humeya le ordeno que callase, tranquilizando con un gesto de su mano a los demas monfies que, ansiosos por atacar de nuevo, sostenian que debian abandonar la ciudad.
—Ya he dicho que de momento nos quedaremos en Ugijar —declaro el rey, ante el descontento de los monfies—. En cuanto a ti —anadio dirigiendose a Hernando—, te felicito por la valentia que has mostrado. ?A que te dedicas?
—Soy arriero... Llevo las mulas de mi padrastro —explico senalando a Brahim; Aben Humeya hizo gestos de reconocerle—, y cuido de vuestro botin.
—Tambien es un magnifico veterinario —tercio el Gironcillo.
El rey penso durante unos instantes antes de volver a hablar:
—?Cuidaras de los dineros de nuestro pueblo igual que has hecho con tu madre? —Hernando asintio—. En ese caso caminaras a mi lado con el oro.
