cristianos les prohibian lucir, un amuleto que protege del mal.
Hernando y su pequena comitiva tardaron toda la manana en recorrer las cerca de tres leguas que separaban Juviles de Ugijar, la poblacion cristiana mas importante de las Alpujarras que se hallaba en manos moriscas tras una salvaje matanza ordenada por Farax. Estaba enclavada en el valle del Nechite, algo alejada de las estribaciones de Sierra Nevada, por lo que su orografia no era tan fragosa como la de las Alpujarras altas; era un pueblo rico en vid y cereales, y poseia extensos pastos para el ganado. El ejercito de Aben Humeya se encontraba acampado cuando llegaron. Ugijar era un hervidero.
El rey de Granada se instalo en la casa que fuera de Pedro Lopez, escribano mayor de las Alpujarras. El edificio albergaba una de las tres torres defensivas con las que contaba la poblacion. Las torres estaban dispuestas en triangulo y gran parte del ejercito se hallaba diseminado por el interior. Hernando encontro a su recua de mulas frente a la torre de la colegiata; Ubaid vigilaba al overo de su padrastro. Si antes le habia temido, entonces se sintio con fuerzas para dirigirse a el.
—?Y Brahim? —pregunto al arriero.
Ubaid se encogio de hombros a la vez que clavaba su mirada en Fatima. Musa y Aquil trataron de acercarse a las mulas, todavia cargadas con el botin, pero unos soldados se lo impidieron. Ubaid ni siquiera aparto la mirada de Fatima cuando el pequeno Musa cayo a sus pies, debido al empujon con que los soldados le apartaron del botin. La muchacha, intimidada, se arrimo a Hernando.
—?Que miras? —le espeto este al arriero.
Ubaid volvio a encogerse de hombros, lanzo una ultima mirada lasciva hacia Fatima y ceso en su acoso. Hernando relajo la mano que instintivamente habia llevado a la empunadura del alfanje.
Tras preguntar a uno de los soldados por su padrastro, los condujo a todos a la casa de Pedro Lopez, el lugar donde le senalo el morisco. Encontraron a Brahim a las puertas de la casa, junto a jefes y multitud de monfies; Aben Humeya estaba en el interior, reunido con sus consejeros.
—?Que significa...? —exclamo su padrastro a la vista de Aisha y sus dos hijos, pero el Gironcillo, tambien presente, le interrumpio.
—?Bienvenido, muchacho! —celebro—. Creo que te necesitaremos. Tenemos bastantes animales heridos.
Al instante, el Gironcillo se explayo explicando a los demas monfies como habia curado Hernando a su alazan. Brahim espero furioso, conteniendo la rabia, a que el jefe monfi terminase de cantar las alabanzas de su hijastro.
—?Pero abandonaste la recua! —salto en el momento en que el Gironcillo puso fin a su discurso—. Ademas, ?por que has traido a mis hijos? Ya dije...
—No se si moriremos aqui o si a tus hijos les sucedera algo —le impidio continuar Aisha, alzando la voz para sorpresa de su esposo—, pero de momento, Hernando les ha salvado la vida.
— Los cristianos... —murmuro entonces el muchacho— han matado a centenares de ninos y mujeres a las puertas de la iglesia de Juviles.
Inmediatamente los monfies le rodearon y el les explico con pesar lo sucedido en Juviles.
—Vamos —indico el Gironcillo antes incluso de que terminase—, debes contarselo tu mismo a Ibn Umayya.
Los soldados que montaban guardia a las puertas de la casa les franquearon el acceso sin problemas. Hernando entro con el Gironcillo. Los guardias hicieron
