Hernando no logro ver los inmensos ojos negros almendrados de Fatima, pero si pudo percibir un brillo que parecia querer quebrar la oscuridad.
Esa noche murieron mas de mil mujeres con sus hijos en la plaza de la iglesia de Juviles. Aquellas que permanecian refugiadas en el interior del templo se salvaron al cerrar las puertas, pero la plaza amanecio sembrada de cadaveres de indefensas mujeres y ninos asesinados. Junto a algunos soldados cristianos muertos por sus companeros en la confusion, solo se encontro el cadaver de un morisco, que alguien reconocio como un vecino de Cadiar. El marques de Mondejar inicio una investigacion por el amotinamiento y ejecuto a tres soldados que, al amparo de la oscuridad, habian intentado forzar a una mujer, originando sus gritos y con ellos el desconcierto que desencadeno la matanza.
11
Tenia trece anos y era de Terque, de la taa de Marchena, en el levante alpujarreno. Eso explico Fatima a Hernando de camino a Ugijar. Y no, no sabia donde estaba su esposo. El padre de Humam se habia unido a los monfies que acudieron a luchar contra el marques de los Velez en el extremo oriental de las Alpujarras, y ella, como tantas otras mujeres moriscas, habia terminado en la plaza de Juviles.
—Te vi armado y me acerque a vosotros. Lo siento... No podia dejar que mi nino muriera a manos de los soldados... —musito Fatima. Sus ojos negros expresaban pesar, pero tambien una firme resolucion. Los dos caminaban delante de Aisha, que ni siquiera habia pronunciado palabra desde que se percatara de la confusion que habia tenido en el momento de escapar de la matanza. Los hermanastros de Hernando intentaban seguirles el paso quejandose constantemente.
Amanecia. El sol empezo a iluminar montanas y barrancos como si nada hubiera sucedido; el frio y la nieve producian tal sensacion de limpieza que la matanza de Juviles se aparecia como una macabra fantasia.
Pero habia sido real y el habia conseguido su proposito: salvar a su madre. Pero sus hermanastras... Y Hamid, ?que habria sido del alfaqui? Apreto el alfanje que llevaba al cinto y volvio la cabeza hacia Aisha: caminaba cabizbaja; antes la habia oido sollozar, ahora simplemente andaba tras ellos. Aprovecho tambien aquellos primeros rayos de sol para mirar de reojo a su acompanante: el pelo negro ensortijado le caia sobre los hombros. Era de tez oscura y facciones cinceladas; su cuerpo era el de las ninas que pasan por una maternidad prematura, y se movia con dignidad, a pesar del cansancio. Fatima se sintio observada y se volvio hacia el para mostrarle una leve sonrisa acompanada por el chispear de aquellos fantasticos y almendrados ojos negros que el descubrio justo entonces. Hernando noto una oleada de calor que le ascendia a las mejillas, y Humam rompio a llorar. Fatima arrullaba a su hijo sin dejar de andar.
—Detengamonos para que mame el nino —aconsejo Aisha por detras.
Fatima asintio y todos se alejaron del sendero.
—Lo siento, madre —dijo Hernando mientras Fatima se sentaba para amamantar a Humam con los dos ninos rodeandola, embobados. —Aisha no contesto—. Crei... Creia que era Raissa.
—Me has salvado la vida —le interrumpio entonces su madre—. A mi y a tus dos hermanos. —Aisha se abandono al llanto, atrajo a su hijo y le abrazo—. No tienes por que excusarte... —sollozo, aun abrazada a el—, pero entiende mi dolor por tus hermanas. Gracias...
Fatima observaba la escena con semblante serio. Humam mamaba con fruicion. Sobre el pecho descubierto de la muchacha, Hernando pudo observar entonces una joya de oro que colgaba de su cuello: la
